Sospecha - Cristina Muñiz Martín

                                           



La sospecha estaba instalada en su corazón, propinándole mordiscos dolorosos. Entró despacio, sin hacer ruido. Se acercó al dormitorio del que provenían unos sonidos tenues y ahogados. Abrió la puerta. Allí estaban los dos, en su cama. Su marido y su mejor amiga. De película. En la cara de su marido una disculpa muda. En la de su amiga un rubor que no era producto del colorete. Los miró con fijeza, sin decir nada, su rostro tan pálido como si lo hubiera cubierto una extensa nevada. Abandonó la casa metiendo un sonoro portazo. Salió a la tarde luminosa y primaveral. Llevaba mucho tiempo viviendo con miedo. Miedo de que sus sospechas se confirmaran. Y ya estaba. Ya había pasado. Caminó sin lágrimas en los ojos, observando las calles como si nunca hubiera transitado por ellas, parando en los escaparates llenos de novedades alegres, mirando las flores que adornaban los jardines, las terrazas abarrotadas, las carreras festivas de los niños... Se fue adueñando de ella una inusitada sensación de bienestar que coloreó sus mejillas. Se sentía bien. Demasiado bien. Solo había necesitado ver lo que llevaba demasiado tiempo sin querer ver para ser consciente de que no la ataba a su marido más que la costumbre y el miedo a enfrentarse a una nueva vida. Se preguntó por qué había tardado tanto, por qué había alimentado su ceguera. Pero no era momento de hostigarse a sí misma. Aún era joven. Tenía toda una vida por delante para intentar ser feliz.

 

 

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