Reacción en cadena - Marian Muñoz


                                           Resultado de imagen de pareja en sala de cine

 

 


-¡Goooooool, gooool, gool! así de alto y justo en el momento que los protagonistas iban a declarar su amor. Éramos unas treinta personas en el cine completamente en silencio y se puso a gritar señor juez, ¡entiéndalo! no sólo estaba disfrutando de una película romántica sino que René tenía su mano dentro de mi escote e interrumpir ese doble placer me nubló el entendimiento y le pegué con el bolso en toda la cara, me sentí herida, traicionada, siempre dijo que también le gustaban ese tipo de películas y en realidad estaba más pendiente del partido que de mí. Le juro señor juez que me levanté furiosa tras despacharme a gusto con el bolsazo y él estaba bien vivo, dentro sólo tenía las llaves de casa, un paquete de pañuelitos de papel, un monedero con algo de dinero, el DNI y el móvil, no pesaba nada y además la pantalla del móvil ni siquiera se rajó así que el golpe no fue tan fuerte, lo que hiciera después no tengo ni idea porque no miré para atrás. Yo le quería, señor juez, íbamos en serio, acababan de hacerle fijo en el banco y con su don de gentes en dos o tres años le harían director de sucursal, un buen partido y ahora ¿qué voy a hacer yo?

-Gracias señorita, tiene la palabra el señor fiscal.

-Gracias señoría, la acusada no lo es tanto por causarle la muerte sino por haber sido la inductora, según declaración de testigos tras el grito y el bolsazo se levantaron a la vez de sus asientos, desgraciadamente el fallecido resbaló con un papel de chocolatina chocando su rostro con el asiento de la acusada que automáticamente estaba cerrándose, el golpe fue tal que provocó una hemorragia interna motivo por el que falleció horas más tarde. Entendemos los sentimientos de la acusada pero la reacción tan desmesurada fue el detonante de su muerte por eso solicitamos dos años de prisión y sesenta mil euros de indemnización a sus padres.

-Gracias fiscal, tiene la palabra el abogado defensor.

-Gracias señoría, mi defendida es inocente del cargo que se le acusa, más bien ha sido la verdadera víctima de este desgraciado suceso. Su novio no sólo la mintió sobre sus gustos, sino que estaba más pendiente del partido que de la película además de disfrutar de lo lindo a costa de la acusada, según el parte de los sanitarios de la ambulancia estaba bien empalmado, suponiendo que se debía al ofuscamiento momentáneo del trompazo, pero por lo que ha narrado la señorita no era tal sino que estaba aprovechándose de ella. Una desgracia que el segundo golpe fuese tan grave, pero no cabe duda que si la empresa dueña del cine hubiera limpiado la sala entre sesiones, el fallecido no se habría resbalado y seguramente habrían llegado a una reconciliación, pudiendo llevar una vida feliz en común, por lo que el verdadero culpable de la defunción no es la acusada sino la propiedad de la sala cinematográfica. Solicito la total absolución para mi defendida y una indemnización de treinta mil euros por lucro cesante.

-Gracias señor letrado, si no hay más declaraciones que escuchar me retiro a deliberar la sentencia, ya se avisará a las partes.

Al cerrarse la puerta tras el juez, se oyó un grito de gooool, España había logrado otro tanto en el partido de la Eurocopa.

 

 

 

 

 

 

 

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