Mariscada - Marián Muñoz




¡Culos, sí culos! Con culos se despertó el jueves medio país, aparecían en la pantalla del televisor, del móvil y de la tablet. Nadie supo decir de quien eran ni donde estaban, un video cortito aparentemente grabado con un móvil sin sonido, se veían cuatro culos, tres de hombre ya maduros y uno de mujer. Los canales de televisión y las radios encargaron a sus mejores profesionales investigar su procedencia, intento fallido, ni siquiera el equipo de investigación de la sexta o los de maldita, lo único averiguado que fue bajado de la nube, tal vez por un hacker ávido de gastar una gran broma guarra.

Ningún implicado se dio por aludido, tal vez tuvieron suerte de no verse ya que fue motivo de chanzas y debates sesudos en muchos programas. En las imágenes se ve un plano abierto de cuatro personas en hilera bajándose los pantalones mientras una anciana asustada abre un paraguas ocultándose tras él por tan indecorosa escena. A continuación el objetivo mediante zoom se acerca a uno de ellos, lo que de lejos parecía una gran seta se aprecia con nitidez un buen pegote de caca manchando la nalga y el calzoncillo de su propietario. El siguiente culo muy peludo discurre de pasada. El tercero también de hombre, algo más fino o terso que el resto se ve un pequeño churrito oscuro que aparece entre las nalgas, sin duda mierda, caca o heces, o como quieran llamarlo. La situación es peculiar, tras mostrarnos dichas imágenes todos se agachan y el video se distorsiona y termina.

Dos semanas han pasado ya de la publicación, dos semanas de hipotéticas respuestas y prolíficos debates sobre si reconoceríamos a nuestra familia o amigos mirándoles el culo, en fin, menos mal que cayó en olvidó y ahora sí puedo contarte con pelos y señales lo que realmente ocurrió porque sencillamente fui el provocador de la escena y su grabación.

Me lo había advertido mi mujer ¡tu treta no dará resultado! pero tenía que intentarlo.

El negocio de hostelería iba muy bien gracias a los consejos de mi hija, desplazada en Copenhague mientras hacía su doctorado, renové la barra, las mesas mucho más modernas y unas lámparas chic que me costaron un pastón pero que consumían muy poco. A la gente les gustó el local, la decoración y los platos que servíamos, se hizo trending topic y había colas para sentarse. Tuve que contratar más personal y el esfuerzo económico empezó a surtir efecto. Las letras de los muebles y la vajilla así como el nuevo chef resultaban caros pero si continuábamos así en un par de años pagaríamos todo y comenzaríamos a ganar dinero. Mientras tanto gracias al esfuerzo de mi mujer trabajando en una empresa de limpiezas pudimos salir adelante en casa.

¡Y se cruzó la pandemia! nos obligaron a bajar la persiana, nos dieron el caramelito de cocinar para llevar y todo desde la puerta, sin entrar para nada al local, en el exterior apenas tenía espacio para un par de mesas, desgraciadamente los ingresos dejaron de entrar y tuve que enviar al paro al personal. Yo solito tuve que hacer de cocinero, camarero, de limpiador e incluso algunas veces de repartidor de comida, hasta que un día cerré por saturación, por el agobio de mis deudas y un futuro incierto del que nadie se quería hacer cargo pero al que me obligaban. Las letras seguían llegando y con los ingresos de mi mujer no podíamos pagarlas, estaba desesperado y se me ocurrió un plan.

La idea no era tan mala, habíamos dejado el confinamiento atrás y mis compañeros y yo abríamos tímidamente con la esperanza de que el sacrificio hubiera valido la pena y empezar con ganas una nueva etapa, con todas las precauciones aconsejadas pero intentarlo al menos. Más los políticos no se aclaraban y lo que un día nos permitían al otro no, un caos total y empufado como estaba decidí pedir un crédito para pagar mis deudas, empezar de cero y poco a poco retomar la actividad. Al director del banco le conocía desde hace tiempo y al resto de la plantilla de saludarles cuando venían a desayunar al local. Le hice una visita concertada, rellené los papeles para solicitar el préstamo y además, haciendo gala de buena voluntad invité a marisco a toda la plantilla. Estaba gastando mis últimos cartuchos pensando que era una buena manera de ganarme su aprobación y por supuesto el crédito solicitado. Ni que decir que se pusieron morados tanto por el morapio como por los crustáceos, la mariscada me salió cara pero el objetivo lo creía asegurado.

Llegó el día de acudir al banco para recibir el dinero, el director me llamó a su despacho y tras cerrar la puerta y un montón de palabras vacías me informó que rechazaban mi solicitud. No podía comprender sus motivos, que si no era un negocio solvente debido a la pandemia, que si los ingresos del último año eran irregulares, que si apenas tenía espacio para terraza y tardaría en abrir el interior, en fin que se me cruzaron los cables y empezamos a gritar. En su ayuda llegó el subdirector de la sucursal y el comercial, entre los tres me empujaban hacia la salida y yo intentando quedarme para que me dieran mi crédito. Menos mal que en aquel momento en la oficina sólo había una anciana y una chica joven, me miraban como si estuviera loco, ¡sí, lo estaba! pero ya casi en la puerta consigo calmarme, me suelto de ellos con un gesto de disculpa y cuando la situación ya se había tranquilizado al coger mi pañuelo del bolso y secarme el sudor de la frente noto que tengo la pistola con la que había estado jugando con mi hijo antes de ir al colegio.

La saco y entonces cambiaron las tornas. A sus rostros les faltó el color, haciéndome dueño de la situación les conminé a ir hacia la caja, a los tres, ordené a la cajera ponerse al lado de ellos y apuntándoles con el arma pedí que se bajaran los pantalones y cagaran todo el marisco comido que me habían robado. Juro que no era yo, que no sé qué me pasó por la cabeza pero estaba tan cabreado que lo dije. Se miraban unos a otros asustados, aprovechando mi posición de fuerza le pedí a la chica joven que cogiera el móvil y los grabara. Volví a apuntarles conminándoles a bajarse los pantalones diciendo: ¡De mí no se ríe nadie! Y lo hicieron, ¡vaya si lo hicieron! me asusté cuando la señora mayor abrió el paraguas dicen que trae mal fario, pero me daba igual. Los tenía de frente y no veía sus nalgas, pero solamente viendo la cara de la muchacha valió la pena. Volví a gritarles que cagaran y tan nervioso estaba que le di al gatillo del arma, encendiéndose las luces y el sonido de la pistola de juguete, del susto se agacharon aún más pero rápidamente se repusieron al ver que no era de verdad.

En unos segundos la situación se me fue de las manos, la cajera que llevaba rato apretando el móvil la vi llamando al 112, de un manotazo lo tiré al suelo y les grité ¡ni policía, ni seguridad, ni hostias! aquello lo íbamos a resolver entre los cuatro, comuniqué haberles grabado mientras estaban pedo en mi local, contando cómo el director se tiraba a la cajera a espaldas de su esposa, cómo el más mayor tenía relaciones con el hijo menor de edad del dueño de la gasolinera cada vez que iba a repostar, cómo el subdirector birlaba dinero de caja y por eso las cuentas nunca cuadraban, no por un error informático. Ese sí fue mi momento de gloria, la falta de color en sus caras indicó que acerté de lleno y exigí mi crédito.

Una vez concedido cogí el móvil a la chica y borré la grabación sin verla, lástima que ya la había enviado a la nube aunque no volvió a acordarse de lo sucedido, es sabido que estos chicos de ahora tienen memoria de pez. La pandemia parece que está dando algo de tregua y tengo a todo el personal trabajando fuerte para poder recuperarnos, el crédito lo estoy pagando en cuotas más bajas de lo esperado pero yo cumplo siempre que me dejen.

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El cambio necesita otra educación - Marga Pérez






Con un gran cartel “Políticos, iros a tomar conciencia” Juan García fue recibido en el Centro de Sensibilización y Reeducación Política que le correspondía. Sabía dónde estaban situados los radares fijos , fue lo primero que le enseñaron al salir elegido y poner los pies en el Congreso, pero alguno de los móviles le había jugado una mala pasada.

Los radares se convirtieron, después de años y legislaturas conflictivas, en los dispositivos tecnológicos más efectivos para determinar la buena voluntad de los políticos, su actitud frente al contrario, su capacidad para resolver problemas... Tomaban nota de todo lo que decían para, a través de un sofisticado proceso psico-informático, detectar al político que no estuviera mentalizado de lo que implicaba ser un servidor público. Si era así se le daba la oportunidad de ser reeducado. Todos sabían que había llegado el momento de trabajar por y para el pueblo, de desterrar el quítate tu para ponerme yo, de dejar a un lado los intereses personales y de partido… la sociedad así se lo demandaba. El pueblo no estaba dispuesto a seguir manteniendo a políticos ineptos, corruptos y sinvergüenzas. Esa época estaba más que superada.

Sólo tenían tres oportunidades, si el radar captaba expresiones que impedían el acuerdo, favorecían bloqueos o enmarañaban los avances, el político era carne de reeducación. Los que reincidían tres veces tenía que dedicarse a otra cosa, estaba claro, la política no era para ellos.

Juan García era la primera vez que acudía a un centro de estas características. Sabía lo que implicaba no superarlo y estaba , más que nervioso, expectante . Entró a una habitación a oscuras. Pequeñas luces en el suelo le indicaban el camino a seguir hasta llegar a una especie de cubo con luz propia. Cuando se sentó en el , quedó totalmente a oscuras, las luces desaparecieron. El cubo era de un material que le permitía hundirse de tal manera que quedaba recostado sobre un molde de su propio cuerpo, con la cabeza apoyada , las piernas estiradas y los pies sobre otro cubo más pequeño que, enseguida, adoptó la forma de sus pies. Estaba en la gloria. Podían contarle todo lo que quisieran porque en esa posición podría estar toda la vida…. La habitación en la que se encontraba era grande, de techos muy altos y paredes blancas. La vio cuando, desde algún sitio, proyectaron un inmenso cielo azul que llenaba todo el espacio de luz mañanera. Juan García se vio en medio del cielo sintiendo el calor solar que le acariciaba. No se oía nada. Pasaban nubes… A lo lejos algo se iba acercando. Empezaba a oír graznidos lejanos que crecían poco a poco. Eran gansos volando en formación de V… “Los científicos han descubierto por qué los gansos vuelan juntos formando esa V, todo el grupo aumenta, al menos un 70% su poder de vuelo, en comparación a si lo hiciera un ganso solo. Los gansos que van detrás producen un sonido para estimular a los que van delante para mantener la velocidad, les van dando ánimos, porque el esfuerzo del que va en la punta siempre es mayor. Cuando el líder se cansa, uno de los de atrás toma su lugar”

Entre graznidos destemplados, Juan García escuchaba la explicación y veía cómo, una y otra vez, los gansos se iban turnando en el vértice de la V y cómo los demás gritaban animando a su compañero mientras recorrían kilómetros y kilómetros en busca de tierras más cálidas y alimento. Más de una hora estuvo observando ese peculiar vuelo… SIN COLABORACIÓN NO HAY FUTURO, con esta frase se fueron perdiendo en el horizonte y los graznidos desaparecieron. La sala volvió a quedar a oscuras y enseguida otra proyección introdujo a Juan García en otro ambiente bien distinto. Agua por todas partes. Al desaparecer el sol la temperatura de la sala también bajó y, no sabía por qué, pero sentía una mayor humedad en el ambiente. Un banco inmenso de peces irrumpió lleno de movimientos sincronizados. Una voz en of explicaba cómo los peces se unían para protegerse de los depredadores y ahorrar energía al recorrer largas distancias. Al moverse de forma sincronizada iban más rápido, gastaban menos energía y necesitaban menos alimento. Su supervivencia aumentaba al agruparse. Más del 25% de las especies de peces se organizaban en bancos… Juan García estaba absorto viendo los bruscos movimientos que realizaban todos a la vez, sin chocarse, sin perder el ritmo, hacia arriba, hacia abajo, juntándose, separándose… Era como un baile sin nadie que dirigiese, todos actuaban, sabían qué hacer … Estaba entrando en un estado casi hipnótico cuando el banco desapareció dejando el mismo mensaje: SIN COLABORACIÓN NO HAY FUTURO

Sin pasar por la pausa de la oscuridad se proyectó un paisaje polar, blanco, frío, inhóspito. El viento helador del invierno antártico levantaba polvo de nieve alrededor suyo. La temperatura de la sala también bajó. Juan García sintió cómo un aire frío subía desde los pies hasta su rostro, se respingó. Entre tanto polvo de nieve revoloteando entre hielo empezó a distinguir una masa oscura. Una inmensa masa oscura en continuo movimiento. Eran pingüinos emperadores. Machos incubando un huevo entre sus patas, dándose calor para no morir a menos de 50 º bajo cero, a la intemperie, y con vientos de más de doscientos kilómetros hora dando sobre sus cuerpos. Miles de pingüinos que formaban una inmensa melé en continuo movimiento buscando el calor de todos ellos. El movimiento era rotativo, todos pasaban por los mejores y los peores puestos. El viento polar, el frío, era el problema que les llevaba a actuar así… Después de más de media hora observando a los pingüinos moviéndose entre viento polar, Juan García daría algo por tener a su lado a otros como él que pudiesen darle calor. Estaba helado. Los dientes le castañeteaban... De forma brusca la sala se quedó en silencio, todo se apagó, estaba a oscuras… Juan García esperaba que sucediera algo pero, pasaban los minutos y, no sucedía nada.

- Eh, ¿qué pasa? ¿Hay alguien? - Dijo perplejo

Varias voces contestaron casi a la vez

-Si, estoy aquí.

Cinco personas, como el, estaban haciendo el curso de reeducación. No se habían visto, no se conocían y no sabían qué era lo que estaba pasando, qué hacían allí a oscuras y muertos de frío.

Juan García se levantó y, a gatas, se dirigió hacia la voz que oía más cerca. Los demás hicieron lo mismo y enseguida estuvieron todos sentados en el suelo tratando de entender la situación. Gritaron pidiendo ayuda. Buscaron interruptores de luz, puertas, ventanas. Nada. Estaban en un cajón hermético y nadie les oía. Ellos eran su única ayuda.

Les llevó más de seis horas cambiar su actitud y, juntos, encontrar la salida. Confiar en personas que no conocían de ante mano fue el mayor escollo que tuvieron salvar para que el equipo funcionase, pero lo consiguieron y encontraron la forma de salir de aquel agujero. Fuera, ya sabiendo que eso formaba parte del curso que estaban realizando, se presentaron, todos eran políticos, ninguno del mismo partido y, dos de ellos, enemigos declarados. Antes de separarse tomaron unas cervezas, querían conocerse, seguir juntos. Habían roto la barrera que los distanciaba y ya nada impedía su cercanía. Juan García les confesó entre risas que de buena gana hubiera hecho con ellos lo mismo que hacían los pingüinos, otro reconoció que había visto los cielos abiertos cuando se dio cuenta de que no estaba solo...

Se despidieron felices y confiados en el mañana, tenían claro qué era lo que sentían en ese momento . No lo iban a olvidar.


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Hijos de puta - Marga Pérez

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Sólo los muertos son gente de fiar, decía mi abuela mientras yo la miraba ojiplática ¿Cómo un muerto puede ser alguien de fiar si está muerto? - pensaba- Ahora lo entiendo, si, si, y pienso lo mismo que ella...

Hace unos días me llamó por teléfono una mujer. Me llamó por mi nombre y sabía también mis apellidos. Sabía muchas cosas de mi… Que era madre soltera, que mi hijo estaba entrando en la adolescencia, que hacía varios meses que estaba en paro, que la empresa en la que trabajaba había cerrado como consecuencia de la pandemia, que me quedé en la calle, sin indemnización, con deudas… sabía que estaba desesperada.

-¿Qué quiere de mi?- Le dije.

- No quiero nada, soy yo la que quiero hacer algo por usted…

- No entiendo…

- Es muy sencillo. Estoy enferma, en fase terminal… Me muero y no tengo a nadie a quien dejar mis bienes…

- No sabe cuanto lo siento...y yo ¿qué pinto en ésto?

- Quiero hacerle una donación. Dejarle a usted mi dinero.

-¿A mi? No entiendo por qué, no me conoce de nada…

- Usted me recuerda a mi misma. Hubo una época de mi vida en la que lo pasé muy mal. Ya mayor, tuve la suerte de conocer al que luego fuera mi marido y mi suerte cambió… Murió hace dos años y quedé sola, cargada de dinero y muy enferma… el cáncer, ya entonces, sabíamos que no tenía solución.

- No me estará tomando el pelo ¿verdad? - Le dije, sintiendo que estas cosas podían ser reales y que también podían pasarme a mi.

- No, claro que no. Cuando miras a la muerte a los ojos se te quitan las ganas de tomar el pelo a alguien que lo está pasando mal… No tendría perdón de Dios… Creo que puedo ir al infierno y no me seduce la idea… ¿Sabe? Soy creyente, como usted, fue lo que me convenció de que era la apropiada … No sé si le dije que quiero que usted reparta parte de mis bienes, unos 300.000€, entre personas necesitadas… Lo demás, unos 800.000€ serán suyos.

- ¡Claro! No hay problema…

- Estuve más de un año buscándola y ahora sé que es usted la indicada, que no me equivoco al ofrecérselo…

- Gracias, gracias – Le interrumpo ya convencida- haré las cosas lo mejor que sé, puede confiar en mi, se lo aseguro.

- No podemos perder el tiempo, no me queda mucho... me temo que si no dejo arreglada la donación el estado se quedará con todo. Mi abogado espera su llamada para formalizar el papeleo, le paso por was el número, el le indicará todo lo que desee saber. Yo ya puedo descansar en paz, gracias Atípica, ha sido un placer encontrarte a tiempo, disfruta mucho.

- No hay de qué, señora, la agradecida soy yo, se lo aseguro. Siento que no nos podamos conocer mejor… bueno… descanse... gracias, gracias... muchas gracias- Menuda película que montamos -


Sentí de golpe un gran alivio. Dejaba de tener sobre mi cabeza la espada de Damocles que me acompaña desde que decidí seguir yo sola con el embarazo. Sentí la tranquilidad de saber que cuento con mucho más de lo que necesito, la generosidad de quien nada en la abundancia, la paz de sentirme por fin protegida, la felicidad de la siempre metepatas que, no sabe cómo, pero tiene un golpe de suerte y gana…

Tenía previsto llamar al abogado nada más colgar pero, de sopetón, me puse a soñar. Si, soñar con lo que haría con esa burrada de dinero... Vi la casa de mis sueños... el negocio que nunca pude montar... los estudios que haría mi hijo... la ropa, los viajes, los amigos que tendría… Pero sobre todo vi el cuadro que me había dejado mi abuela en herencia, lo único de valor que ella tenía entre trastos y muebles apolillados en la casa del pueblo y que tuve que empeñar, hace ahora seis meses, para poder seguir pagando los recibos. Estaba tasado en más de treinta mil euros pero sólo me dieron diez mil… Gracias a el vivíamos. No lograba perdonarme. ¡Podría desempeñarlo! Deshacerme de él fue como perder a mi abuela. Ahora volverían a estar con nosotros. No voy a negarlo, estaba como unas castañuelas.

En ese estado de euforia llamé al teléfono que me había pasado y quedé con el abogado en estudiar los documentos que me mandaría por email.

Sobre la marcha llegaron DNIs, de la donante, del abogado, del bufete… todo parecía claro y legal. El tenía prisa en que le mandase mi DNI, la donante estaba muy mal. Yo también tenía motivos para darme prisa, así que lo envié...Cuando me pidió 500€ para acelerar los trámites legales y poder disponer cuanto antes del dinero, me pareció una bagatela, en breve tendría más de un millón... hice la transferencia sin dudarlo y éso que era lo último que nos quedaba del cuadro… … … … … … ...


Cuando era pequeña y no quería ir al cole, recuerdo que le decía a mi madre : ¿Por qué me despiertas si todavía no he soñado? Despertar a la realidad de haber sido engañada, me he aprovechado de ti y me importas un carajo, no compensa, os lo aseguro, aunque hayan avivado nuestros mejores sueños. Hay mucho hijo de puta… Pues éso, que sólo con los muertos.



 

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Quítate tú pa ponerme yo - Marian Muñoz

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La tarde estaba resultando entretenida pese al mutismo de Sonia, había elegido la Universidad Laboral de Gijón para pasear y contarle un poco la historia del monumento, notaba en sus ojos haber despertado interés y parecía que empezaban a conectar. Era su cuarta tarde y Raúl atisbaba respuestas en sus gestos y en su postura al caminar, lo sentía, eran como cualquier par de amigos compartiendo un rato de sábado aunque ella no articulase palabra. Se le ocurrió subir a la torre y ver la ciudad desde su mirador, a esa altura los problemas siempre parecen más pequeños y se relativizan, quizás ayudara a la muchacha.

Al salir al mirador el viento remolineaba su melena alrededor de la cabeza sin perturbarle la visión, miraba fijamente a un punto como si en lontananza algo hubiera llamado su atención. Raúl se giró un momento para indicarle el Jardín Botánico cuando por el rabillo del ojo sintió como Sonia se subía al muro, se sentaba con las piernas colgando hacia el vacío y miró los 130 metros que la separaban del suelo. Le dio un vuelco al corazón y a pesar de sus prácticas veraniegas en una ONG y las clases de la facultad, nunca se había enfrentado a un suicida, no sabía cómo abordarla para que bajara y no ocurriera una desgracia.

La idea había partido del doctor Reverte, psicólogo de la Residencia Madre Tierra para personas con problemas psicológicos, el muchacho había sido su paciente durante cinco años y tras superarlos había encarrilado su vida hacia la medicina, en concreto quería ser psicólogo y ayudar a otras personas como hicieron con él. Aunque su tratamiento había terminado se veían una vez al mes como una charla entre amigos, mientras él le pedía consejo el doctor aprendía los resortes que su paciente utilizaba para superar su enfermedad.

Sonia había llegado en muy mal estado, no hablaba ni se comunicaba con nadie, estaba siempre ausente a pesar de no tomar medicación. La terapia no funcionaba como estaba previsto y viendo al chico tan maduro y tan decidido en ayudar le sugirió pasar una tarde con ella. Primero por los jardines del centro y según su respuesta por lugares cercanos que no tuvieran ocasión de peligro.

Raúl nervioso empezó a hablar a trompicones, se trababa pero aún así seguía hablando para que le mirara, para intentar que le agarrara la mano y bajara, para que depusiese su actitud y retomaran la tranquila tarde que estaban disfrutando hacía apenas cinco segundos, porque ese fue el lapso en que todo cambió. Empezó a cantar y atrajo su atención, no lo hacía mal aunque su voz salía en un hilo muy fino. Cuanto más se concentraba ella en la canción él recuperaba fuerzas, logrando que cantaran juntos y acercándole la mano le pidió cantando que bajara.

Se giró lentamente y se sentó mirando hacia él, ese sólo movimiento puso en alerta al chico a la vez que le relajó, siguió hablando animándola a bajar y escenificando una nueva canción recuperó nuevamente su interés. No sabía que pasaba por su mente pero sin duda el cantar lograba desconectarla de su yo interno devolviéndola al instante que estaban viviendo. El pelo seguía golpeando la cara de Sonia que con un pequeño gesto lo apartó, gesto que aprovecho él para agarrarla y tirando de ella cayeron al suelo del mirador abrazados. El momento lejos de ser tenso logró calmarles, se pusieron de pie y con el susto aún en el cuerpo bajaron en el ascensor hasta el patio de la Universidad, donde sentados en un escalón ella empezó a hablar. Primero con voz tenue y débil que iba tomando potencia según continuaba hablando.

-Quiero acabar con todo, no puedo vivir así, es mejor que me vaya y todos dejarán de sufrir por mí.

-¿Crees que porque te hayas ido no sufrirán, no les dolerá tu recuerdo y se sentirán culpables de tu ida? Estas muy equivocada a los que importas sufrirán mientras vivan por no haber podido ayudarte y sobre todo por no saber cual era tu problema.

-Todo el mundo decía que era afortunada, que era maravillosa mi situación, que todos daban cualquier cosa por estar en mi lugar, pero nadie, nadie sabía lo que me pasaba y a nadie le importaba a pesar de que lo estaban viendo día a día, me quejaba pero cómo me iban a creer, yo siempre era la mala.

-Vale, te escucho, yo si te creo pero si no me cuentas no te puedo ayudar.

-Nadie me puede ayudar, ya no, es muy tarde.

-Mira, si pones palabras a tu dolor éste será más leve y quizás puedas seguir viviendo y hasta superar lo que sea que te pase.

-Vale, tú lo has querido, te lo voy a contar, pero por favor no me interrumpas porque me duele sólo de pensar en ello.

-Claro ¿qué te parece si vamos a la cafetería para estar más cómodos?

-No, lo que tengo que contar no es cómodo y prefiero estar aquí, alejados de todos.

-Bien como tú digas.

-El primer recuerdo que tengo es de los siete años, cuando íbamos a hacer la Primera Comunión, hasta ese momento creo que era feliz, una niña normal con una amiga especial que era mi hermana gemela. Todo lo hacíamos juntas, dormir en la misma habitación, vestir la misma ropa, ir a la misma clase y tener las mismas amigas. No recuerdo si era genial pero era lo que había. Aquel día nos habíamos preparado a conciencia, aprendimos bien el catecismo, bueno, yo sí ella no tanto, el vestido era el mismo para las dos, como en casa teníamos una etapa difícil económicamente comulgó un día antes que yo, y ahí empezó todo porque rompió el vestido. Mi madre intentó remendarlo y que no se notara pero al no ser modista el zurcido era muy basto y todos se fijaron en mi traje.

Después de aquello empezó a meterse conmigo en casa, a romper mis cosas y al responderle siempre me pillaban, se hacía la mártir y yo era la mala. Así fue con mi ropa, mis libros, cuando salíamos con amigas siempre me quitaba mi asiento diciendo “Quítate tú para ponerme yo” y me tiraba al suelo riéndose todas. En clase otro tanto de lo mismo, se hacía pasar por mí para recoger los exámenes con buena nota o salía al encerado cuando me llamaban y al no saberse la lección me ponían a mí el negativo. Intenté separarme de ella haciendo nuevas amistades pero como éramos iguales lograba enemistarme con todas. Fuera donde fuese o estuviera donde estuviese siempre intentando hacerme daño, siempre dejándome mal hasta convertirse en una pesadilla.

Cada vez que me quejaba a mis padres, a mis tíos o a mis profesores me soltaban aquello de que no debía ser egoísta y tener una hermana gemela era algo especial y maravilloso aunque no me diera cuenta en ese momento. Nadie me apoyaba, nadie me escuchaba y nadie podía consolarme porque realmente no sabían si me lo hacían a mi o a ella. Un día comencé a urdir un plan por ver si obtenía algún resultado, dejaría de quejarme y molestarme por sus ataques, dejaría de estudiar para descolgarme un curso y separarme de ella, dejé de salir con amigas e hice deporte algo que ella aborrecía porque no le gustaba sudar, y me callé, de mi boca no saldría una palabra sobre ella ya que si no me hacían caso de que valdría. Como gemelas que éramos teníamos casi los mismos pensamientos, las mismas respuestas y los mismos apetitos pero al comenzar con el deporte empezamos a distanciarnos y así no podía intuir lo que estaba tramando.

Llegó el final de curso y nos dieron las notas, ella pasaba de clase y yo no, no se lo esperaba y al despedirnos hasta septiembre en el mismo patio del colegio me dio una paliza que fue grabada por alumnos y difundida en redes sociales. Tuve que ser hospitalizada por las graves heridas y al ver los videos en televisión, todos se dieron cuenta que no era una quejica sino que era cierto lo que contaba. Estuve un mes hospitalizada mientras hacía rehabilitación y así estar separadas, mis padres se lamentaban pero no sabían cómo tratarnos y la fiscalía de menores lo dejó como una pelea entre hermanas, nada importante. A partir de ese momento les dejé de hablar, sólo para lo imprescindible, total para que valían mis palabras si no les importaban.

Al curso siguiente ella no aprobaba y yo sacaba notazas, la reñían continuamente y eso la tenía muy alterada. Un día en clase fuimos de excursión a la nieve, para no perdernos la profesora nos había emparejado, en mi caso con Ramón, un tío majete que me gustaba aunque nadie lo sabía. Estábamos en la cola para subir en el telesilla hasta la cima y escuchar una charla en la cafetería de arriba, ya sentados y deseando tener un rato a solas con él, apareció mi hermana no sé de dónde y diciendo “quítate tú para ponerme yo” echó abajo a Ramón. Empezó a moverse el asiento y bajamos la barrera, sonreía perversamente no paraba de hablar de no sé qué porque ni la escuchaba, mi mente estaba en ebullición, cuando llegamos arriba apenas quedaba medio metro para bajarnos, la muy imbécil subió la barrera antes de tiempo y sin pensarlo, le dije “quítate tú para ponerme yo” y de un culazo la tiré al suelo, cayó en la nieve y como el terreno tenía bastante pendiente fue resbalando ladera abajo hasta chocar con una roca, partiéndose la cabeza y algo más.

Te puedes imaginar la escena, yo llorando y gritando, todos pidiendo auxilio y mi hermana muerta unos metros más abajo. Nadie vio la escena pues los de atrás estaban extasiados mirando el paisaje y los de arriba cuidando de los que habían llegado. Hubo investigación, me interrogaron y si antes ya era muda me quedé aún más. Desde entonces no sólo me siento culpable en solitario sino que la echo en falta, no sé vivir sin ella, sin su maldad pero con su compañía.

¿Crees que merezco vivir habiendo matado a mi mitad?



Raúl anonadado por la historia de Sonia no acertaba a pensar con claridad, no le salía ni una palabra de consuelo ni de empatía, un nudo en su garganta le dificultaba la respiración. Finalmente después de toser tres veces, respondió.

-No se lo cuentes a nadie, yo te ayudaré, no sé cómo pero lo haré y podrás liberarte de tu hermana algún día, pero lo primero es que hables y expreses tu dolor sin contar lo del empujón porque eso tendría graves consecuencias para ti y muy a mi pesar he de reconocer que ella te provocó.

Volvieron caminando lentamente cogidos de la mano, él siguió visitando al doctor Reverte y Sonia inició una débil mejoría con sus terapias. Raúl acabó su carrera y se especializó en psicología gemelar hasta que llegó la pandemia, la cual ha trastocado los planes de todo el mun

 

 

 

 

 

 

 

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Alfombra roja- Esperanza Tirado

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Desfilar por una alfombra roja tras meses de sequía de estrenos era toda una experiencia que había que vivir, una vez en la vida al menos. Elegir estilista para el vestido, peluquero y maquillador para lucir espectacular, complementos especiales, joyas de ensueño… Y hacer dieta tres semanas antes para caber en el modelazo. Ese era su sueño.

La película en la que participaba era una historia que no tenía ni pies ni cabeza, más que en la mente de su autor, que disfrutó y sufrió a partes iguales en el rodaje. Su idea, su historia, su dinero. Su gran sueño en imágenes.

Las discusiones con el director eran la escena más esperada de cada sesión. Mientras tanto, los técnicos fumaban, hacían sudokus o dormían la resaca de la noche anterior para pasar el rato hasta el siguiente cabreo. Los actores principales, estrellas de postín, se encerraban en sus roulottes de lujo y bebían champán rosa a espuertas mientras les daban masajes, algunos se rumoreaba que con final feliz. Y los secundarios compartían bocatas y cervezas de lata en un descampado a la sombra del set.

Ella disfrutó como nunca de la experiencia y del ambiente, cabreos incluidos. Soñando con cambiarse el nombre. Rita, Greta, Ava, Bette, Audrey… todos sonaban mejor que Eduarda López, su nombre real, que posiblemente saliera en letras diminutas en los títulos de crédito.

Una vez terminada, la película se guardó en el cajón de los rodajes olvidados y nunca más se supo. Ni siquiera conservaba el teléfono del director o de los actores protagonistas. Claro, ella era una secundaria que a saber en qué escenas saldría; o no, dependiendo de dónde hubiera caído la tijera del Gran Señor Productor, autor de aquello. Que para eso el dinero era todo suyo. Caprichos de rico en tiempos raros.

Aún así, ella no desperdició su ocasión. En cuanto abrieron los cines tras el periodo obligatorio que a todos nos pareció una vida entera, escogió en la cartelera del periódico. Y se vistió como para ir a los Oscars con sus mejores galas. Y se presentó en los cines del centro comercial de su barrio.

Menudo cuadro, debieron pensar los que iban al Carrefour a llenar los carros con el sueldo del mes ese fin de semana. Todos pasaron una tarde la mar de entretenida gracias a su idea.

Y es que la que siente que es una estrella lo es para siempre y en cualquier ocasión, por mundana que sea. A pesar de las circunstancias y aunque sólo salgas en un lejano segundo plano. El primer escalón siempre es el más complicado y alto de subir. Hasta las divas de Hollywood tuvieron su primera vez.

Qué bien olían las palomitas, qué ganas de una súper CocaCola de medio litro... Lástima de capricho imposible con semejante vestidazo ajustado. Le hubiera reventado las costuras y el diseñador le hubiera cobrado un pico.

Ya se desquitaría en casa con una tarde de sofá, manta, pijama y peli. La comodidad del hogar siempre es mejor opción.

Pero está claro que por ser una diva y pisar una alfombra roja hay que pagar un alto precio. Los vídeos grabados con ella como protagonista exclusiva aquella tarde de cine y compras se hicieron virales. Y tuvo sus quince minutos de gloria en los medios.

Mientras se contemplaba por enésima vez en uno de ellos, elegantísima en su opinión, a la memoria de los enormes ojos de la mismísima Bette Davis puso por testigo; jurando que volvería a hacerlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Buscándome la vida - Gloria Losada

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Lo perdí casi todo al mismo tiempo. Un día me despidieron en el trabajo por reestructuración de plantilla y al siguiente me dejó mi novio con la típica excusa del no eres tú soy yo. Me pasé unos cuantos días metida en casa llorando, no tanto por el trabajo como por haber perdido al amor de mi vida. Tenía un año de paro, así que decidí dedicarme a llorar y lamerme las heridas y una vez que se me pasara el disgusto ya me pondría a buscar ocupaciones. Pero mi novio era difícil de olvidar, el paro se iba agotando y yo no tenía ganas de peregrinar por las empresas. A lo mejor podía hacerme famosa por la web, abrir un canal de You Tube o una página de Instagram, conseguir tropecientos mil seguidores y que me empezaran a pagar por ello. La idea era estupenda, pero el problema estaba en qué hacer, qué decir, qué habilidades mostrar. Las posibilidades eran todas y ninguna, podía arriesgarme a hacer el imbécil, diciendo por ejemplo que era vegana y mostrando mi comida, aunque fuera mentira, podía hacer punto de cruz, macramé, maquillaje... lo intenté, pero nada dio resultado. En mi desesperación una noche compré un botella de vino y mientras bebía me grabé a mi misma poniendo a parir a mi novio. Le llamé de todo menos bonito. Subí el vídeo a mi canal de You Tube. A la mañana siguiente estaba arrepentida, pero cambié de opinión cuando vi las visitas y los seguidores. Y nada, pues que a eso me dedico, a poner a parir a mi ex desde hace más de un año y ya vivo de ello. Algunas cosas me las invento, bueno a estas alturas casi todo, pero ya estoy pensando en comprarme un piso. No es una forma muy ortodoxa de buscarse la vida pero... es lo que hay.

 

 

 

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¿Vd. qué haría? -Marian Muñoz


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Uuuuh, uuuuh, Con el ulular del búho comenzamos una madrugada más nuestro programa. Queridos radioyentes noctámbulos, funámbulos y los sonámbulos que despierten para compartir con nosotros este rato hasta el alba. Mi nombre es Electra e intentaré que vuestros sueños se dirijan hacia una zona común y no echéis de menos la cama o la seguridad nocturna de vuestro lecho.

Hoy os voy a leer el correo electrónico enviado por una nueva amiga que recaba nuestra opinión. Como siempre al final de la lectura daré los teléfonos para que a través de vuestros SMS o whatsaps la podamos ayudar, ya sabéis que podéis hacernos vuestras consultas a electraysusnoctambulos@gmail.com y sin más preámbulos os narro su historia:

Mi querida Electra y sus noctámbulos, me llamo Eliane y estoy casada con Raúl, los dos somos urbanitas natos puesto que nacimos, crecimos, nos formamos, nos casamos y trabajábamos en una ciudad populosa, éramos una pareja normal, de vez en cuando íbamos al cine, a un restaurante fino o un finde de balneario. Él era ejecutivo en una compañía de transporte de pasajeros y yo alternaba mis tareas en casa con media jornada de cajera en el súper de una multinacional, todo nos iba bien incluso comenzamos a pensar en aumentar la familia, pero esta puta pandemia (perdón por la expresión) cuando no te mata te deja en la calle con un futuro incierto.

Eso fue lo que nos pasó, la empresa de Raúl tras muchos problemas y contratiempos terminó cerrando y enviando a sus empleados al paro, al mismo tiempo mi jefe me solicitó doblar la jornada pues la clientela había aumentando tanto que no daban abasto con el personal. A la vista de nuestros posibles problemas económicos acepté. Aquellas jornadas se hicieron eternas, llegaba agotada tras estar ocho o más horas de pie, limpiando la superficie de trabajo cada vez que pasaba un cliente, angustiada de que a pesar de los tapa morros (algunos llevan la nariz por fuera) me podían contagiar el virus. Llegar a casa y que mi amorcito me pusiera el plato del almuerzo o la cena delante y calentito era un auténtico placer. Se afanaba sin problema en las tareas domésticas, incluso alegremente decía que si su madre, su abuela y sus tías lo habían hecho toda su vida pues estaba en sus genes el hacerlo bien.

Pero la soledad y la monotonía de las tareas hogareñas empezaron a aburrirle e inició una comedura de tarro para salir del bucle en el que estaba metido. La vida de pandemia en una gran ciudad es agobiante y en su sesera comenzó a montarse una película de la vida bucólica en el campo. Los pájaros, los árboles, los prados, el murmullo del viento en el bosque, el sonido del agua discurriendo entre las rocas, un escenario maravilloso del que no tenía experiencia. Yo había podido disfrutar hasta los catorce años de los veranos con mis abuelos en el pueblo, ayudando en la huerta, ordeñando vacas, cogiendo huevos en el gallinero para luego hacer bizcochos, madalenas o panes con mi abuela. Limpiar el pesebre, el corral o sallar patatas, ajos o maíz era agotador, aunque lloviese tenías que ocuparte igualmente de todo, claro de eso él ni idea.

No quería desanimarle de sopetón, lo malo era que se comía el seso detrás del sexo y cada vez que nos dábamos un revolcón terminaba hablándome de su idea y sus aspiraciones, no lo tenía mal planeado pues mientras le durara la paga del paro no nos moriríamos de hambre y si no salía bien podríamos volver e intentarlo nuevamente en la ciudad. Terminó por convencerme con la condición que en ese pueblo se viera bien la televisión y hubiera buena línea de internet. Ante mi rendimiento se empleó a fondo en la búsqueda de nuestro nidito de amor encontrando una casita coqueta recién reformada, con un terreno bastante grande en una población pequeña pero bien dotada y a un precio muy asequible. Acepté sus condiciones, pedí la excedencia en el súper para tener opción de volver en caso de apuro e hicimos las maletas. Al vivir en un apartamento alquilado siempre mantuve una decoración minimalista por si algún día nos mudábamos y no tener que cargar con demasiados objetos. Alquilamos una furgoneta que conducía él y yo le seguí en nuestro pequeño utilitario.

Cuando llegamos mis temores se apaciguaron, la casita era tal y como nos habían mostrado en las fotos, situada a las afueras del pueblo el paisaje era cautivador, un bosque cercano con riachuelo, grandes superficies plantadas y algunos chamizos poblaban las huertas cercanas. Dos habitaciones no muy grandes, cocina abierta al salón con pequeño comedor, un baño amplio y una gran chimenea colocada estratégicamente que era el único sistema de apaciguar el frío en invierno, el porche daba luminosidad a toda la casa. Decorada con los muebles justos de forma acogedora no pude evitar saltar de alegría y darle un gran beso recién llegados antes de vaciar los dos vehículos.

El pacto había sido que me dedicaría exclusivamente a la casa y él a tareas agrícolas. A la mañana siguiente a nuestra llegada callejee buscando donde hacer compra para nuestra despensa, tropezándome con una tienda de ultramarinos muy bien equipada para ser de pueblo. Compré patatas, huevos, arroz, legumbres, pan, fruta y verduras, ¡me dejé un dineral! Menuda ladrona la tendera, como era el único comercio del pueblo robaba a manos llenas, según me contó después una vecina a quien le di pena, la tendera es la mujer del alcalde pedáneo y con el negocio se entretiene y gana para sus antojos, ¡pues menudos antojos más caros debe tener! Menos mal que la misma señora me indicó un supermercado más barato en una población cercana al que suelo acudir para abastecerme.

Mientras tanto Raúl empezó a desbrozar el terreno, alquiló no sé donde una maquina que le cavaba la tierra y la aireaba, se ve que algún vecino piadoso comprobando lo pardillo que era le daba buenos consejos. Llegaba todas las tardes rendido a la cama, apenas tenía ganas de comer mis ricos guisos y mucho menos hacer el amor ¡con lo feliz y relajada que estaba yo! Cuando terminó de preparar el cuadro de cebollas tenía las manos llenas de ampollas que tuve que curarle y vendarle para que no se infectaran, el siguiente cuadro de puerros y ajos le provocó lumbago, menos mal que el ibuprofeno y unos masajes con aceite hacen maravillas, el siguiente cuadro de las patatas le supuso una buena mojadura permaneciendo unos días en la cama con algo de fiebre, a pesar de tanto contratiempo no le oí quejarse ni una sola vez, era duro además de cabezón.

He de decir que yo era feliz, la limpieza de la casa llevaba poco tiempo y encontré en internet un tutorial para decorar con objetos del bosque, del campo o del río, desarrollaba mi creatividad y ambientaba económicamente mi hogar. Las vecinas al principio reticentes conmigo pronto se rindieron ante mis galletas ya que Raúl no estaba para apreciarlas. En previsión de que llegara el frío antes de tiempo compré por indicación del tabernero un carro de leña, muy limpiamente cortada duraría al menos dos o tres años si sabía administrarla. La descargaron en un lateral del corral y tras sopesar en qué parte hacer una leñera, me puse a colocar los troncos uno a uno, con la mala suerte que al segundo día cayó una buena tromba de agua y se empaparon doblando su peso, cuando paró de llover seguí con mi pesada tarea pero observé que de los troncos salían unos pelillos hacia arriba, día tras día crecían llegando a convertirse en hongos, bueno en setas como las que había visto en el súper. Salieron muchas, muchísimas, no tenía ni idea si eran comestibles, así que metí unas cuantas en una caja de zapatos y las mostré en el pueblo a todo aquel que tropezaba, fue el señor cura quien me dijo que parecían shiitake, una seta japonesa muy apreciada, viendo que no me fiaba mucho de su criterio las llevamos a la tasca donde en la cocina las prepararon con ajitos y reducción de PX, los allí presentes las degustaron comentando que eran una delicia. El cocinero me las compraba si le llevaba más, me di cuenta que podía ser un buen negocio cultivándolas sin apenas esfuerzo. Ese es mi dilema: ¿Las cultivo yo o se lo cuento a Raúl para que sea quien lo haga y venda, ya que nos supondría un buen ingreso, o no le digo nada y dejo que siga ilusionado ejerciendo de agricultor agotándose cada día como él quería ? Llevo unos días escuchándoos desvelada y hoy me he atrevido a consultaros”.

Bien mis queridos noctámbulos, pensar bien que haríais vosotros, los teléfonos son el 666555444 para enviar vuestro SMS y el 654333211 para mensajes de whatsap, unos minutos de publicidad y a la vuelta damos respuesta a nuestra amiga Eliane.

 

 

 

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Tiempos de cambio - Marga Pérez

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El parque ha quedado en silencio. Los obreros y la maquinaria que realizan la remodelación ya acabaron por hoy su jornada laboral. El toque de queda a las diez de la noche favorece el silencio y la soledad en los espacios públicos, también en el parque y Don Pedro, el Adelantado, lo aprovecha para bajar de su pedestal y hacer sus ejercicios habituales. Tras flexionar varias veces las piernas, recorre, a paso enérgico, cada rincón, buscando esa flexibilidad perdida después de horas y horas allí inmóvil. Es el único de las estatuas que tiene esta habilidad, otras sólo pueden hablar desde su ubicación y apenas pueden moverse, otras ni éso. Quizá con el tiempo lleguen a conseguirlo… cada noche, cuando quedan solas, lo intentan.

Don Pedro llega al otro lado del parque y se detiene ante la estatua de Afrodita.

-Buenas noches, querida diosa, hace tiempo que no hablábamos

-Si, ya me di cuenta de que últimamente el Sátiro captaba mucho tu atención.

-Sabes que llevo mal eso del tuteo... y el Sátiro, será todo lo libertino que quieras pero a mi siempre me trata con respeto, como Don Pedro, y éso me gusta.

-Eres muy antiguo, Pedro, hay que ir con los tiempos. Fíjate cómo hablan hoy los que vienen al parque…

-Eso podrás hacerlo tú que tienes bancos cerca. La gente se sienta y tú escuchas sus conversaciones...por éso eres tan moderna. Yo estoy ahí arriba...Me miran, hacen fotos… No los oigo. Se detienen poco para hablar de sus cosas.

-Ten cuidado no te vayan a quitar. Mira la fuente grande, ha caído en desgracia.

-¿Qué me dices?

-Pues éso, que la quieren quitar. Ya olvidaron aquel tiempo en que no paraban de pedir una fuente… Espero que la de Verano no siga el mismo camino. ¿Por qué no vas a hablar con ella? Debe de estar muy afectada.

-La verdad es que nunca lo hice. Siempre la vi ahí... oigo con agrado su insistente fluir acuoso pero… sólo me acerqué a ella para refrescarme aquel verano que hizo tanto calor… No sabía tampoco que hablase… Ya que nos va a dejar voy a charlar con ella un rato, a ver qué me dice. Adiós Afrodita.

-Adiós Pedro. No seas duro con ella si te tutea, ella siempre fue de otra clase… marginada, fuera del parque, no como nosotras. Estará enfadada ¡Saben los dioses que palabras utilizará!

Don Pedro, con su espada a cuestas se dirige hacia la fuente por el sendero cubierto de rosas trepadoras. Embriagado por el olor aminora el paso para disfrutar del momento. Respira con profundidad y rememora otra vegetación de otros lugares diferentes y lejanos vividos en su otra vida. Olores de tiempos pasados que no volverán.

El parque está oscuro, más por efecto de los frondosos árboles que por falta de luz de las farolas. Don Pedro camina entre sombras sin hacer ruido. No lejos ve a la fuente sin ninguna sombra que la proteja. Está sola entre asfalto, casas, luces… Erguida, con dignidad, vertiendo chorros de agua de manera circular, sin principio ni fin… Cuando llega allí eleva la voz para que el ruido del agua no impida que pueda escuchar sus palabras.

-Buenas noches ¿Cómo está?

La fuente tardó un poco en darse cuenta de que era a ella a quien se dirigía aquel señor, que durante bastante más de un siglo, veía a lo lejos, en su pedestal… Pero no había nadie, estaban solos, tenía que ser a ella...

-Bien, gracias ¿y usted?

Don Pedro estaba gratamente sorprendido por el trato recibido por alguien de quien había pasado durante tanto tiempo y se animó a seguir hablando.

-He oído que enseguida dejará de estar con nosotros.

-Eso he oído yo también

- A mi no me gustaría que me quitasen de mi monumento, a no ser que fuera para estar en un sitio mejor, ¡claro!

-Yo soy una fuente sin categoría, sin estilo, sin valor de ningún tipo… Es lo que he oído. La verdad es que no me molesta, estoy cansada pero muy agradecida por haber podido ver la transformación de Avilés desde un sitio tan privilegiado.

Disfruté desde el principio de los paseos de la gente, del crecimiento de los árboles, de las fiestas del bollo, las carrozas, de los pasos de semana santa, de los carnavales. Además la música siempre la tuve cerca. Desde el quiosco, domingos y festivos, la banda de música amenizó mis mañanas. Hubo verbenas, conciertos, la mar de ruido, chiringuitos, puestos de venta ambulante, danza prima… nunca me sentí sola. Incluso en los peores momentos, cuando dicen que abrieron otro parque más grande y este quedó casi abandonado, aquí hubo jóvenes que acudían a diario a hacer sus cosas, eran raros pero ...no estaba sola. En otros tiempos los autobuses llenaron de vida la zona. Gente siempre corriendo en busca del autobús que le llevase a casa o le trajese a la Villa a trabajar, al mercado… No, no estoy triste. Vi los cambios de Avilés, el nacimiento de Ensidesa, cómo mejoró la zona de la ría, la rehabilitación del Palacio de Camposagrado… La tienda de deportes que lo ocupara, hace muchos años, no era digna de la categoría de esa maravilla de edificio. No, no me voy triste, es ley de vida, se llama evolución, ya no hay espacio en este parque para mi. ¿Seguir en otro sitio?… creo que cumplí mi misión, no merece la pena que luchen por mi permanencia. Me iré feliz con todo lo que viví aquí durante tantísimos años.

- No sabe cuánto me alegra haberla conocido. Siempre pasó inadvertida para mi y seguro que para muchos de los vecinos de esta villa, también ... la echaremos en falta, buena suerte.

Don Pedro, sin apenas escuchar las palabras que contestó la fuente, le da la espalda para regresar a su pedestal antes de que vuelva la vida al parque. Al pasar por donde la foca, tuvo un gesto impropio suyo , se acercó a acariciarla. El nudo que tenía en la garganta se diluyó en una amplia sonrisa cuando la foca, por primera vez, consigue moverse y corresponde feliz guiñándole un ojo de complicidad.



 

 

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Un paseo por Avilés - Pilar Murillo

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Desde hace unos meses para acá, acostumbro a pasear más allá de mi barrio. Tampoco es tan lejos llegar hasta la zona centro de Avilés. Desde donde vivo hasta ahí serán quince minutos a mí paso. Voy con mi perrito y los dos aparentamos felicidad, él seguro que lo es porque ha llegado a una edad que para un humano serian unos 94 años y está super bien, en cambio yo…, No, no me voy a quejar, porque yo estoy viva. A pesar de la pandemia, a pesar de la soledad, a pesar de los pesares… Estoy viva. Mientras camino voy mirando sin fijarme y mi mente va cavilando, (“pienso, luego existo”) a mi mente llegan infinidad de ideas para monólogos, para obras de teatro, para alguna novela, incluso me atrevo a pensar en letras de canciones. Los problemas, que siempre los hay, los dejo a un lado, no estoy dispuesta a que frenen mi creatividad ni el ritmo de mi vida. En un pasado no muy lejano me dejaba llevar por la tristeza, pero entonces recorría mi vida, desde mi más tierna infancia, desechando los episodios traumáticos, y sí, era una niña feliz. Pienso en mi madrina, en un domingo de Pascua, cuando me regalaba un bollo, típico de la comarca de Avilés. Pienso en su ternura, en aquellos mimos que ella sólo sabía darme y que nunca dejó de ser cariñosa conmigo, incluso ahora que soy una mujer madura, ella sigue estando ahí, porque hubo un tiempo en que mi madre se puso a trabajar por obligación, de repente vistió de negro siendo yo una niña de tres años y los besos y abrazos que me había dado los guardó muy profundamente y sólo ella, mi hada madrina me llenaba de cariño, de risas, de paseos a la feria en pascua, o cuando era Navidad me llevó a ver la cabalgata de reyes y me acompañó a ver a un rey mago que se ponía en el desaparecido “comercial Espí”. Cuando se pintaba las uñas, me las pintaba a mí también. Los regalos de reyes eran muchos y ella, me pedía siempre cosas que me gustaban mucho. Libros, o muñecas de última moda.

Estoy llegando al parque del muelle, conocido popularmente como el parque de los buses. Antes de cruzar hasta él, miro la fuente que está situada en un cruce de caminos, haciendo una rotonda. Una fuente de esas que existe desde antes de haber nacido yo. No tiene agua, no tiene ya ni futuro ahí donde está. Hablan de quitarla. ¿Acabará siendo Avilés una ciudad futurista? Sin fuentes, sin sidrerías, sin historia más que en los libros y que un historiador nos cuente que hace siglos en ese lugar donde hay un aparcamiento de coches voladores una vez hubo una fuente. Una fuente con un diseñador de cuyo nombre no me acuerdo, anterior a la fuente había una farola y anterior a la farola y al parque había unas marismas.

Con todos esos pensamientos llegamos al parque del Muelle, mi perro iba saludando a cuantos canes nos íbamos cruzando, unas veces con ladridos, otras con gruñidos y algunas otras veces con movimiento de rabito. Llegados hasta ese punto decidí volver a mi casa, ya comenzaba a irse la luz del sol y mi estomago me recordaba que era la hora de cenar. Pensé en qué podría prepararme, no lo tenía muy claro.

Echo de menos a mi madre, ella tenía siempre muchas ideas tanto para hacer comida como para la cena, la echo de menos como siempre pero ya no me caen tantas lágrimas. Recuerdo que sus abrazos y besos los había guardado muy profundamente cuando yo era chiquitina, pero también recuerdo que los sacó de donde los tenía guardados cuando nacieron sus nietos. Muchos besos y abrazos, mucha comprensión, un comportamiento totalmente distinto, pero yo sentía que aquellas muestras de cariño hacia mi hija, por ejemplo, me llegaban a mi también. Más tarde, cuando ya era una anciana, yo sí la llene de besos y abrazos y a veces “rezongaba”, pero a mi me daba igual, más la abrazaba y me llamaba zalamera.

Quiero darme prisa en llegar a casa, aprieto el paso, porque estos pensamientos si me han hecho poner triste, porque ya no la tengo para abrazarla. Me sereno rápidamente y me digo interiormente… ¡Pero si no se puede abrazar a nadie!, al perro sí, a mi Woody y a Nemo los abrazo, algo es algo.


 

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La fuente no se quita - Marian Muñoz

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Planchaba las mangas de la última camisa, cansada de la mañana de sábado que solía aprovechar para limpiar, cocinar y ordenar el piso revuelto de toda la semana, mientras su padre se iba con Kevin de paseo. Enseguida llegaría Javier del trabajo, oía al peque hablar sólo en su habitación, como si fuera un mantra repetía las mismas palabras que el sonido de la radio no dejaba oír con claridad. Terminó su labor y fue repartiendo con mimo las prendas recién planchadas, al acercarse a su hijo le vio sentado en el suelo, una peonza grande estaba puesta boca abajo y alrededor su colección de dinosaurios con algo blanco en una pata.

¡La fuente no se quita! ¡La fuente no se quita! ¡La fuente no se quita! Asombrada por la cantinela y el montaje le preguntó a qué estaba jugando, con una gran sonrisa le contestó:

--Estamos pidiendo que la fuente no la quiten porque es nuestra y da servicio a los animales y a las personas.

--Cariño ¿de qué fuente me estás hablando?

--La fuente de la plaza de Pedro el que conquistó Florida.

Sabía por la prensa que había manifestaciones para oponerse a quitar la fuente de la plaza de Pedro Menéndez, una fuente que apenas tiene valor patrimonial pero si testimonial para muchos avilesinos, sobre todo a la generación de su padre, que le hubiera llevado a una no le gustó nada, podía suponer un peligro para un niño como él aunque conocía de sobra lo cuidadoso que es su progenitor con la crianza del pequeño.

--¿Qué llevan los dinosaurios en la pata?

--Llevan un pañuelo blanco para que paren el derribo y haya una tregua para hablar sobre la fuente.

--¡Ah, ya veo! – sonrió ante la originalidad de la escena.

--Y luego se anudan en los alambres de la valla en señal de protesta.

--¡Ya! ¿Y tú qué piensas sobre la fuente?

--Pues que es más útil puesta que quitada, porque sino ¿dónde van a beber los pajaritos que viven en el parque de al lado? O ¿Dónde se van a bañar cuando tengan calor? Si no tienen donde hacerlo se marcharán, si ellos se marchan también se irán las abejas, las moscas, los saltamontes y las mariquitas, si no están ¿Cómo van a salir las flores si no picotean en su interior? Si no nacen flores se secarán algunos árboles y entonces el parque será una caca porque verde tendrá bien poco, y los parques tienen que ser verdes y tener bichitos que vivan en ellos.

--¡Vaya! Veo que tienes las ideas claras.

Empezó a pensar que el estar tanto tiempo al cuidado de su padre y sus amigos le estaban convirtiendo en un niño demasiado maduro, aunque apreciaba que lo entendiera pese a su corta edad. Siguió tanteando para ver cuál era su comprensión del problema de la fuente.

--¿Oye y sabes que van a hacer con la fuente y qué van a poner en su lugar?

--Pepo dice que la fuente la llevarán a un almacén y luego se perderá o se romperá y en su lugar van a poner cemento, para que los de mantenimiento no tengan apenas trabajo, sólo podrán pisarlo las furgonetas y los coches que vengan el lunes a la plaza, el resto del tiempo será un terreno vacío y gris de poco interés.

--Pero es que mantener una fuente cuesta mucho dinero, tanto en limpiarla como en los tubos que llevan agua, como en el sistema que permite que salga por arriba y abajo no se desborde.

--Tino el amigo cojo del abuelo contaba que cuando eran pequeños mientras sus padres y madres tomaban algo en el Busto que era una café justo enfrente, ellos jugaban alrededor de la fuente, se chiscaban, y cuando hacía viento corrían a pasar delante sin mojarse, era muy divertido. Antes de la fuente hubo una farola, pero se quitó para ponerla, ¿sabes como la llamaban al principio? La malparida, porque ni hacía aguas ni daba luz.

--¿Todo eso lo has aprendido hoy?

--No, hace días que no hablan más que de ella mientras tomamos el vermut en Chicote, les da mucha pena verla así de triste y fea. ¿Tú sabías que alrededor de ella se hacía la danza prima en San Juan?

--Sí, alguna vez de chavalina pude verlo y acompañar a la abuela en el corro.

--Pues no sé porqué la quitan si es algo que tiene tantos recuerdos para todos. ¿Tú sabías que donde ahora hay unas oficinas de la luz antes había una empresa…. Electrogras, y en el siglo pasado cuando el abuelo era muy niño y no había teles ni apenas radios en las casas, la gente se reunía delante del escaparate porque escribían en él los números premiados de la lotería de Navidad, y la plaza se llenaba de gente, quienes eran afortunados invitaban a sus amigos a tomar algo en el Colón, el Imperial o el Busto, que eran cafés cercanos a la fuente. ¿Sabías que dentro de esa tienda ponían buzones de los Reyes Magos? Los niños de aquella época echaban sus cartas pidiendo regalos, tuvo que ser muy prestoso.

--Si cariño, pero los tiempos cambian y quien manda, manda.

--¿Tú recuerdas los árboles de la plaza del pescado? Pues no hay ninguno, ¿tú recuerdas cuanto verde había en el parque de las Meanas? Pues ahora hay muy poquito y encima han puesto un monolito de mierda que no paran de pintar los grafiteros, ¿tú recuerdas el estanque de las meanas? El abuelo me contó que dejabas allí los renacuajos que traías del pueblo cuando volvías en verano, y la zona de la exposición también tenía árboles. Los dos árboles grandes que había delante de la iglesia de San Nicolás ya no están, ni los jardincillos donde los caños, ni los árboles que había en el paseo de la ría que eran unos cuantos y bien grandotes. Dice Pepo que están quitando el color a la villa, se está volviendo gris como el cemento que ponen y ese color no tiene vida, los bichitos no pueden comer ni formar familias igual que las personas, las fabricas están cerrando y los trabajadores se marchan fuera, los comercios cierran porque no tienen quien les compre, tan sólo los jubilados que con el coronavirus se están marchando al cielo a la carrera y no habrá quien gaste un euro en los bares, porque como les toman a chirigota están cerrando muchos de ellos. Tino dice que Avilés se está muriendo porque apenas tiene verde ni bichitos en sus jardines o parques, ni gente que le guste pasear por aceras tan feas, por eso es importante mantener la fuente, aún podría crear vida a su alrededor, sobre todo a las personas que fueron tan felices con su presencia.

--¿cómo eres capaz de recordar todo eso?

--Porque güelito y sus amigos no paran de contarlo cada vez que paramos en la terraza de la Escuelina, a veces son un poco aburridos, se repiten mucho, pero creo que tienen razón, cuando vamos a Oviedo hay muchas fuentes y todas tienen agua y son muy alegres, sus calles están llenas de gentes paseando y comprando ¿eso lo ves por aquí? Pues creo que una fuente animaría a comprar, a gastar y a que el parque tenga vida a pesar del coronavirus, además según dicen cuesta más quitarla que dejarla y ponerla guapa, el dinero que tienen previsto gastarse que lo usen en cuidar los parques, eso sí que no vaya a sus bolsillos porque según dice Tino tienen habilidad para llevarse dinero a su casa.



Lo podría decir más alto pero no más claro, también pienso que tiene razón, alrededor de esa fuente conocí a Javier y sentados en ella nos dimos nuestro primer beso, tal vez no sea bonita ni histórica, pero alrededor de ella se han tejido muchos lazos sentimentales, así que también digo ¡LA FUENTE NO SE QUITA!


 

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