Y la luz se apagó - Marga Pérez

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Cuando el ojo de la Gran Estrella vio cómo las serpientes habían horadado el planeta. Cómo entraban y salían de aquellos agujeros y recorrían entrelazadas toda la superficie, unas encima de otras. Millones de serpientes, millones y millones en continuo movimiento destruyéndolo todo, comiéndose unas a otras sin piedad. Entonces, sólo entonces, el ojo desvió su mirada . Se hizo presente la oscuridad. El viento helador lo ocultó todo bajo tierra. Se acerca el final de manera inminente. Es tiempo de muerte.


 

 

 

 

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La magia está en el cielo - Pilar Murillo

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Me parece que tener una estrella vigilando tus pasos es la mejor manera de no tropezarse con una serpiente que te hipnotice y te rodee con su cuerpo hasta que te asfixie. Una estrella es mágica, está en el cielo, se la admira desde lejos. Desconfía de la que se arrastra por el suelo.

 

 

 

 

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Sueños contra serpientes - Esperanza Tirado

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Mi madre siempre me dijo que nací con buena estrella. Sería porque tuvo un parto rápido, por ser yo la primogénita, o lo que se solía decir en aquellos tiempos a las parturientas inexpertas.


Mis cumpleaños fueron felices, como lo son los de todos los niños queridos. Rodeados de amigos, fantas, familia, sueños y deseos en forma de tartas de merengue y muchas sonrisas desdentadas mirando a cámara.


Al hacerme mayor cambié las fantas por cervezas y cubatas. Dejé un poco de lado a la familia por los amigos. Los de siempre continuaron soñando conmigo. Y me acompañaron algunos nuevos que me enriquecieron en esa etapa vital.


De adulta, las sonrisas desdentadas y las charlas y risas de noches eternas y despreocupadas dejaron hueco a crueles puñaladas por la espalda. Y me vi rodeada de serpientes, que siseaban a mi alrededor; buscando lanzar su veneno a presas confiadas, como era mi caso.


Los amigos de siempre, las cervezas y los cubatas siguieron allí. Fueron el antídoto de aquella dura etapa. Que hube de subir como un ciclista desfondado al que le da la pájara en mitad de un puerto de montaña.


Ahora es mi madre la que me guía desde el firmamento en mis buenos días y en mis noches de pesadilla. En las que todavía peleo con víboras y otros malos bichos.

 

 

 

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Lista de espera - Marian Muñoz

                                        Hombre, Supermercado, Compras

 

 

A pesar de ir bien la empresa y pagarnos puntualmente resultaba tarea ardua llegar a fin de mes. El 2,5% de subida no compensaba el incremento de la electricidad, el agua, el móvil, la cesta de la compra o el alquiler. La solución la dio un compañero en la pausa del café: vivir en el extrarradio. Contaba que los alquileres son más baratos, la alimentación aún aguanta el tirón de subidas y el autobús si sacas un bono por diez viajes regalan dos, y si lo coges antes de las ocho o después de las diecinueve horas cuesta la mitad.

Tras mucho buscar encontré un apartamento coqueto a las afueras, sus grandes ventanales me permiten disfrutar de luz natural hasta última hora de la tarde además de tener tiendas de alimentación y supermercados aún con precios de antes de la guerra de Ucrania. Por fin tengo superávit que estoy ahorrando para irme unos días de vacaciones.

En el edificio de enfrente hay un local con productos frescos y envasados de buena calidad, un día al comprar y pasar por caja el empleado me cobra sólo cuatro artículos y pide que los pague. Me queda uno más, respondí. Insistió en que pagara los cuatro ya pasados, le volví a señalar que quedaba otro, pero al ver que su frente se perlaba de sudor y su cara se contraía, le pagué desconcertada. En cuanto cerró la caja escapó haciendo eses como una serpiente hacia la puerta que ponía Privado. Cuando regresó con otro semblante cobró mi pack de Estrella Galicia y con mi compra fui para casa.

Había olvidado el incidente y al abastecerme un viernes para el finde me pongo a la cola de caja, por cierto, bien larga, me asomo por un lateral y veo con sorpresa que el cajero sólo cobra de cuatro en cuatro artículos, cierra la caja y huye ondulante hacia la puerta de privado, vuelve a los cinco minutos cobrando otros cuatro artículos, haciendo siempre la misma maniobra. Pienso en voz alta “¿Qué le pasará a este hombre?” y la señora de delante se gira y me responde que anda mal de la próstata y en lista de espera para operarse. Salgo de la cola dejando los productos menos necesarios y quedándome solamente con cuatro, hay que ser solidarios.

De eso hace ya unos tres años, el cajero continúa instalado en esa rutina, me fijo en los clientes de la cola y apenas hay alguno que le sobre peso, incluso yo he tenido que arreglarme ropa porque pronto empezó a quedarme floja. Los bloques de edificios de este barrio fueron construidos a mediados del siglo pasado, ninguno tiene ascensor y el trajín de ir con la compra hasta casa y volver a por más productos nos hace subir y bajar escaleras continuamente manteniéndonos en forma, así que lo siento mucho por el cajero, pero ¡Viva la lista de espera!

 

 

 

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Estrellas - Cristina Muñiz

                                       Constelaciones, Galaxia, Estrellas

 

 

Vio las estrellas resplandecientes de esa hermosa noche primaveral y pensó que ir a reunirse con ellas sería la única manera de deshacerse de la serpiente que le atenazaba la garganta.


 

 

 

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Fui estrella - Gloria Losada

                                           Mujer, Sentado, Luz De Sol, Sentar


Cuando era pequeña pasábamos los veranos con los abuelos. Vivían cerca del mar, en una casa muy grande, rodeada de hierba. A mí me gustaba, por las noches, echarme sobre esa hierba y mirar las estrellas. Yo quería ser una de ellas y contemplar el mundo desde tan arriba. Una de aquellas noches me mordió una serpiente venenosa. Estuve a punto de morir y lo que nadie sabe es que durante unos minutos, fui estrella. Luego me inyectaron el antídoto y volví al mundo real.

 

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Interconexión - Dori Terán


                                      Serpiente Negra De Vientre Rojo


La serpiente se arrastraba con agilidad y presura sin perder por ello el movimiento acompasado y rítmico. Un halo de repugnancia se pintaba en la cara de Isabel. Los reptiles siempre le habían causado aversión en el sentimiento y un respigo en la piel. El polvo del suelo creaba en torno al alargado y sinuoso cuerpo del bicho una aureola brumosa propiciada por el incansable serpenteo. Isabel sin despegar los pies del suelo, elevó los ojos al cielo un instante para recuperar una visión más agradable y noble. La mirada ávida de la altura celestial fue interrumpida por un buitre de gran tamaño que en un escandaloso y vertical vuelo dejó de planear con sus alas para precipitarse decidido y veloz a estamparse contra el polvoriento suelo. El gesto desafiante, la mirada helada y segura y el pico entreabierto fueron la antesala de un ataque sin piedad sobre la elegante culebra y en una lid retadora y vencedora la fue engullendo de forma rápida y segura a pesar de las sacudidas y espasmos de la victima.

Isabel contempló la escena inmóvil y petrificada mientras en su pensamiento nacía la consciencia de la conexión eterna que existe y se ejerce entre todo lo creado y vivido.

Equilibrio sublime en la unicidad que somos. Allá en la bóveda nocturna una estrella asentía e iluminaba toda la escena con sus guiños mensajeros.

 

 

 

 

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