Renacida - Esperanza Tirado

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Solo me deja llevarlo un rato, pero con eso me conformo. Mientras arropo al bebé y le hago cosquillas, me siento renacer. Le canto bajito, lo acuno, siento su calor, o quizá es el mío el que se transmite.

A veces, cuando me asalta el impulso de darle el pecho, disimulo, toso, digo que ya me pesa y le devuelvo el muñeco reborn a mi hermana.

El próximo que haga se llamará Alma —me promete.
Yo le sonrío, agradecida, mientras la mía aún está sanando.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Prescripción facultativa - Marian Muñoz

                                  Ilustración de Sistema De Digestión De Flatulencias Icono Doodle ...

 

 

Como periodista siempre estoy a la caza de noticias que interesen al lector. Los temas pueden ser diversos, pero protagonistas de carne y hueso son los más apreciados porque de la vida de otros siempre se puede aprender o alguna moraleja sacar.

Nuestra protagonista de hoy es Carmina, de edad indefinida como toda mujer que se cuida. Muy apañada al percibir una pequeña pensión, aún se vale por sí misma y por consecuencia vive sola. Su hijo al que cariñosamente llama “mi Ramonchu” vive en otra ciudad. Tanto él como sus amigas la tienen como huraña y extravagante, sólo porque no gusta de frecuentar cafeterías o restaurantes y cuando tiene visita trata enseguida de deshacerse de ella. Diríamos que es una mala anfitriona.

Cada quince días “mi Ramonchu” y su marido van a su casa a comer, una pareja encantadora que impepinablemente terminan renegando pues nada más terminar el café pos comida siempre les echa de casa con diversas artimañas. En realidad, las apariencias engañan porque Carmina es un pedazo de pan. Su comportamiento es causado por un problema intestinal de estreñimiento. Problema controlado gracias a unas maravillosas pastillas recetadas por su médico, lo malo es que, tras ingerir alimentos, dicha medicación provoca gases, mejor dicho, flatulencias. El galeno recomienda expulsarlos siempre porque mantenerlos en su interior pueden ser peligrosos. Por dicha razón Carmina tras cada comida tiene que echar cuescos. Para los que no os enteráis, pedos, pedetes o pedorros según lo que hubiera ingerido en ese día.

Nuestra protagonista está concienciada y no desea propagar su fragancia al resto de comensales, ya se sabe, el comedor de un restaurante es un recinto cerrado con mesas cercanas y algunos pueden sentirse abrumados por su reciente almuerzo. En casa más de lo mismo, por eso en cuanto toman el postre o café, con buenos modos echa a su hijo y su yerno, el asunto le avergüenza tanto que no les confiesa su problema.

Cada vez que “Mi Ramonchu” la visita intenta convencerla de ingresar en una residencia, estaría más cuidada y sin tanto trajín de compras, limpieza o soledad. Aunque su secreta intención es la de ocupar la casa de sus padres, más espaciosa que su pequeño apartamento. Su madre ni lo contempla ¿cómo iba a expulsar sus ventosidades, recetadas por el facultativo, estando rodeada de viejas, aunque también huelan a pañal húmedo? No, siempre respondía que aún no estaba preparada, por no agraviarle.

Ella vive feliz en su casa, aireándola para no saturar el ambiente. Los años van pesando y Carmina al caerse por un tropezón se hizo un esguince de muñeca. No podía cocinar, ni cortar, ni barrer, al no deber forzar su mano. “Mi Ramonchu” estuvo al quite aconsejándola irse por unos días a una residencia donde la atenderían en todo lo necesario para poder curarse. En ese momento no le importaría, pero tendría que ser una en la que pudiera airearse a gusto sin molestar a residentes ni visitantes, porque sus problemas intestinales son su mayor preocupación.

Reservaron plaza en el asilo, lugar idóneo al disponer de habitaciones muy amplias, salas de estar inmensas y un detalle muy importante, grandes terrazas y bonitos jardines. Mientras su hijo se frotaba las manos planeando su nuevo alojamiento, ella se decidió. La asistente social inició los trámites ante la Seguridad Social. Para su sorpresa Carmina no cobraba pensión de viudedad. ¡Imposible! dijo ella, todos los meses entra un ingreso en mi cuenta del banco, no es muy grande, pero con él me apaño, ¡tiene que ser un error!

La trabajadora contactó con su hijo, ignorante del tema. Éste acercó a su madre al banco para indagar quien le hacía su ingreso mensual, y no, no era la Seguridad Social sino un fondo hipotecario. Al morir su marido nadie había reclamado la pensión de viudedad, su hijo ni se preocupó y ella recibiendo esa pequeña paga le pareció suficiente. Puestos al habla con el citado fondo, les informaron que su padre y marido había contratado una Hipoteca inversa, cada mes pagaban una cantidad acordada hasta que ambos fallecieran y si abandonaban el piso, el fondo se haría cargo del mismo.

Mi Ramonchu” se quedó descompuesto, no podía trasladarse a la vivienda de su madre y gracias a la solicitud de la asistente social le reconocieron a ella una pensión de viudedad. Al recibir dos pagas, nuestra protagonista pudo optar a una habitación individual, donde podía tirar, según prescripción facultativa, los pedos, pedetes y pedorros que se le antojaran sin molestar a ninguna compañera, eso sí aireando debidamente cada día para que las monjitas no se marearan.



 

 

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Lo que fuimos - Esperanza Tirado

                                       

 

 

He trabajado desde niño en un hotel de mala muerte que pertenece a mi familia desde generaciones. 

Nunca me cuestioné cómo, ni por qué lo adquirieron. Nadie hacía preguntas: Ni dueños ni clientes. 

Nosotros nos deslomábamos trabajando, arreglando cañerías goteantes, limpiando habitaciones que olían a desinfectante barato y resignación, acumulando facturas de todo tipo. Y los huéspedes entraban y salían, intentando recomponer sus vidas, buscando una cama provisional que mitigara sus incertidumbres.

Mi padre decía que, mientras hubiera huéspedes perdidos, habría trabajo para la familia.

Un día dejaron de venir, y no supimos qué hacer. Nos sentamos en recepción, esperando. 

Ahora formamos parte del mobiliario.



 

 

 

 

 

 

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París bajo sus pies - Esperanza Tirado

                                            Degas' Dancers: How the Painter Depicted Ballerinas in His Art

 

Mañana las tropas alemanas entrarán en París. Así lo anunciaba Madame Schneider, mientras anotaba fechas en su gastado calendario.

Sus “tropas” eran su ballet. Invitados a un renombrado festival del verano parisino, llevaban meses ensayando sus coreografías.

Cuando entraron en escena, no traían más armas que sus pliés, jetés y grands battements.


—Conquistad París —les rogó.

Sus ‘niños’ bailaron con tal maestría que Madame se sumió en éxtasis, recordando viejos triunfos.

Al terminar, uno de los organizadores comentó:

París es tuyo.

 —Oui, Paris est à moi. —respondió ella en un susurro, mientras sus bailarines la rodeaban, orgullosos.

La ciudad había vuelto a sucumbir bajo sus pies.

 

 

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Costumbres reales - Esperanza Tirado

                                        Luxurious Throne A 3d Rendering Of A Red Royal Chair With A Red Carpet ...

 

 

Hasta que la quisieran como se quiere a una madre, ahí os quedaréis, ordenó.

Ninguno dio su brazo a torcer ante la decisión real. A pesar de ser su padre el Rey, el recuerdo de su verdadera madre nunca perdería el lugar que, por derecho, siempre le correspondió en sus corazones.

Una tras otra fueron pasando por la cama del Rey.

Sus hijos adultos, encerrados en los sótanos, eran cada vez  más numerosos. Unidos, lograron liberarse. Decidieron que sería uno de ellos quien ocuparía el lugar de su Padre, rompiendo así la costumbre real. Contemplando el dorado trono, enormes grietas resquebrajaron la unión fraternal.

 



 

































 

 

 

 

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Mente activa - Esperanza Tirado


                                                 Viuda Joven Que Lleva Velo Negro Foto de archivo - Imagen de joven ...

 

Pagaba al asesino por el trabajo realizado un mes después de cada encargo. Se reunía con cada uno en distintas localizaciones de la ciudad. Adoptaba diferentes identidades según la categoría del contrato. Ponía el máximo cuidado para evitar mencionar nombres de previos contratados. 

Su mente, activa e ingeniosa, consiguió crear una amplia red de sicarios e informantes de la que nadie conseguía escapar. 

Solo la mirada de aquella viuda negra le nubló la razón, haciéndole sentir unos escalofríos mortales. 

 

 

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Susurrando al cielo - Esperanza Tirado

                                                  

 


En mitad del cielo, una nube deja de moverse. Los niños miran hacia ella, intrigados.

Está escuchando—, dicen los más viejos del lugar, sentados de tertulia en un banco de la plaza.

La nube permanece quieta horas, luego días, que se convierten en meses.

Uno de los ancianos decide hablarle, le cuenta historias de cuando la lluvia anunciaba cambios y las tormentas daban miedo, pero también vida.

Es otoño; con el viento de las castañas, la nube tiembla, se oscurece y deja caer una gota, gruesa y brillante.

Cae en la palma del anciano.

Gracias —le susurra a la nube antes de desvanecerse entre la tierra húmeda.




Primera frase en negrita: Inicio de La Península de las Casas Vacías, de David Uclés


 

 

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