A TRAVÉS DE LA LLUVIA - Marga Pérez

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A través de la lluvia


Se puso un día de perros. Lluvia buscaba el paraguas dándole vueltas a su nombre y sus consecuencias. Sus padres seguro que desconocían la crueldad de sus compañeros porque no entendía cómo se les había ocurrido ese nombre, aquí, donde no paraba de llover.

Lluvia creía que costarle tanto pensar de manera lúcida tenía mucho que ver con esa niebla persistente instalada en su cabeza. Su cuerpo sudaba a todas horas, sus manos mojaban lo que tocaban y su espalda chorreaba. Vivía en las nubes ¡Era LLUVIA!

- ¿No podría tener unos padres normales?...

- ¿Y si se cambiase de nombre? ... …

No había dónde guarecerse. Se empapaba y no lo sentía, estaba costumbrada.

Las manos húmedas resbalaban entre libros y cachivaches adolescentes buscando el paraguas y no vio al joven que se le acercó por detrás, la cobijaba con su paraguas. Al oírle hablar se dio cuenta que no estaba sola. Le sonreía a pesar de estar tan mojado como ella. Caminaron juntos, apretados. Charlaron después frente a un refresco y rieron con ganas. Lluvia sintió disiparse su niebla mental. El día de perros pasó a ser menos trágico y, orgullosa, descubrió que su nombre, a él, le entusiasmaba. Aquella noche no llovió.



Paragüas huérfanos - Esperanza Tirado

                                         

 

 


Los pliegan, los guardan en sus bolsos, y se marchan, antes de que el sonido de las sirenas de los zetas se escuche por la plaza. Aunque siempre se les queda algún paraguas huérfano que encuentra dueño enseguida. Los agentes llegan corriendo, pero lo único que encuentran es la plaza vacía,

Los vendedores van y vienen, como el viento y los paraguas, que nadie reclama.

Y ya son demasiados nombres, demasiadas caras borradas, un puñado de huérfanos que nadie sabrá de quién eran. O a donde iban.



 

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Memoria arrancada - Esperanza Tirado

                                            How To Cut A Tree Down With An Axe at Kimberly Knox blog

 

 

Fue el momento en que mataron al árbol cuando el silencio del barrio se volvió insoportable. Ese árbol llevaba más años en la calle que cualquiera de nosotros. Había visto mudanzas, besos a escondidas y veranos ardientes. En sus raíces jugábamos a hacer nidos de hojas y barro.

Cuando fuimos mayores, lo usábamos como punto de encuentro:

'Nos vemos en el árbol', decíamos.

Cuando cayeron las últimas ramas, los niños dejaron de jugar; un perro se sentó, atento, como si entendiera aquel duelo improvisado.

Y yo, desde mi balcón, sentí que habían cortado un punto básico de mi orientación, de mi memoria, de mi pertenencia al barrio.



 

 

 

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Latidos- Esperanza Tirado

                                        Avilés - El Arbolón | Fotos antiguas, Foto, Viajes

 

 

Fue el momento en que mataron al árbol cuando todos los que vivían dentro de él se dieron cuenta.

Uno de los leñadores, al tocar el tronco abierto, sintió los latidos, que lo dejaron inmóvil; con el hacha suspendida en el aire mientras un escalofrío le recorría la espalda.

Un rumor tenue se filtró entre las grietas, como una respiración débil, casi moribunda. El hombre se retiró, sintiendo que aquella madera rota lo estaba mirando. Los demás hombres, al verlo pálido y en silencio, se acercaron.

El suelo vibró apenas, como un latido final. Nadie volvió a levantar el hacha.



 

 

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Donde habita la memoria - Esperanza Tirado

                                          

 

 

Miré a mi alrededor en aquella salita. La lámpara de luz temblorosa, el sillón gastado, las estanterías abombadas por el peso… Y pensé que aquel rincón, tan sencillo, contenía más historias que cualquier álbum de fotos.
Todo me hablaba de reuniones en familia, tazas de chocolate caliente y deberes escolares tras cristales empapados por la lluvia.

No había nada extraordinario. Quizá por eso, emocionada, regresé a aquellas tardes con mis hermanos.

Entonces recordé a mi madre sentada en aquel sillón, remendando nuestros uniformes y refunfuñando sobre “cómo era posible que estos niños gastaran rodilleras como si fueran de papel”.



 

 

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Código oculto - Esperanza Tirado

                                              

 

Había tenido el cuidado de precisar la edad aproximada del esqueleto encontrado en la excavación anotándolo todo en una etiqueta con código personal oculto:

Hembra. Adulta. Sin signos de embarazos. Restos de agua en los pulmones. Sin marcas de heridas mortales. Edad avanzada, para su época. Posible causa de defunción: ahogamiento o asfixia.’

La que le entró a ella cuando en el Museo leyó la cartela con el nombre de su compañero de expedición en primer lugar.

El de ella, en cambio, parecía no haberse descifrado.

 

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Luz antes del gris - Esperanza Tirado


                                        

 

Había tenido el cuidado de precisar la edad de su joven esposa para evitar miradas inquisitivas en los hoteles donde se detenían. Él apenas superaba los veinte; ella, con sus diecisiete recién cumplidos, lucía un aire entre tímido y resuelto que desmentía su corta edad.

Viajaban en un tren que avanzaba lentamente hacia la costa levantina para pasar allí su luna de miel. Su destino les recibió con el brillo sereno de la luz mediterránea.

Disfrutaron de aquellos días soleados, por el paseo marítimo, tomados de la mano, sin hablar demasiado.

Sabían que, al regresar, todo volvería a su cauce estricto y sombrío, sin rendijas para el color.



 

 

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