
A
esperar. Venir a urgencias es un ejercicio de paciencia. ¡Pobre
abuelo!. Cada vez se pone más nervioso. Es incómodo no poder ir al
baño pero está genial. Es tan mayor… Algo tiene que tener.¡Pobre!
Cada cosina nueva que surge ve la muerte más cerca. No me extraña
que se ponga así. La semana pasada vino mejor. La abuela lo habría
tranquilizado, si estuviera…
¡Cómo
está ésto ! Si sacasen unos rebujitos… olé, olé. Se me hace
familiar ese llanto. El niño no para. Camarón. Guitarra rasgada.
Soleares. Alegrías. Tientos. Huele a azahar… ¡qué coño! Huele a
hospital ¡Cómo estoy!. Tomaría un rebujito sin pensarlo, ahora
mismo. No sé cuánto me tocará estar aquí. Olé, olé. Mañana
estreno vestido y mantón. Zapatos los de siempre. Cómodos, cómodos.
Qué razón tenía la abuela. Tu vete cómoda de pies. Si aprietan
los zapatos se acorta la feria. Y vaya que si se acorta. Descalza
llegué a casa. Agua con sal. Ampollas. Nunca más…
Esto
no cambia. Entran y entran. Salen menos. O eso me parece a mi. Hoy lo
llamaron rápido. Venía tan nervioso...¡Pobre! Si no fuera por mi.
Abuela, yo lo cuido, descuida. Se fue tan triste por dejarlo solo.
Sin sus cuidados. Qué va a hacer solo sin mi. Mientras moría se iba
poniendo triste por el. Yo la quería mucho… El abuelo no se queda
solo. Me tiene a mi…
El
tiempo no corre. Estoy aquí desde sabe dios cuánto. En la misma
silla. Sale el niño con un brazo escayolado. El que lloraba. El que
me llevó al cante, a la feria. Con traje de flamenca lo espera su
hermana. Olé. Olé. Mi vestido cuelga de la lámpara. Esta noche
feria¡Pobre abuelo! Lloraba solo en el baño. Entre sueños, lunares
y sombras de volantes, lo oí. Cómo me asusté. Pensé que era él
el que colgaba de la lámpara. No me acordaba del vestido. No me
acordaba de la feria... Abuela, si estuvieras aquí. Sabría qué
hacer. Estarías aquí conmigo. Sabría qué es lo mejor.
Señorita
hace mucho que mi abuelo entró. No sé nada de él. Espere que ya
pregunto. Una mujer con un ojo a la funerala espera. Llora sin
disimulo. Sangra por la boca. Por la nariz. Retuerce un pañuelo
sucio. Pasea. Le sobran nervios. Le faltan dientes. Pasea. Retuerce
el pañuelo. Llora . Mira por los cristales. Tiene miedo. ¿No saldrá
el abuelo? No sé qué hace esta en el ordenador. ¿Será que está
ahí metido?. No me dice nada. Habla con la mujer que llora. Le
pregunta cosas que no sabe. Se agita. Escribe y escribe. Oiga, mi
abuelo. No sé nada de él. ¿Qué pulsera le han puesto?. No sé ,
una. ¿De qué color?. Ah, blanca. No sale por aquí. Sale por
detrás. Siga la linea del suelo. Podrían avisar. Llego. Me siento.
Espero. Espero y espero y podría seguir esperando. ¿Hasta cuando?.¡
Menos mal que pregunté! Podría hacerme vieja sentada en urgencias.
Sigo la linea blanca del suelo. Bajo escaleras. Abro puertas. Subo.
Cierro ascensores. Pasillos kilométricos. Camino. Camino. La linea
blanca sigue frente a mi. Me asalta un olor... Máquinas. Personal
enfundado en goma azul. ¡Qué calor! Huele a limpio lavandería.
Vapor. Condensación. Desinfección. Vacío y triste cuelga de una
percha un vestido de flamenca. Olé. Olé. Entre sábanas y toallas
baten palmas. Alegrías. Sevillanas. Abril no es mes para enfermar.
Mayo tampoco. Ni Junio… Bueno, ninguno. Si éso noviembre. O Enero.
Después de Reyes ¡claro!.
La
linea blanca baja las escaleras. Bajo con ella. Un tramo. Dos. Tres.
Oscuridad. Silencio. Aroma de inframundo. Dos grandes puertas impiden
que siga. La linea blanca se pierde bajo el metal. Están cerradas a
cal y canto. Toco con los nudillos. Nada. Golpeo con las manos.
Ladrando se acerca en perro. Alguien habla con el. ¿Me puede abrir?.
Golpeo. Suplico. Un mal encarado abre. Sujeta un perro negro con una
cadena. Me retiro instintivamente. No deja de ladrar. Impide con
fuerza que salte sobre mi. Señalo el suelo. Sigo la linea blanca.
Aquí no puede entrar. Me espera mi abuelo. Vete. Tu abuelo no te
necesita. El portazo no acalló al can. Los ladridos se alejaron
tras la puerta. Paso a paso. Retrocedo por la linea blanca. Busco
una salida. Alguien a quien preguntar. Una puerta. También valdría
una ventana. Al fondo del pasillo veo una luz. Llego a un ventanal. A
través del cristal entiendo. Es el final de la linea blanca. De los
acompañantes. En el foso esperan cuerpos plastificados. Un camión
arranca. Bolsas blancas esperan su turno. Bultos. Otro camión se
acerca. Tras los cristales del foso mujeres. Solas. Hombres
acompañados. Caras de sorpresa. Ojos. Estupor en la boca de un
niño... Lloro. Sin ruido. El camión arranca.
Esta
noche feria.
Olé.
Olé

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