
¡Este
café además de caro esta malísimo! ¿no habrá nadie que presente
una queja o reclamación? ¡cómo la van a presentar! Los usuarios de
la cafetería del aeropuerto no tienen tiempo, tomarán este brebaje
igual que yo, con prisa y pendientes de la llamada de su vuelo.
Me
ha costado decidir dónde irme unos días de relax, está el planeta
que tira cohetes por todas las esquinas, ni en Europa estamos mejor
con el tema de Ucrania o la deseada Groenlandia, por no hablar de
Canarias con las pateras o el Mediterráneo con tanta lluvia escupida
por las nubes. Me resultó difícil encontrar un cachín de
territorio donde disfrutar de unos días de asueto.
Tras
el fallecimiento de papá tres años después llegó el de mamá.
Hasta esa fecha habíamos sido una familia, los hijos preocupados por
nuestros mayores e intentando coordinar su atención. Pero en cuanto
falleció nuestra madre, todo se revolucionó. Mis tres hermanos con
sus respectivas iniciaron la febril locura de deshacerse de todo, con
prisa, había que vender el piso cuanto antes. La ropa, sabanas,
toallas, manteles y enseres textiles varios fueron revisados por las
féminas para ser metidos en bolsas de basura o bolsas de
supermercado éstas últimas para la parroquia. Los objetos de
adorno como jarrones, figuritas, libros o vajillas no les valían ni
uno, todo para tirar.
Fui
la última en llegar, no sólo como hija sino como invitada al
aquelarre destructivo. Ahora entendía sus casas minimalistas, los
objetos molestan, al contrario que a mí, todos tienen un mensaje, un
recuerdo, un momento en que llegaron a nuestra vida y ellos me lo
querían arrebatar. Vale, quizás es que soy una sentimentalona,
pero aun estando caliente el cuerpo de mamá se pusieran a revolver y
decidir tirar todo, francamente me dolió en el alma.
Diez
bolsas con ropa, mantas, sabanas y qué se yo, porque ni siquiera
pude ver lo que guardaban en ellas. Cuadros, fotos y figuras
religiosas apoyados contra la pared aguardando ser embolsados y
tirados. Me puse de los nervios, objetos recopilados en toda una
vida eran despreciados por mis hermanos, casi me saltan las lágrimas,
cuando el mayor dijo: Ya
es tarde, dejémoslo para el finde que viene. Y
uno a uno se largaron dejándome sola entre aquel caos.
Volví
a casa apesadumbrada, sabía de sobra que no podía hacerles entrar
en razón y que algunos recuerdos permanecieran en la familia, aunque
menuda familia, desperdigada por medio país y relacionándose
exclusivamente para atender a nuestros padres. Al ser la pequeña
ninguno me tenía en consideración, llegué cuando nadie me
esperaba, si bien pillé mayores a mis padres recibí lo mejor de
ellos al ser la única a quien atender y hacerlo con más calma.
En
dos días me decidí, alquilé una furgoneta y junto a dos amigos me
acerqué hasta la caótica vivienda llevándome todo lo que pude. Su
destino, un guardamuebles cerca de mi casa, la idea era que con
tiempo y paciencia ir revisando cada objeto viendo si me lo quedaba,
lo regalaba o vendía, deseaba despedirme de ellos, habían sido mis
compañeros de vida durante mucho tiempo y todos tenían una historia
que contar.
Cuando
al siguiente sábado llegó la banda terminator,
sólo quedaban los muebles que por volumen no pudimos llevarnos.
Como locos mandaron mensajes: ¿Qué
has hecho con las cosas del piso? Las
tiré, respondí, ¿no era eso lo que queríais? cogí un día libre,
llamé al ayuntamiento y se llevaron todo. No sé si parecían
apesadumbrados o aliviados, pero no dijeron más y supe de ellos una
semana más tarde.
-
Hermanita,
nos dan por el piso cincuenta ¿qué te parece?
-
¿Qué?
¡Ni hablar! Es piso vale mucho más, ¿has pensado cuanto
corresponderá a cada uno? No, ni hablar, yo lo pondría en
doscientos cincuenta, si en tres meses no llama nadie, lo bajamos a
dos veinticinco y si en otros tres nadie se interesa, entonces lo
pondría en doscientos, verás como te lo quitan de las manos.
Seis
meses después llamó todo contento: ¡nos
dan doscientos!
Ya te dije que ese piso en el centro y a pesar de estar muy
trallado, era un caramelito. Vale, avísame para ir al notario y nos
vemos. Justo el 31 de octubre firmamos la venta y mi hermano
poniéndose medallas del logro, casi me lo tiro al pescuezo. Marché
sin que me vieran llorar. Al día siguiente nos encontramos en el
cementerio, mucho ramo, mucha ropa negra y con prisas de volver a su
espléndida vida. O sea, el muerto al hoyo y el vivo al bollo,
espero que disfruten de la herencia.
Aproveché
el puente de la constitución para ir revisando cosa por cosa
almacenada en el trastero. Mi piso pequeño comenzó a llenarse,
compré una estantería para la entrada y seguir colocando recuerdos.
Casi todo me valía. Los cuadros los desarmaba, limpiaba o pintaba
los marcos y los colgaba. Empezaba a escasear el espacio, no me
desanimé. Llegaron las fiestas navideñas y ninguno llamaba, tres
hermanos, tres cuñadas, cinco sobrinos y ninguno tenía tiempo para
una simple llamada. El grupo de WhatsApp estaba mudo desde la venta
del piso, decidí dar el primer paso la tarde del 22 por ver si
habían sido agraciados con la lotería. Muy buenas palabras, pero
ninguno me invitaba a su casa sabiendo que vivo sola. Me encorajiné
y mentalmente les di pasaporte, disfrutando las fiestas con mis
recuerdos y redecorando mi entorno.
Fue
el día 28 cuando escogí aquel cuadro, recordaba verle toda mi vida
en el dormitorio de mis padres. Colgado en una esquina sombría pero
visible desde sus camas. La intención era desarmarlo, limpiarlo y
colgarlo. Era una imagen un tanto extraña, mis padres eran de
gustos clásicos y aquel dibujo no sabía cómo enfocarlo, si
estuviera del revés o simplemente fuera así. Al quitarle la
protección trasera apareció una hoja de papel a rallas con unas
letras. La tinta gastada por el paso del tiempo, pero aún se leía:
Para LuMaSa, felicidades y enhorabuena por la boda. Con cariño de
PaRuPi, 1908/5/5.
Más
parecía un mensaje en clave que una felicitación, pasé la
nochevieja observando el cuadro, mirando cada esquina, cada trazo,
cada tono por ver si escondía el nombre de su autor porque PaRuPi no
me sonaba. Al despertar en Año Nuevo me acordé de Alonso, primo de
mi padre, aún estaba en forma y con buena memoria. Le comenté
haber encontrado una carta antigua y lo que ponía por si sabía
descifrar el mensaje. A la tercera se dio cuenta que la fecha sería
seguramente la boda de mi abuelo Luis, su tío, el nombre en clave
Luis Martínez Sánchez, pero quien la firmaba no tenía ni idea.
Intrigado iba a preguntar a otro primo de la familia por ver si él
recordaba a alguien con esas siglas.
Justo
en Reyes llamó, como si hubieran llegado en camello, informó que el
PaRuPi era Pablo Ruiz Picasso, a pesar de ser unos años mayor que
ellos, mi abuelo y sus hermanos fueron colegas de correrías en la
infancia. Se conoce que se enteró de la boda del abuelo y envió
esa felicitación y el dibujo como regalo. No conté la verdad del
asunto, pero en cuanto colgué no podía dar crédito a mi suerte,
tener delante un Picasso, ¿sería de verdad o una simple broma?
Pasaron
las fiestas y mi tiempo libre lo invertía en cómo averiguar si era
auténtico. Rabilando por internet encontré en la casa de subastas
Smythson ubicada en Madrid un apartado donde la gente podía
consultarles sobre la autenticidad de alguna obra. Hice varias fotos
y las mandé, no perdía nada por intentarlo. Mes y medio más tarde
recibí un mail de la citada casa pidiéndome ver el cuadro
presencialmente. Dudaba, pero como no tenía nada que perder, me
tiré a la piscina y les animé a visitarme, el cuadro no saldría de
mi casa salvo garantías.
Una
señorita impecablemente vestida y con material para ver la obra, o
sea, guantes, lupas varias, Tablet con información, vamos muy
preparada. Insinuó que parecía ser auténtico, pero tenía que
contrastarlo con otros profesionales. Si se lo pudiera llevar me
firmarían un contrato con derecho a devolución al terminar su
estudio. Por mail me enviaron información, leí atentamente y
parecía estar correcto. Una tarde se presentó la misma señorita
llevándoselo, aunque no la carta, esa me la quedé yo. Mes y medio
más tarde llamó diciéndome que era auténtico, era una obra de sus
inicios, preguntando si estaba interesada en venderlo. Respondí que
si valía dos o tres mil euros me lo quedaría, pero si valía algo
más lo pensaría. Oí una risita al otro lado del teléfono en
principio estaba tasado en novecientos mil, esperando que alguien del
museo de Málaga le diera el valor correcto.
Por
un momento me faltó el aire, era mucho dinero, llamarían tras la
última evaluación. Ganaba tiempo para pensar en la venta ¡claro
que estaba dispuesta! Mi Pepito Grillo recordó que el cuadro era de
mis padres y mis hermanos también tenían derecho a su parte. ¡Por
encima de mi cadáver! Con lo descastados que son, ni un euro les
doy.
Quince
días después llamé informándome de las gestiones de venta en
subasta y si mi nombre podría quedar en el anonimato ¡claro que sí!
aunque hacienda lo sabría. Me adelanté a la jugada presentando
declaración complementaria de sucesiones incluyendo varios cuadros y
jarrones además del Picasso. Lo valoré en un millón teniendo que
solicitar un préstamo para abonar el impuesto. Habiendo gestionado
el tema, llama la señorita del Smythson para firmar con ellos,
valorando la obra en millón ochocientos. No cabía en mí de gozo,
me pareció genial, acudí a la subasta por ver como un extraño se
llevaba ese pequeño recuerdo del dormitorio de mis padres, no creo
que fueran conscientes del valor del dibujo ¿o sí?
Dos
millones trecientos trece mil fue el final de la puja, hacienda se
llevó un buen pico sin mover un dedo, pero pude comprarme un
apartamento en el centro con una gran terraza y vistas a las
montañas. En el trabajo comenté pillarlo barato y gracias a la
herencia de mis padres. A mis hermanos no les dije nada, todavía
estoy esperando que me llamen, espero que disfruten de la herencia
igual que yo.
Están
llamando para subir al avión, me llevará a unas vacaciones a todo
tren, Galicia mi mejor opción, buen marisco, buen vino, buena carne
y estupendos hoteles.

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