En plan - Esperanza Tirado

                                         Muchachas, Amigos, Mesa De Trabajo

  

 

Sin hacerme ni un poquito de caso, es que ni me miró. O sea, no lo entiendo, tía. Si hace tres días me whatsappeó diciéndome que le putoencantaba. Que hasta me puso corazones rosas. ¡Rosas, tía! y ahora es como si me hiciera un bifeo así en plan random. No quiero sonar muy hater, pero creo que lo cancelo, tía. Es un fail en toda regla. Y yo que pensaba que era mi match perfecto.

 

 

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El hijo pródigo - Marian Muñoz

                                           In the Hospital Sick Male Patient Sleeps on the Bed. Heart Rate Monitor Equipment is on His Finger.

 

 

 

Es sabido que en la etapa de jubilación o te mantienes ocupado con diversas actividades o te aburres mirando al televisor. En mi caso tenía tantas cosas postergadas que el día no me daba para tanto como quería, pero me lo tomaba con calma pues las prisas nunca son buenas. Me encontraba en el supermercado haciendo la compra semanal, lleva su tiempo, porque me fijo si los productos son de España, si llevan en su composición aceite de palma, azúcar o sal en importante proporción, en esta etapa de la vida hay que ser muy cuidadoso con lo que se consume. Pues eso, que estaba delante de las mandarinas y suena mi teléfono móvil, ¡a mí que no me llama nadie! Extrañada compruebo que es un número muy largo, de esos de la administración, asombrada respondo y alguien al otro lado me pregunta si soy yo, le digo que sí, informando que mi hijo Otto está ingresado en el hospital tras una operación de urgencia, en la habitación 637. Tenía en la punta de la lengua decirle que no tenía hijo, pero sí dos hijas, más en ese instante le recordé y agradecí la llamada. Memorizando el número de habitación que acababa de oír, voy rápidamente a la caja, corriendo subo hasta casa a dejar la compra y en taxi para el hospital.

En la entrada a las plantas no me dejan pasar porque no tengo el pase, le cuento lo ocurrido y me reenvía a admisiones donde allí tras volver a contar lo mismo, me dan la dichosa tarjetita. Subo a la sexta toda acelerada y al entrar, en una de las camas, veo a Otto, dormido o no sé qué, porque estaba lleno de tubos por arriba y por abajo. Me acerco al puesto de enfermería por ver si me explican qué le ha pasado, ¡la información la tiene que dar el médico!, pero al contar que me acaban de llamar y no tener idea de qué le ha pasado, una enfermera amable me informa que le han operado de urgencia por una peritonitis bastante grave, tenía algo de sedación para que no tuviera dolores y el posoperatorio fuera mejor. Ya más tranquila consigo quedarme un buen rato esperando que despierte y dando algo de palique a su vecino de cama.

Vuelvo al día siguiente y parece estar algo despierto. Se asombra al verme y con cariño le regaño por no haberme avisado de lo mal que estaba. No soy su madre, ni siquiera familia, pero su abuelo y tutor fue mi vecino de puerta durante muchos años. Tiene la edad de mi hija mayor e iban juntos al colegio, como su abuelo tenía problemas de movilidad en las piernas, dijimos a la tutora del segundo curso que anotara mi nombre como el de su madre, por si había que acudir para alguna consulta o alguna urgencia. Estaba siempre en mi casa, en época de clases haciendo deberes con Adela, a él se le daban bien las lenguas y a ella las matemáticas, así que se ayudaban mutuamente. Sus padres trabajaban en el extranjero y si bien nunca venían de visita, en el cumpleaños o navidad siempre le enviaban regalos, aunque siempre prefirió el de mi casa. Cuando terminaron el instituto escogieron salidas diferentes y ahí se inició el distanciamiento. En una ocasión que se había caído en el recreo y le llevaron a urgencias, me avisaron como su madre, por eso en el hospital aún sigo constando como familiar más cercano.

Cuando falleció su abuelo, ya mayor, viajó donde sus padres y desde hacía unos quince años no le habíamos vuelto a ver. Al mirarle postrado en la cama, tan pálido y flacucho me dio mucha pena y no hizo falta preguntarle si lo estaba pasando mal, él solito lo contó, para justificar su ausencia a pesar de estar viviendo puerta con puerta en el piso de su abuelo.

Llegó a casa de sus padres sintiéndose un extraño, habían tenido dos hijos más, sus hermanos, pero desconocía su existencia y los otros a él. Habían rehecho sus vidas y él no era más que un pariente lejano para todos. Dormía en el sofá porque no tenían cama disponible, pensó en buscarse trabajo para así conseguir alojamiento, pero se encontraba incómodo en aquella situación y en aquel país, sobre todo con unos padres a quienes no les importaba. Desubicado, perdido, empezó a caer en depresión sin nadie a quien acudir y siendo extranjero en tierra de nadie. Se encontraba bastante mal cuando recibió llamada del administrador del edificio donde tenía el piso su abuelo, llevaban mucho tiempo sin pagar los gastos y el buzón estaba repleto de cartas que parecían de la compañía eléctrica o del ayuntamiento.

Al parecer sus padres se habían desentendido de la vivienda y no les interesaba para nada, ni siquiera para venderla. El recuerdo de su padre/abuelo, lo ordenado y limpio que era, cuanto le había inculcado esas costumbres, hizo que resurgiera de su letargo y volviera a casa de donde nunca debiera haber salido. Empezó a trabajar en lo que pudo y comenzó a pagar recibos y facturas aun quitándoselo de comer, porque lo primero era pagar y luego ya se vería. No había contactado conmigo por vergüenza, quería tenerlo todo en orden antes de vernos, y en su afán de trabajar había hecho caso omiso a los dolores, pensando que serían por el hambre.

Le visité todo el tiempo que estuvo ingresado, incluso mis hijas también lo hicieron, era como un hermano y así se lo hicieron ver. Al cogerle los objetos de valor hasta que le dieran el alta también le cogí las llaves de casa, entré para ver cómo estaba todo y si podía limpiar o recogerle algo, pero no hizo falta, estaba todo impoluto, su abuelo le había enseñado bien. Pero la nevera la tenía vacía, apenas un yogur o unas manzanas, así que decidí ponerle remedio. Cada vez que cocinaba para mi hacía una ración de más que llevaba a su congelador, así cuando le dieran el alta tendría algo para alimentarse, al menos hasta que pudiera volver a la normalidad.

La normalidad llegó unas pocas semanas después, retomó su trabajo y se independizó, igual que hicieron mis hijas, pero eso sí, un domingo al mes vienen los tres a comer a casa, con sus respectivos o sin ellos, pero lo importante es cultivar ese lazo familiar que nos ayuda en los malos tiempos. Y yo que puedo decir, que estoy encantada de haber recuperado a un hijo, aunque no sea de sangre lo es de sentimiento, bienvenido el hijo pródigo.


 

 

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Buscándome la vida - Gloria Losada

                                          Medios De Comunicación Social 

 

Lo perdí casi todo al mismo tiempo. Un día me despidieron en el trabajo por reestructuración de plantilla y al siguiente me dejó mi novio con la típica excusa del no eres tú soy yo. Me pasé unos cuantos días metida en casa llorando, no tanto por el trabajo como por haber perdido al amor de mi vida. Tenía un año de paro, así que decidí dedicarme a llorar y lamerme las heridas y una vez que se me pasara el disgusto ya me pondría a buscar ocupaciones. Pero mi novio era difícil de olvidar, el paro se iba agotando y yo no tenía ganas de peregrinar por las empresas. A lo mejor podía hacerme famosa por la web, abrir un canal de You Tube o una página de Instagram, conseguir tropecientos mil seguidores y que me empezaran a pagar por ello. La idea era estupenda, pero el problema estaba en qué hacer, qué decir, qué habilidades mostrar. Las posibilidades eran todas y ninguna, podía arriesgarme a hacer el imbécil, diciendo por ejemplo que era vegana y mostrando mi comida, aunque fuera mentira, podía hacer punto de cruz, macramé, maquillaje... lo intenté, pero nada dio resultado. En mi desesperación una noche compré una botella de vino y mientras bebía me grabé a mí misma poniendo a parir a mi novio. Le llamé de todo menos bonito. Subí el vídeo a mi canal de You Tube. A la mañana siguiente estaba arrepentida, pero cambié de opinión cuando vi las visitas y los seguidores. Y nada, pues que a eso me dedico, a poner de vuelta y media a mi ex desde hace más de un año y ya vivo de ello. Algunas cosas me las invento, bueno a estas alturas casi todo, pero ya estoy pensando en comprarme un piso. No es una forma muy ortodoxa de buscarse la vida pero…es lo que hay.

 

 

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La Gloria - Marian Muñoz

                                    Mano, Escribir, Pluma, Línea Arte

 

Estimado maese Miguel:

Disculpe mi atrevimiento al escribir estas líneas e importunar vuestro bien ganado descanso eterno, en mi humilde opinión sois vos el más grande entre los grandes genios de la pluma y solicito vuestra intercesión para una pequeña ayuda.

Permitidme que me presente, mi nombre es Mónica Siruela aficionada a la pluma desde bien infante. Debido a mi azarosa vida tuve que desatender mi vocación pues era menester dar de comer a la familia antes que rasgar el papel con mi pluma. Una vez que el destino me aportó cierta bonanza y confort mental he vuelto a retomar esta afición que con vos comparto. No os preocupéis, no pretendo llegar a vuestro nivel de grandeza, haber escrito numerosas obras de tan alta calidad, sobre todo la más grande por la que aún en esta era tan frívola de vivir se os reconoce un gran talento, me estoy refiriendo a El Ingenioso hidalgo caballero D. Quijote de la Mancha, obra maestra traducida a 140 lenguas, reconocida en cualquier rincón del globo terráqueo.

Soy consciente que una obra de tal calado necesita de un recorrido vital como el vuestro y francamente, no dudo que me ayudaría a plasmar con la pluma una gran obra, pero no es lo que tengo en mente, pues pienso que el sufrimiento mejor evitarlo si es posible, aunque sea para bien. Espero no disgustarle al mostrarle mayor admiración por sus Novelas Ejemplares o los temas pastoriles que con tanta destreza entretuvo a sus coetáneos. El caballero de la triste figura sólo hay uno y el proceso de crearlo posiblemente llevó muchos días y noches a la luz de una sencilla palmatoria en sus aposentos de Valladolid. He tenido el placer de visitar vuestra espartana residencia y admirar la mesa sobre la que habéis creado vuestros ilustres personajes, casualmente dispongo de una similar, aunque sin tanta historia sobre sus patas, por eso tras sopesar mucho enviaros esta carta, he decidido escribirla e incordiar vuestro bien merecido descanso para pedir un favor: recomiéndeme a una de sus musas.

Estoy segura que con una de ellas sería suficiente, tampoco la más importante sino una que me ayude en la tarea de crear ese libro o novela que permitirá mantener mi recuerdo en la mente de las generaciones futuras. No pido una obra maestra, tan sólo una que, si bien pase sin pena ni gloria en mi vida activa, sobreviva a mi muerte y consiga interés para que mi legado se llene de gloria, que todos hagan mención a mi creación y sea gustosa y admirada en una sociedad futura.

El mes que viene se celebrará la fecha de vuestro fallecimiento en todo el país. En teatros, colegios, centros cívicos y medios de comunicación se leerán párrafos de vuestra mejor creación, D. Quijote de la Mancha y en el club de lectura al que pertenezco desde hace diez años también lo haremos, será brindar un pequeño homenaje al más grande entre los grandes literatos que ha pisado la tierra. No es lo que pretendo, sino que una de sus tantas Musas me inspire a escribir mi opera prima y aunque no lo consiga en vida, pueda con mi muerte ser recordada por una única obra, y mediante ella pueda alcanzar la gloria tan soñada por todo escritor que se precie.

Deseo no sea impertinencia por mi parte molestaros con mi solicitud, si algo he de dar a cambio no tenéis más que decirlo que gustosa lo haré. Por cierto, mi nombre real es Mónica Ciruela, pero mi apellido es tan vulgar que lo he matizado con una S, indudablemente será más comercial.

Me despido de vos, Maese Miguel de Cervantes y Saavedra, con la esperanza de alcanzar la gloria con vuestra ayuda.

Avilés, a treinta y uno de marzo de dos mil veinticuatro

Mónica Siruela













 

 

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