
Fue el momento en que mataron al árbol cuando el silencio del barrio se volvió insoportable. Ese árbol llevaba más años en la calle que cualquiera de nosotros. Había visto mudanzas, besos a escondidas y veranos ardientes. En sus raíces jugábamos a hacer nidos de hojas y barro.
Cuando fuimos mayores, lo usábamos como punto de encuentro:
'Nos vemos en el árbol', decíamos.
Cuando cayeron las últimas ramas, los niños dejaron de jugar; un perro se sentó, atento, como si entendiera aquel duelo improvisado.
Y yo, desde mi balcón, sentí que habían cortado un punto básico de mi orientación, de mi memoria, de mi pertenencia al barrio.

Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.