Una tía muy normal - Marga Pérez

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Hoy hace un mes que todo terminó, ¡Menos mal! Creí que nunca volvería a ser yo pero ya me reconozco.

Soy Elisa pero prefiero el virusa por el que casi todos me conocen. No sé si porque me dedico al estudio de los virus o porque mi look capilar, lleno de pequeñas rastas erectas, les recuerda a uno muy conocido en la actualidad. Firmaré con este nombre la correspondencia que mantengamos.


Desde que salí de la facultad (¿ cinco años yaaa? ¡¡horrooooor!!) trabajo investigando virus. Y desde que empezó la pandemia, en estrecha colaboración con el Ministerio de Sanidad y el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, como experta. Así conocí a personas que antes sólo había visto en la tele ¡ con lo bien que estaba entre mis virus!

No soy muy perspicaz pero me di cuenta enseguida de que no tienen nada que ver cuando los descubres de cuerpo presente.

Casi me desmayo cuando participé en la primera reunión con el Presidente. Si, con Pedro.

Me dieron ganas de gritar su nombre como Pe hizo con el de Almodóbar: Pedroooooooooo… pero me contuve ¡Menudo tío! Tan alto, tan moreno, tan ojos, tan guapo, tan...tan...tan macho. Si, por qué no lo voy a decir. Algo se movió dentro de mi sin mi permiso. Algo que me impedía pensar, hablar, ser.

Cuando tenía que reunirme con Pedro el corazón se me desbocaba, igual que un caballo en estampida, era lo que sentía. Y Pedro lo oía desde su distancia de seguridad. Estoy segura. Me ponía ojitos… y yo sudando como un virus enjabonado. Nunca me duché tan a menudo. Entonces no sabíamos aún cómo covi actuaba en esos fluidos. Cada vez que lavaba las manos iba también el resto del cuerpo. Por si acaso.

Intenté centrarme en mi trabajo y olvidarme de Pedro pero cada día lo llevaba peor. Saber que nos reuniríamos disparaba mi ansiedad a cotas inimaginables. Sólo quería desaparecer del mapa.

¿Y si los ojitos de Pedro iban a más? ¿Y si se me insinuaba en un momento de soledad compartida? ¿Podría resistirme a sus encantos? Es un presidente casado… pero yo soy soltera y sin compromiso ¡Ya quisiera estar comprometida con un humano! ...Ver a Pedro era un sinvivir…

Pero hace un mes todo cambió. Pedro, en una reunión en la que yo casi no podía respirar sintiendo sus ojos sobre mi, se quitó la mascarilla y... ¡menuda decepción!

Cuando parecía que me ponía ojitos su boca lo desmentía. Los labios apretados en una boca de media sonrisa, irónica, ladeada, tensando el masetero… delataba el descontento que le producía hablar conmigo, porque con los demás en ningún momento vi tal cosa. Hasta su tono más irónico sólo lo empleaba conmigo… ¡Lo que hace una mascarilla! Yo lo oía siempre como el más cariñoso.

Fue en ese momento cuando me lancé a arrancar mascarillas de políticos, lo reconozco.

Si, puedo entender que creyesen que me había vuelto loca. Mi primer impulso iba directo a la yugular, fue así, pero me controlé. No entiendo por qué tengo que hacer terapia. Soy una tía muy normal.

Gracias por pedir que me retiren la camisa de fuerza

Un saludo

Virusa

 

 

 

 

 

 

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