Truco hueco - Esperanza Tirado

                                            Martillo y clavos  - Foto de stock de Martillo - Herramienta de mano libre de derechos

 

 

Se apresuraron con el martillo y los clavos, corrieron hacia la pared indicada y allí fueron clavando uno por uno todos los clavos hasta que no quedó hueco en la pared. Llegó el turno del segundo equipo. Cuando sacaron el último clavo, la pared se derrumbó, aprisionando a algunos del primer equipo. Ambas estrategias tenían muchos huecos, dictaminó el jurado. El premio del reality a la mejor construcción de decorados quedó desierto.

 

 

                                                 Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

Terapias - Esperanza Tirado

                                            Habitación, Cortina, Moisés, Bebé, Cuna

 

 

Me está encantando clavarle agujas a este muñeco. Es tan real que pareciera mi hermano, dormidito en su cuna. Mis padres piensan que tengo celos de él. Por eso me han traído a la consulta de esta señora. Es médico, dicen. Pero no lleva bata blanca ni te receta pastillas. Cuando vuelvo a casa, me acerco a la cuna, mi hermano duerme tranquilo. Mis padres parecen contentos. Y yo me voy a mi cama con la mente en blanco.


 

 

 

                                                       Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

Es una lata - Esperanza Tirado

                                           Vela, Mano, Luz De Las Velas, Llama

 

 


Nada más cerrar el libro cayó en su regazo una diminuta bota. A continuación otra, y después un personaje diminuto de raza mixta, dueño del calzado.

-‘¿No quieres saber más de nosotros?’ -preguntó, entre triste e intrigado.

-‘Claro que sí. Me encantaría conocer mejor vuestro mundo’ –respondió ella seria –Pero en el mío tengo responsabilidades, horarios que cumplir, un trabajo…’

No pudo seguir. Un tirón fuerte oprimió su pecho para a continuación experimentar una sensación de armonía y bienestar que la hicieron sonreir.

Mañana no tendría que madrugar.

 

 

 

                                                    Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

El día que nací - Marga Pérez

                                                 Orujo - Alchetron, The Free Social Encyclopedia

 

Y siguiendo sus costumbres, que nunca fueron un lujo, bebamos en su memoria una copina de orujo… ¡chin, chin! Genarín, Genarín, otro año… Y otra vez mi cumple… el día que nací, y a él lo atropellaron, era viernes santo… sesenta años tuvieron que pasar para que volviese a coincidir con mi cumpleaños… No te rías ¿eh? Hace na era como tu… sí, sí, como tú… ¿Sabes? Fue un día importante, sí señor, un dios murió y nací yo ¡ja, ja,ja! Memorable para mi, sí, también para mamá y papá y, no sé si por el mismo motivo… ¡Chaval! Lo mío de cajón, si no viviese no podría celebrarlo… ¡ja, ja, ja! Cuántos años alrededor de una mesa, con tarta, velas… una más cada año ¡claro!... ¿Por qué porras te cuento esto?... Es igual, te tocó, mañana ninguno de los dos nos vamos a acordar… aguanta, chaval, es importante, historia viva…¡ja, ja, ja! Igual ya te lo conté … apagaba las velas, cantábamos el cumpleaños feliz a voz en grito y ahí, justo ahí, empezaba mamá… justo ahí, sí, ¡cómo jodía! Empezaba con la última cena… antes del parto ¡coño! No era tan mayor… ¡ja, ja, ja! Brindemos por eso… Pues contaba cómo fuera aquella cena, cómo rompiera aguas, cómo se le repetía la morcilla… A quién se le ocurre cenar morcilla estando a punto… Y papá que no llegaba y cómo gritaba y se retorcía, y cómo llamaba a la vecina y mojaba el rellano frente a aquella puerta que tardaba en abrirse y cómo le dolía y… cómo dolía aquello… Yo apretaba las piernas oyéndola con aquel dolor que tan bien escenificaba… me atravesaba como si fuera mío. En uno de esos relatos fue cuando decidí no tener hijos… lo entiendes ¿verdad?... bueno, me importa un carajo, no quise hijos y punto… ¡Viva Genarín! Esto sí es una celebración… brindando por los cuarenta años, que no son moco de pavo… con mi cumple no aguantaron tanto, total, pa oir dolores de parto y morcilla que se repite entre gritos y reproches… Sí, porque papá no apareció aquella noche, ni al día siguiente… andaba de peregrino… ¡ja,ja, ja! Por el Húmedo ¿por dónde crees que estaba?... Pues sí, aquí, en el entierro de Genarín. De algún sitio tenía que venirme a mí esta tradición, y eso que se prohibió ese mismo año… sí, cuando yo nací fue la última… El gobernador civil ¿Quién iba a ser? ¡Hijos de su madre! ¡Franquismo de mierda!... hasta el 78 que volvimos… Fue cuando yo estaba con Jose, sí, el del bar… Cuarenta años… No me lo creo… ¿recuerdas tu primera borrachera?... yo si… ¡qué va! Fue con mis viejos y montón de familia, en el pueblo… Fue de vino tinto… vino va, vino viene ¡ja, ja, ja!... Tinto pero que muy tinto… sí, en la fiesta grande… ¡Menuda comilona!... Doce años… sí, sí, que síííí, que tenía doce años. Papá me cogió en brazos, no pude levantarme de la mesa y me acostó en una cama que olía a cuadra y a humedad… Es curioso, lo huelo cuando bebo tinto… no me había dado cuenta… ¡Ja, ja, ja! ¡qué bueno! Olor motivado por el sabor… ¡Viva Genarín! ¡Viva!...  Debería grabarlo, mañana no me voy a acordar… ¡bah! ¡Qué más da!... ¿y si mojo en coñac y azúcar volveré al chupo de bebé? Debía ser muy llorona… estarían cansados… Yo no sé qué haría con cuatro críos tan seguidos, y tres, niños, brutos brutísimos… todo el día peleando… Mamá se quejaba mucho pero… ¿coñac con azúcar en el chupo?... ¿Te queda algo? Esto no da más de sí, un trago y a repostar… Genarín, Genarín, hiciste que papá me conociese al día siguiente de nacer y no en muy buen estado pero, al saber que era una niña se alegró tanto… mamá lo perdonó enseguida… ¿Sabes? No me encuentro bien… no sé qué tengo… Me hicieron unos análisis… será la pila ¡Ja, ja, ja! La pila de años que tengo ¡ja, ja, ja! Chiste viejo… lo contaba papá… ¡Brindemos! En mi cumple ya no estará con la copa de anís…siempre me despertaba así, con una copa de anís… ¡Buenos días cumpleañera!... En cuanto salí a celebrarlo por mi cuenta se acabó… ¡Claro, no estaba para copa de anís… ni pa na! Tiene gracia, ahora, después de tantos años sin él y lo echo de menos… ¡Dios lo tenga en su gloria! ¡Viva Genarín!...  Sabes que el médico me preguntó si bebía y, sin esperar a que contestase, va y me dice, bueno, lo normal ¿no? ¡ja, ja, ja! ¿qué le iba a decir? Pues eso, lo normal… Fue todo normal, no hice nada diferente al resto… al menos no de mi familia ¿O no? Aunque tuve más suerte que mis hermanos… A la mujer de Paco no hay quien la aguante, se llevan fatal… bueno, los hijos tampoco lo aguantan a él, es imposible hablar sin acabar discutiendo… Yo ya ni me molesto, ni razona, ni escucha ni nada de nada ¡Que se jodan!... Pablo perdido sabe dios por dónde, navegando… más raro que un piojo verde y de Jorge ni hablemos, ya lo conoces, no cuaja con nadie, un juerguista, sí, como papá, con la diferencia que él, a pesar de todo, sacó una familia adelante… No me puedo quejar, Sebas es legal, siempre está ahí y eso que sabe lo que hay, yo también lo sé… no es un santo ¿sabes? y tampoco lo quiero ¡Qué aburrimiento!... ¿Y si el médico me dice que tengo algo?... ¡Qué me va a decir!... No voy a dejar de beber, mira lo que te digo, prefiero morir a tener que verlo todo color gris… A mí me gusta el rosa, sí, y las rosas, las risas, las fiestas… ¡Ja, ja, ja! ¡Viva Genarín! ¡Viva!... ¿Mañana me despiertas con una copa de anís? Es mi cumple… ¿sabes,chavalín? Viernes santo otra vez… Sesenta años sin coincidir, Genarín, chavalín ¡Ja, ja, ja! Viva la madre que te parió… hay que repostar, ya no hay gasolina… Ve tú, te espero… que sí, que de aquí no me muevo… Ya estás tardando ¿vale chaval?

 

 

                                                   Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

¿Dónde estás? - Esperanza Tirado

                                          Los sueños de Ambrosio: Terry un perro vagabundo


Entre el tanatorio y la oficina de objetos perdidos ladro a todo lo que se me cruza. No puedo evitarlo. Mi dueño me dejó allí, en esa encrucijada en la que quedan restos del coche en el que íbamos aquel día. A nadie le ha importado que el coche siga ahí, hecho un amasijo de hierros oxidados. Y a mí ni me miran; al contrario, me evitan, cada vez más flaco y rodeado de moscas y pulgas. Y quiero preguntar dónde está. Pero no me sale, porque solo ladro y les asusto aún más.

Le echo de menos, tengo frío y hambre, me pica todo y quiero que volvamos a casa.


 

                                              Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

La verdad - Esperanza Tirado

                                           ¿Conoces el mito de la caja de pandora? – Ya te enteraste



 

Abrió con su propia llave la caja de Pandora esperando encontrar la carta de la verdad. Cuando esta se enteró gritó maldades a los cuatro puntos cardinales.

'Perdón', le susurró, arrepentido y mirando al suelo, como un niño pillado en falta.

'Ya es tarde', respondió ella. 'La verdad no siempre es agradable para quien la encuentra. Y, en ocasiones, la retuerce en su beneficio'.

Antes de terminar la frase, una tormenta de malas ideas cayó sobre sus cabezas, torturando sus pensamientos. Pandora logró retener una esquina de esperanza.


 

 

                                                    Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

Jugada maestra - Esperanza Tirado

                                               La Anciana Está Pasando Tiempo Con Su Linda Nieta Foto de archivo ...

 


Entonces seré yo quien necesite un amigo imaginario también, contestó mi nieta con toda la razón de sus siete años.

Yo, su abuela, toda la vida hecha, cerca de los ochenta, aún no me hacía la idea de que mi compañera de habitación de la residencia se había ido para siempre. A veces me sorprendía preguntando qué había de comer o si le apetecía jugar al mus. Mi hijo me pilló en alguna de esas, con gesto preocupado. Y yo le guiñaba el ojo a mi pequeña, y ella me sacaba la lengua hacia un lado. La jugada nos salía siempre bien.

 

                                             Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.