
—Mañana las tropas alemanas entrarán en París. Así lo anunciaba Madame Schneider, mientras anotaba fechas en su gastado calendario.
Sus “tropas” eran su ballet. Invitados a un renombrado festival del verano parisino, llevaban meses ensayando sus coreografías.
Cuando entraron en escena, no traían más armas que sus pliés, jetés y grands battements.
—Conquistad
París —les rogó.
Sus ‘niños’ bailaron con tal maestría que Madame se sumió en éxtasis, recordando viejos triunfos.
Al terminar, uno de los organizadores comentó:
—París es tuyo.
—Oui, Paris est à moi. —respondió ella en un susurro, mientras sus bailarines la rodeaban, orgullosos.
La ciudad había vuelto a sucumbir bajo sus pies.

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