Buscándome la vida - Gloria Losada

                                          Medios De Comunicación Social 

 

Lo perdí casi todo al mismo tiempo. Un día me despidieron en el trabajo por reestructuración de plantilla y al siguiente me dejó mi novio con la típica excusa del no eres tú soy yo. Me pasé unos cuantos días metida en casa llorando, no tanto por el trabajo como por haber perdido al amor de mi vida. Tenía un año de paro, así que decidí dedicarme a llorar y lamerme las heridas y una vez que se me pasara el disgusto ya me pondría a buscar ocupaciones. Pero mi novio era difícil de olvidar, el paro se iba agotando y yo no tenía ganas de peregrinar por las empresas. A lo mejor podía hacerme famosa por la web, abrir un canal de You Tube o una página de Instagram, conseguir tropecientos mil seguidores y que me empezaran a pagar por ello. La idea era estupenda, pero el problema estaba en qué hacer, qué decir, qué habilidades mostrar. Las posibilidades eran todas y ninguna, podía arriesgarme a hacer el imbécil, diciendo por ejemplo que era vegana y mostrando mi comida, aunque fuera mentira, podía hacer punto de cruz, macramé, maquillaje... lo intenté, pero nada dio resultado. En mi desesperación una noche compré una botella de vino y mientras bebía me grabé a mí misma poniendo a parir a mi novio. Le llamé de todo menos bonito. Subí el vídeo a mi canal de You Tube. A la mañana siguiente estaba arrepentida, pero cambié de opinión cuando vi las visitas y los seguidores. Y nada, pues que a eso me dedico, a poner de vuelta y media a mi ex desde hace más de un año y ya vivo de ello. Algunas cosas me las invento, bueno a estas alturas casi todo, pero ya estoy pensando en comprarme un piso. No es una forma muy ortodoxa de buscarse la vida pero…es lo que hay.

 

 

                                                 Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

La Gloria - Marian Muñoz

                                    Mano, Escribir, Pluma, Línea Arte

 

Estimado maese Miguel:

Disculpe mi atrevimiento al escribir estas líneas e importunar vuestro bien ganado descanso eterno, en mi humilde opinión sois vos el más grande entre los grandes genios de la pluma y solicito vuestra intercesión para una pequeña ayuda.

Permitidme que me presente, mi nombre es Mónica Siruela aficionada a la pluma desde bien infante. Debido a mi azarosa vida tuve que desatender mi vocación pues era menester dar de comer a la familia antes que rasgar el papel con mi pluma. Una vez que el destino me aportó cierta bonanza y confort mental he vuelto a retomar esta afición que con vos comparto. No os preocupéis, no pretendo llegar a vuestro nivel de grandeza, haber escrito numerosas obras de tan alta calidad, sobre todo la más grande por la que aún en esta era tan frívola de vivir se os reconoce un gran talento, me estoy refiriendo a El Ingenioso hidalgo caballero D. Quijote de la Mancha, obra maestra traducida a 140 lenguas, reconocida en cualquier rincón del globo terráqueo.

Soy consciente que una obra de tal calado necesita de un recorrido vital como el vuestro y francamente, no dudo que me ayudaría a plasmar con la pluma una gran obra, pero no es lo que tengo en mente, pues pienso que el sufrimiento mejor evitarlo si es posible, aunque sea para bien. Espero no disgustarle al mostrarle mayor admiración por sus Novelas Ejemplares o los temas pastoriles que con tanta destreza entretuvo a sus coetáneos. El caballero de la triste figura sólo hay uno y el proceso de crearlo posiblemente llevó muchos días y noches a la luz de una sencilla palmatoria en sus aposentos de Valladolid. He tenido el placer de visitar vuestra espartana residencia y admirar la mesa sobre la que habéis creado vuestros ilustres personajes, casualmente dispongo de una similar, aunque sin tanta historia sobre sus patas, por eso tras sopesar mucho enviaros esta carta, he decidido escribirla e incordiar vuestro bien merecido descanso para pedir un favor: recomiéndeme a una de sus musas.

Estoy segura que con una de ellas sería suficiente, tampoco la más importante sino una que me ayude en la tarea de crear ese libro o novela que permitirá mantener mi recuerdo en la mente de las generaciones futuras. No pido una obra maestra, tan sólo una que, si bien pase sin pena ni gloria en mi vida activa, sobreviva a mi muerte y consiga interés para que mi legado se llene de gloria, que todos hagan mención a mi creación y sea gustosa y admirada en una sociedad futura.

El mes que viene se celebrará la fecha de vuestro fallecimiento en todo el país. En teatros, colegios, centros cívicos y medios de comunicación se leerán párrafos de vuestra mejor creación, D. Quijote de la Mancha y en el club de lectura al que pertenezco desde hace diez años también lo haremos, será brindar un pequeño homenaje al más grande entre los grandes literatos que ha pisado la tierra. No es lo que pretendo, sino que una de sus tantas Musas me inspire a escribir mi opera prima y aunque no lo consiga en vida, pueda con mi muerte ser recordada por una única obra, y mediante ella pueda alcanzar la gloria tan soñada por todo escritor que se precie.

Deseo no sea impertinencia por mi parte molestaros con mi solicitud, si algo he de dar a cambio no tenéis más que decirlo que gustosa lo haré. Por cierto, mi nombre real es Mónica Ciruela, pero mi apellido es tan vulgar que lo he matizado con una S, indudablemente será más comercial.

Me despido de vos, Maese Miguel de Cervantes y Saavedra, con la esperanza de alcanzar la gloria con vuestra ayuda.

Avilés, a treinta y uno de marzo de dos mil veinticuatro

Mónica Siruela













 

 

                                                   Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

Desganas- Esperanza Tirado

                                              Bebé, Tonto, Chupete, Chupete, Chupete

 

Sin hacerme ni un poquito de caso se le pasan las horas llorando delante de la tele. Y yo también lloro, grito, tiro el chupete, dejo el pañal que a veces tendrían que venir los de alertas sanitarias. Pero nada. Se ve que lo de mi llegada al mundo se le ha hecho bola. Y a mí también, si he de ser sincera. Aunque, tal vez, que mi padre no quiera serlo sea la causa principal de su desgana hacia mi. Y de la de ambas hacia el mundo en general. Si con mi chupete se calmase un rato, yo dejaría de llorar con gusto.

 

 

 

                                                  Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

Menos lo que buscaba, todo lo encontré con los ojos cerrados - Marga Pérez

                                      Niña, Rostro, Ojos Cerrados, Media Cara

 

 

 

Quiero cerrar los ojos y al abrirlos quiero ver algo distinto. Tan solo quiero parpadear, microscópica posibilidad de un cambio, y hoy es el día. Me decido por la música. Reir a borbotones y llorar a carcajadas… Siento que el futuro se congela en el presente, hoy, en la mañana en que todo comenzó… Mejor la música que morir o no hacerlo. Parpadear . Cambiar... todo un privilegio.

¿Qué hay detrás de la oscuridad de los ojos cerrados?

Me zambullo en las olas del pasado. No me resisto. Sé que me van a dejar salir indemne, aunque me vapuleen. Cierro los ojos y llegan los recuerdos. Preparo el corazón para mirarlos desde ahí. Siento en él el calor de tus manos y la punta de tus besos… No quiero llenar mi corazón de palabras, ni mi cabeza, ni mi vientre… Palabras, palabras, palabras. ¿Sentimientos?

Dicen que hablando se entiende la gente. Mentira. Escuchando quizá sea posible. La vida no es un derecho y yo estaba equivocada… Ojalá papá estuviese aquí. Se hacía querer… Inhala, exhala… “ No te puedo llevar, quedo aquí al lado…” Un recuerdo que me emociona. Una chorrada y, así y todo ,lo guardo en el lugar de las que no quiero perder. Iba al Instituto, temprano, y, como todos los días, esperaba el bus. Un mini pasó por delante y frenó pasados unos metros. Una mujer se bajó y vino corriendo hasta mi para decirme que no me podía llevar, que se quedaba ahí al lado. Era la dueña de una tienda de mi barrio. Yo pasaba casi a diario por delante de su puerta. Siempre me saludaba cariñosa y sonriente. Adelaida se llamaba. Alguna vez había entrado en su tienda a hacer fotos de carnet pero muy de tarde en tarde. Me vio y me quiso llevar en su coche… Se hacía querer. ¿Derecho a vivir o privilegio de estar vivo…? Quizá estar vivo sea perseguir instantes que mueren. Instantes llenos de belleza tras un parpadeo que guardamos para recordar el privilegio que tuvimos de haberlos vivido.

¿Qué hay detrás de la oscuridad de los ojos cerrados?

Un espacio vacío entre un ya no y un todavía es posible. Humanidad. Dos cerebros que quieren entenderse. Un paquete dispuesto para ser abierto y hurgar en él. Un grito ahogado ante el precipicio. La bondad cansada. Latidos desbocados al cruzar meta. Dimes y diretes. La suavidad de tus besos. La fuerza de tus manos. El silencio . El cielo que nos envuelve. El miedo al fracaso. La música. La sonrisa. La paz.

¿Qué hay detrás de la oscuridad de los ojos cerrados?

Un yo que bulle. Miedo. Ilusión. Un ya sí pero todavía no. Un no huir de mí misma. Nuevos sueños . Cambios. Generosidad. Silencio. Buscar lo que no hay. Imaginación. Buen humor. Tus besos. Tus manos. El amor. Tu. Yo.

¿Qué hay detrás de la oscuridad de los ojos cerrados?

El infinito. Nada. Todo .

 

 

                                                Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

Violeta - Gloria Losada

                                          Violeta bouquet Aislado en blanco - foto de stock

 

Ocurrió por primera vez cuando cumplió los cincuenta. Al abrir la puerta de la casa para ir a la compra, estaba allí, sobre el felpudo, un ramito de violetas, sus flores preferidas, como eran las de su madre, de hecho, a ellas debía su nombre. Recogió el pequeño manojo de flores e instintivamente se lo acercó a la nariz. Un dulce aroma envolvió su pituitaria y la hizo sonreír. Pero qué cosas tenía Fabián. En treinta años de casados y dos de novios jamás le había regalado nada y ahora, ya cuando la madurez asomaba a sus vidas, se le daba por aquellas bonitas tonterías.

Volvió sobre sus pasos y entró de nuevo en la casa para poner el ramo en un jarroncito con agua. Entonces se le ocurrió aquella idea peregrina ¿Y si no había sido Fabián? Quería mucho a su marido, siempre lo había querido, desde el primer día que lo vio en la fiesta del pueblo, con aquel porte de galán, alto y espigado, y aquellos ojos negros como el carbón que parecían escarbar en el alma. Se habían hecho novios pronto y a los dos años se casaron. Vivían bien. No habían tenido hijos, pero ni a uno ni a otro les había preocupado mucho, eran felices juntos. A pesar de que su marido era un hombre de pocas palabras, a veces huraño y desde luego nada detallista, ella sabía que la amaba. Y ella también lo quería, eso le bastaba para ser feliz, aunque, por qué no admitirlo, echaba de menos esos pequeños detalles que muchos maridos tenían con sus esposas. Para Fabián esas cosas no existían, por eso aquellas flores... ¿Y si no eran suyas? ¿Y si era algún admirador secreto? A lo mejor alguien la observaba todos los días y la quería en silencio. Aquella noche saldría de dudas. Pondría el jarroncito con las flores bien a la vista de su esposo para ver su reacción. Y así hizo. Y no hubo reacción. Fabián llegó del trabajo y se sentó a leer el periódico mientras ella hacía la cena, como siempre.

Pero no, nada era como siempre. Un día el marido de Violeta se dio cuenta de que su mujer estaba a punto de entrar en la cincuentena y de que siempre se había comportado con ella como un energúmeno, un tipo sin sentimientos que parecía compartir su vida con una criada en lugar de con una esposa. Había llegado la hora de hacer algo para verla feliz, pero feliz de verdad. Había llegado el momento de hacer que su sonrisa iluminara su rostro y sus ojos brillaran ilusionados. Y así fue. Comenzó por el ramito de violetas y continuó dejando notas en el buzón cargadas de poesía escrita de manera torpe y deshilachada. Y mientras Violeta se imaginaba al hombre que la colmaba de emociones, no sin cierta culpabilidad, su marido la observaba por el rabillo del ojo y era testigo mudo de una felicidad casi infantil que la hacía sonreír sin motivo.

Así pasaron los años, uno, dos, tres... y el 9 de noviembre en que Violeta cumplió los cincuenta y cuatro, al abrir la puerta de casa para salir a la compra, no estaba el ramito de flores sobre el felpudo, estaba Fabián sosteniéndolo.

¿Eras tú? –preguntó ella abriendo mucho los ojos.

¿Quién si no? –contestó él sonriendo de forma nueva y casi desconocida.

Y Violeta cogió el ramito de violetas y abrazó con fuerza a su marido, feliz de que fuera él su admirador secreto y no aquel hombre imaginario que tantas veces había dibujado en su mente y al que, indefectiblemente, si algún día aparecía y le pedía amor, tendría que decirle que su amor ya tenía dueño.

 

 

 

                                                           Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

Leyendas - Esperanza Tirado

                                            Espada dispuesta por diagonal - foto de stock

 


Recorro su cabecita con mis membranosas manos y se remueve entre sueños. Quizá él no sea como su padre, sé que odia las espadas. Yo también las odio. Debido a una yo no conocí a mi padre. Su padre lo mató y lo hicieron santo. O quizá fue por otra cosa. Esa parte oscura nunca se cuenta. Quisiera cumplir lo del ojo por ojo, pero mi madre no me educó para ser vengativa. Espero al lado de la cama, velando su sueño. Me gustaría que algún dia pudiÉramos ser amigos. Pero las leyendas son como son.

 

                                                     Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

Estrategias - Esperanza Tirado

                                          Las Manos, Amistad, Amigos, Niños, Niño

 

Al nuevo inquilino de la puerta de enfrente no le salen las cuentas. Siete días tiene la semana. Con la jornada laboral, se le reduce el tiempo. El finde pone todo su empeño. Por mucho que lo intenta, no cuela. Al menos conmigo. Él insiste, preparando la siguiente estrategia con la vecina que toque. Que si te pido sal a deshoras, que si me dejas un destornillador, que si te acompaño a bajar la basura. Aunque las inquilinas solteras del bloque somos duras de pelar. Y, cada vez que termina, agotado, con el turno del primero A al cuarto D, nosotras nos reunimos para preparar nuestro contraataque.

 

 

 

                                                    Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.