Dama blanca come alfil - Marian Muñoz

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Era asombrosa la velocidad que podía alcanzar cuando escribía sin pensar al teclado del ordenador, había aprovechado eficientemente el cursillo de máquina en primero de secundaria, no sólo tenía velocidad sino que apenas cometía faltas de ortografía mirando exclusivamente a la pantalla. En esos momentos todos la dejaban tranquila, era su sistema de elaborar un artículo ya que su mente iba tan rápida como sus dedos, lo llamaba “brainstorm” escribía lo que se le ocurría y al repasarlo afinaba en aquellas partes o testimonios en los que quería provocar interés.

Dejó de mirar el texto en pantalla y comprobó, como siempre, que todos se habían ido, bueno todos no, quedaba su fiel compañero Yoni el único que conseguía entender sus diatribas mentales y sabía poner freno a muchos de sus disparates. Entraron a la vez en la redacción del periódico del instituto, dos tortolitos de trece que pretendían expresar su creatividad literaria, al principio los mayores se mofaron pero en cuanto vieron el gancho de sus columnas procuraron darles más protagonismo, aunque la envidia empezó a corroerles. Críticas constructivas a profesores, opiniones basadas en el sentir general, consejos útiles para los nuevos y sobre todo un breve comentario a la última película de estreno. Marita y Yoni eran la pareja perfecta de reporteros, no se pisaban las noticias ni las ideas y compartían sanamente sus posibles artículos o ideas para investigar, pero esta vez estaban en total desacuerdo, iba a ser la última tirada justo al terminar recuperaciones y exámenes de la EBAU.

-¡Pero no lo ves! –Decía ella- hay una mano negra detrás de todo esto, un lobby estoy segura, no daré con el origen pero al menos iré tirando de la cuerda y van a salir muchas cosas feas, ya verás.

-Mira Marita sólo eres una chica de quince, sí casi dieciséis, pero si los grandes diarios no van tras esa noticia no sé cómo pretendes encontrar al culpable, y si lo haces seguramente sea peligroso.

-¿Recuerdas el año pasado con el artículo de los piojos? Al final se destapó que el comercial de un laboratorio escogía los colegios para soltar liendres al saludar a los niños, vamos no me digas que no era sospechoso que todo el verano juntos en parques, piscinas, playas y calles sin que piquen las cabezas y nada más empezar las clases comienzan los contagios.

Estarás conmigo que algo hay detrás, dime tú si no es para sospechar que de repente algo anormal está pasando, porque no me lo trago. Mientras los estudiantes estamos en clase apretando los codos en el último tramo final, algunos incluso estudiando online, los contagios de esa mierda de coronavirus están bajando. Sí van bajando, y parece que por fin la economía se relanza, los hoteles tienen reservas, los restaurantes y lugares de comida empiezan a abrir su interior, todos empezamos a consumir con precaución preparándonos para un verano con mayores libertades que el pasado. El país entero tenía esperanzas puestas en estos meses, y qué, ya me dirás, terminamos los exámenes nos dan vacaciones dejando de ser obligatoria la mascarilla ¡qué casualidad! las agencias ofertan fantásticos viajes a precio de ganga ¡qué casualidad! es entonces cuando los contagios se disparan y los jóvenes salen en todos los medios criminalizados por botellones, macro fiestas, juergas playeras, pero que te piensas que antes no se hacían, claro que sí y sin embargo la ola seguía bajando, así que no, la culpa no es de los muchachos sino de una mano negra que esparció unas cuantas probetas de virus, sí de virus delta, ¡vamos no me digas! El que nos rondaba hasta la saciedad era la cepa inglesa y ahora todo plagado de la de India. ¿Cuánta gente te crees que habrá regresado desde allí al país? Vamos que no son tantos como para crear este caos, que no, que te lo digo yo que no. Al principio pensé que era una maniobra independentista para estigmatizar y aniquilar a parte de los cachorros españoles, porque no digamos que ciertas zonas del Mediterráneo son todas del mismo palo, una forma muy sutil de decirnos “no os queremos aquí, ni siquiera a vuestros hijos” sólo que el tiro les salió por la culata ya que fueron tantos los contagios que ni Alemania ni Inglaterra quieren que sus ciudadanos vengan, y ese es el tipo de turista que desean porque se pasan el día durmiendo la mona y por la noche les atontan con alcohol de garrafa vendido a precio de bueno, porque no protestan si la habitación esta sucia o las patatas fritas que comen son congeladas de hace años, pero claro un turista español sí exige respeto y calidad porque algo tiene el conocer tus derechos, mal que le pese a algunos.

-Mira sí, algo de razón tienes, que dejar de lado la obligatoriedad de las mascarillas ha producido un estallido incomprensible puesto que antes muchos de los afectados ya no las llevaban ni en interiores. Pero pensar que hay intereses detrás de ello, parece improbable.

-¡Hundir al país! ¿Te parece poco? No sólo tenemos al enemigo en casa sino que hay muchos países que nos tienen manía, mira Marruecos, por supuesto los gobiernos porque sus gentes lo único que quieren es trabajo y bienestar la mayoría de las veces, ¿Quién te dice que detrás de esta explosión de coronavirus no está un país comunista? Sí ya sé que es un tema manido, pero qué se yo, ¿sabes lo que están logrando al quitar la obligatoriedad de los tapa bocas? Pues eso, que nos tapan la boca tachándonos de egoístas, insolidarios, incívicos, mal criados, ¡qué! ¿Sigo?

Yoni agachaba la cabeza, cuando ella tenía una pista no cejaba y en este caso un periódico de instituto no era el sitio apropiado para ese tipo de investigación ni siquiera para lanzar sospechas o levantar la liebre sobre lo ocurrido. La instó a reposar sus ideas y continuar con el artículo al día siguiente en que lo vería de otra forma.

Marita llevaba desde los seis años inventándose historias, intentando crearse una vida que no tenía por no poner en peligro a su madre con quien se había escapado de casa al morir su padre a manos de narcotraficantes, asesinado por ser periodista y meter las narices demasiado al colaborar con la policía. Muchos años de huida, de no publicar fotos en redes sociales ni dejarse fotografiar, de no sincerarse con nadie por temor al chivatazo había encontrado un sistema de desahogo, escribir, no lo hacía mal, le gustaba el periodismo de investigación como a su padre y su válvula de escape era el periódico local, cuando algo la indignaba a su alrededor lo perseguía denunciándolo anónimamente, eran profesionales los que iban a la caza de noticias tras aportar su pista y conseguían luego grandes portadas. Nadie lo sabía, ni su madre ni Yoni, su seudónimo era “Dama blanca come alfil” soliendo tener buena puntería en sus limitadas pesquisas, porque una niña no era persona adecuada para investigar ni denunciar delitos pero sí veía claramente lo que otros intentaban esconder.

Su madre llegaría tarde del trabajo y aprovechó esas horas para navegar por internet e intentar comprender a quien beneficiaba el estallido de esta ola, no iba a ser la última. Recortar derechos civiles venía muy bien a cierta clase política, buscaría en diferentes periódicos quienes habían viajado y adonde, era una buena línea para encontrar respuestas, estaba convencida que sus amigos podían ser cabras locas en algunos momentos pero ni incívicos ni insolidarios y mucho menos responsables de algunas muertes porque querían y adoraban a sus familias. Tenía que hacerlo por ellos y por los futuros afectados. Un laboratorio, una secta o un extraterrestre, una mano negra está detrás de tanto contagio, por si acaso en todos sus reportajes recomendaba que usaran siempre mascarilla y distancia de seguridad.

 

 

 

 

 

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