Memorias del tiempo - Esperanza Tirado

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Con la neogeneración de SuperbotsXPRO todo funciona de modo exacto.

Cada tarea está cronológicamente medida y adaptada a las funciones de cada individuo.

Ya nadie protesta ni estira su media hora de descanso.

La lluvia llega en tiempo y lugar, a cada rincón del planeta donde es necesaria. Los alimentos son cosechados, facturados, seleccionados y repartidos entre las colonias de humanos que aún permanecen en las zonas rojas de vigilancia.

Los más mayores se quedan en la retaguardia, bien dentro de sus habitáculos o en salas comunes para tareas de segunda clase, de menos esfuerzo. Ellos aún conservan recuerdos de otros tiempos; a través del boca a boca han llegado hasta este periodo incierto detalladas descripciones de relojes, calculadoras, sonajeros o lapiceros. Pero nadie ha visto ni uno de esos aparatos. Y, menos aún, saben cómo usarlos.

Todas las costumbres de aquel tiempo quedaron enterradas entre los millones de terabytes compilados en los mega-archivos subterráneos, tras el suicidio del último de la estirpe de los guardianes de contraseñas.

Su negativa a la implantación de megachips de memoria dentro de su organismo fue un acto de valentía. Además de las contraseñas, guardaba su parte de fe en la humanidad.

 

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Quién dijo miedo - Marga Pérez

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Papá grita. Mamá le contesta más alterada que de costumbre. Yo agito nerviosa el sonajero frente al berrido incansable de mi hermano…¡ qué dolor de cabeza! y, mañana, examen ¿cómo estudio?

La lluvia empieza a caer sin ganas pero enseguida suena en la ventana como si fuera a entrar. No esperaba que fuera a haber tormenta. Me dan miedo. No esperaba relámpagos ni truenos. Ni tantos ni tan fuertes ¡Menudo tormentón! … Cuando pasa dejo de oír los gritos de papá. Los de mamá se habían apaciguado. Mi hermano, sin más, se quedó dormido. ¡Puedo estudiar! ... Se fue el dolor.


 

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Swahili - Marian Muñoz

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Verano de mis dieciocho años, voluntariado en un poblado perdido del África profunda, hambruna y enfermedades causadas por una pertinaz sequía. Una tarde todos se dirigen a una explanada cercana, rodean en círculo al chamán de la tribu sentado en cuclillas. Comienza un cántico repetitivo primero en susurros y luego más alto. Al levantarse y dar unos pasos de un baile ritual apreciamos que viste sombrero caribeño de paja y una capa de plumas, de la cual saca un sonajero que agita mientras danza y canta. Me entró tal ataque de risa que me alejé rápido para no pecar de irrespetuosa. Aquella noche cayó suficiente lluvia para cubrir la charca cercana donde bebían los animales, regar la pequeña huerta de la comunidad y llenar los aljibes.

Regresando al hogar el sol calentaba las aceras y el interior de las casas, provocaba incendios y escasez en los pantanos, había que arreglarlo. Sustraje un sonajero al bebé del segundo y con una boa de plumas y la pamela veraniega de mi madre fui al descampado detrás de casa, estuve cuatro días probando sin éxito, se ve que mi swahili no es tan bueno. Ahora estoy intentando explicárselo al médico de guardia en el ala de psiquiatría del hospital.

 

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El buzón - Dori Terán

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Andrés llegó sudoroso al pie de las altas rocas. Nervioso. María le había contado con pelos y señales como Ana había trepado por la empinada falda del macizo con agilidad y ligereza hacía ya dos horas. Salió disparado sin pensarlo más. ”Esta loca va directa al buzón” pensó. La montaña se alza con poder y majestuosidad rodeando el pequeño pueblo. Su perfil caprichoso dibuja la silueta de dos camellos que mirándose de frente se dan un beso y el espacio que separa sus cuerpos arrodillados tiene el contorno casi perfecto del mapa de Africa. Los ojos de los turistas se quedan prendados en el conjunto mientras reflexionan como la naturaleza ha podido esculpir obra tan perfecta y bella. Se les escapa que el viento el sol, el agua de la lluvia, el frio del invierno y los calores del verano son el mejor cincel, las herramientas más puras para este trabajo. Amén de las raíces vegetales de arboles y plantas, las comunidades de hormigas, abejas y otros insectos, el vuelo de los buitres y águilas que allí anidan, las ardillas, los jabalís, los corzos, las culebras y serpientes y tantas y tantas otras vidas que aportan su arte. Andrés recuerda muy bien el periodo en que Santiago fue el alcalde de Urbel. Fue entonces cuando por y a votación popular se decidió instalar un pequeño buzón en lo más empinado de la cabeza del camello macho. Que es el más alto y fornido y carece de la dulzura chica de la hembra. -”Cuando alguien se decida a subir, podrá dejar en el buzón los mensajes que su corazón le dicte ante la visión de nuestro pueblo desde el cielo” argumentó Santiago. Y así, ayudados y asesorados por picadores expertos en clavar en piedras y en equilibrios, quedó prendido con firmeza el pequeño buzón. Cuando el sol se cuela por el mapa de Africa, deja escapar un rayo sobre el buzón y desde abajo brilla de forma intermitente como si mandase un mensaje. Ana camina muchas tardes de la mano de Andrés, enamorados, soñadores. En Setiembre celebrarán su boda. Hace un tiempo ya que la mirada de Ana se escapa durante el paseo al guiño brillante que el buzón le hace. Siempre le guiña, siempre, aunque no haya sol, aunque madrugue la luna o las nubes cubran el firmamento.-“Me llama” imagina Ana. Y la obsesión se apodera de su mente y de su conversación. –“Tengo que subir” le dice a Andrés. Y este pone el grito en el cielo y trata de disuadirla con mil argumentos…”que si es peligroso, que si está demasiado alto, que si un buzón no te llama de ninguna manera, que si es para escaladores..." ” Pero Ana no escucha. Es joven, decidida y experta en dificultades. No tiene miedo, se ha criado en Urbel y recorrido mil veces sus caminos de cabras. Tendrá que arriesgarse a subir sin que Andrés lo sepa, ¡¡está tan impertinente con el tema!!. Y hoy es el día. Andrés enjuaga su rostro con un pañuelo y muy inquieto se estira, se da la vuelta, vuelve a girar…Trata de divisar a Ana, de encontrarla. Decidido en su empeño escala una altura más para llegar al buzón. Y si, allí está su Ana con el buzón abierto y un papel en la mano. Andrés tiembla. Ana le mira y muy pausadamente lee en voz alta lo que pone el papel. –“ Hoy siete de Agosto de 2023 dejo constancia de este recuerdo que me acompañará siempre, entregué mi virginidad a mi amor imposible Andrés. Los camellos del beso eterno son testigos. Maria”. Ana sin más gesto que la indiferencia suelta la nota y comienza a descender por la pendiente ladera. Andrés petrificado maldice al buzón.

 

 

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Incompatibilidades - Esperanza Tirado

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Abrió con su propia llave, se cambió de ropa y colocó la del día siguiente bien estirada en la silla, al lado de la cama. Mientras veía la tele en la cocina se preparó la cena. Terminó los deberes en la mesa del salón. Agotado, se arrastró a su habitación, se puso el pijama a trompicones y se acostó. Cuando llegaron sus padres, tras una larga jornada de trabajo, tampoco se enteraron de que había estado llorando antes de poder dormirse del todo.

 


 

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España- Marga Pérez

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Estoy de regreso… todavía no me lo creo... pensé que lo haríamos juntos … Siento tu pérdida... siento tu pérdida... siento tu pérdida… tantas voces distintas, tanto dolor por tu muerte, tantos pésames igualmente repetidos resuenan en mi cabeza igual que resuenas tu, tus besos, tus te quiero… No llegaste a tiempo, con las ganas que tenías… Desde aquel fatídico 13 de mayo del 71 en el que tuvimos que coger la maleta, la rabia y la vergüenza y subir a aquel tren que casi perdemos. ¡Menudo viaje! Más de tres días subiendo y bajando del FEVE y de autobuses para llegar a Francia... Me dan arcadas sólo al recordarlo. Fue el viaje de las bolsas de plástico, no dejé de devolver en ninguno de los tramos, que mal me sentaba viajar y, por qué no decirlo claro, el embarazo.

Aún se me llenan los ojos de lágrimas cuando pienso en la cara de padre el día que se lo dije, dieciocho años, muerta de miedo, de vergüenza, de náuseas… Madre me dejó sola , ella lo sabía , yo buscaba su complicidad y así y todo tuve que pasar por el trago de decírselo a pelo, sin nadie que suavizase el golpe…ella no podía apoyarme, lo entiendo... El recuerdo de su cara me acompaña desde hace treinta y cuatro años, cada día, en Londres, donde vivimos, puedo decir que exiliados . Me echaron de casa, el mismo día que supieron que estaba embarazada. Yo lo entendía, era una deshonra para ellos, no podía seguir en el pueblo. ¡Qué críos éramos!… ¡Qué España aquella!


- Por favor señora, se tiene que abrochar el cinturón, vamos a despegar - La azafata consigue que pise suelo, que recuerde que vuelvo a España, muchos años después, sintiéndome como me sentiría ante un pelotón de fusilamiento. Sola. Sé que en España han cambiado las cosas. Que el pueblo se modernizó. Que tener un hijo hoy, siendo soltera, ya no es lo mismo… pero para mi es igual. Mis padres siguen siendo los mismos que me echaron. Los mismos que renegaron de mi y de lo que llevaba en mis entrañas. Los mismos que no me llamaron nunca , que nunca preguntaron por su nieto. Los mismos que veo cada día con cara de decepción y de, ésto no me lo esperaba de ti… Vuelvo sola a ponerme frente a ellos. Me hubiera gustado hacerlo contigo pero… la muerte tiene su propio reloj.


-En cinco minutos tomaremos tierra en el aeropuerto de Madrid Barajas. Mantengan los cinturones y el respaldo de sus asientos… - ¡Qué barbaridad ! Madrid es impresionante. Pensar que nunca estuve... Igual me pierdo en el aeropuerto … aquí llevo escrito lo que tengo que hacer… Pedro quería venir conmigo pero, es algo que tengo que hacer yo sola… ¿Le gustará a padre que le pusiera su nombre? Es su único nieto y … este maldito nudo en la garganta… No voy a llorar, no, no, respira... tengo que ser fuerte... respira... respira... respira…

No dije a nadie que vuelvo... no habrá nadie esperándome, me hubiese gustado pero si lo digo y no vienen … Mejor la sorpresa.


El aire cálido de Madrid me da en plena cara con una mezcla explosiva de olores conocidos. Tiro de la maleta frente a la fonda en la que me dejó el taxista y, antes de preguntar nada, entro a comer en el restaurante que excitó mi apetito. Huele a la España que recordaba. Suena a la misma algarabía . Sentada en un rincón de blanco mantel cierro los ojos para no perderme ninguno de aquellos aromas: caldos, guisos, sofritos, ajillos, cocidos, churros… Estoy en casa, veo las comidas que huelo a oscuras, son las de mi infancia, las que hacía mi madre, y, esta música ...Quiero vivir, quiero gritar, quiero sentir, el universo sobre mi. Quiero correr en libertad. Quiero…

-¿Qué va a comer?- Abrí los ojos sin siquiera darme cuenta que estaba llorando. El camarero me mira con dulzura – Tenemos un cocidito quitapenas que le va a sentar a las mil maravillas. También puede haber un abrazo de gitano, si lo necesita, de postre ¡claro! … - La verdad es que reviví sólo con el cocido. El camarero un ángel disfrazado ¡si aquella mesa hablase…! por la noche eché y eché y eché … todo lo que había pasado, todo lo que quería decirle a padre, todo, todo. Todo lo eché sobre un desconocido… ¡Qué acogida me sentí! Hablaba con mi lengua , escuchaba con mis emociones, empatizaba conmigo...

Al día siguiente, al subir al tren, ya no era la misma que saliera de Londres, era más feliz.

El paisaje castellano no me decía nada pero las conversaciones … las disfruté haciéndome la dormida para no ser interrumpida. Oía mi idioma, tanto y a tantos a la vez...¡Cuanta vida iba en aquel vagón! Palpaba las ilusiones, el compartir, la colaboración, el cambio, la esperanza… creo que sólo alguien de fuera puede captar esto, se contagia sin que hagas nada... España es un estado de ánimo, eso es lo que es.

Al entrar en Galicia me centré en el paisaje, en los pueblos, en las personas que subían… todo resultaba familiar. Algunos podían ser incluso conocidos míos. Ser hijos de mis amigos de entonces. El corazón se me aceleraba con el latir de la tierriña, con la proximidad del encuentro .

Fui la única que se bajó en mi parada. El andén estaba vacío, agradecí el orballo dándome la bienvenida. Tardé en coger un taxi, quería empaparme de aquel cielo que tanto había mirado y al que tanto había implorado. Volvía del exilio , no sabía si las puertas de mi casa se abrirían. Miré a lo alto, me abandoné a sus designios y entré purificada en aquel taxi que me llevó hasta la casa de mis padres. Iba repitiendo en silencio las palabras que iba a decir. Lo que también diría si no me abriesen, si no quisieran escucharme… el taxista tuvo que oír mi corazón ¡Cómo latía!

Ante la puerta dudé. El timbre tensó mi gesto. La espera fue eterna, los segundos no pasaban… Cuando vi a madre en la puerta, no hubo palabras, nos reconocimos, sin más, y sin más nos abrazamos como si nunca me hubiese ido. Como si no hubiera pasado el tiempo. Como si volviera a los dieciocho años pero ambas con la lección aprendida. Con padre pasó lo mismo. Qué orgulloso se puso al saber de Pedro… Me quedo en España, en mi casa, con los míos… ¡Cuánto tiempo a recuperar!

Según encontraba a conocidos y sabían de tu muerte, el “te acompaño en el sentimiento,” tan distinto al “siento tu perdida” de los ingleses, hizo que recordase que no estoy sola, que conmigo caminan mis amigos, mis vecinos. Que formo parte de una cultura y de un pueblo que avanza ayudándose los unos a los otros… vamos, que estoy orgullosísima de ser española y que aquí quiero seguir viviendo, este es mi sitio

 

 

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Mi España - Marian Muñoz

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Ayer vi circular por la carretera un seat 600 y me trajo un montón de recuerdos de niñez. La tarde en que papá recién comprado lo aparcó delante de casa y todos bajamos corriendo las escaleras para verlo y a empujones sentarnos dentro, un sueño hecho realidad, dejábamos de depender de autobuses, autocares o pasar aventuras en el tren, para por fin disponer libremente de horarios y lugares a visitar. Tenía dos puertas más el maletero, con él recorríamos la provincia, subíamos Pajares, San Isidro, los lagos de Covadonga. Los calores del verano los mitigábamos en la playa, cargados con mesa y sillas plegables más la sombrilla, la nevera cuyo interior conservaba perfectamente la tortilla y los filetes rusos.

Viajar hasta Valencia con él fue toda una odisea, siempre pendientes de la sombra del coche comprobando que la maleta siguiera arriba en la vaca. Cada poco papá pitaba y saludaba con la mano, extrañados preguntábamos si los conocía, dijo que no, eran asturianos que volvían a casa y por tanto amigos. Desde aquel momento avisábamos y saludábamos también. En cierta ocasión un valenciano guasón le preguntó si había suspendido el carnet de conducir, extrañado preguntó el porqué, respondiendo que tenía un 0 (O de Oviedo) en la matrícula, ya veis hoy en día vamos de incognito.

Por aquella época hacíamos vida en la calle, salías, pegabas una voz y los amigos tras asomarse a la ventana bajaban rápido a jugar. Aprendíamos todas las canciones ganadoras de Eurovisión, por supuesto en español, de aquella lo de los idiomas era otro mundo, no como ahora que todo quisqui sabe algo de americano gracias al cine.

Cada mañana de mayo después de acudir a misa comenzábamos las clases. Era el mes de la virgen María, nuestra madre además de la de casa, incluso llevábamos flores que encontrábamos en el campo. Los niños y niñas vestíamos uniforme para ir al colegio, por eso la ropa normal nos quedaba pequeña rápidamente al vestirla más bien poco. En Navidad las muñecas de Famosa se dirigían al portal y el turrón endulzaba nuestras fiestas. Uno de los mejores regalos era un estuche con muchos lápices de colores, gomas, tajalápices, reglas de diferentes tamaños, estabas deseando ir al cole para presumir.

Como podéis suponer soy vieja, muy vieja, sobre todo para esos que se comen letras en el WhatsApp o se emboban con los Influencers. De niña tuve que aprender la lista de los reyes Godos, la hazaña heroica de Viriato o la bélica de Aníbal y sus elefantes. “Abderramán, Abderramán, moro de la morería, el día que tu naciste grandes señales había....” “Con cien cañones por banda viento en popa a toda vela, no corta el mar sino vuela…..” “Una tarde parda y fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonía de lluvia tras los cristales….” Leíamos a los clásicos: Calderón de la Barca, Quevedo, Cervantes, Lope de Vega, Tirso de Molina, Góngora. Conocimos otros mundos con la Ilíada, La Divina Comedia, Las mil y una noches, seguro que más de uno no sabe de lo que hablo, que sí, que soy una antigua pero aquella era la España en la que viví y crecí, la de ahora no tiene comparación, no por mejor ni peor sino por distinta, los valores humanos han mutado y los “vende votos” y “asalta gobiernos” sólo crean diferencias y rencores, lo bueno es que los españolitos de a pie no hemos cambiado tanto, somos número uno en donación y trasplante de órganos, los primeros en volcarnos en un desastre natural o siendo voluntarios en ONGs por todo el mundo, pero lo que es imposible para un extranjero, por muy chef que sea, es superar la cocina de una madre o de una abuela española, esos guisos hechos con mimo y cariño que todos mantenemos en nuestro olfato y paladar.

La gastronomía de este país es tan variada e imaginativa que algo tan humilde y sencillo como unas migas de pan lo hemos ascendido a categoría de exquisitez. Un alimento tan básico como la patata la aderezamos de tantas formas que es un éxito cultural: bravas, revolconas, a la importancia, a la riojana, al cabrales, rellenas, a lo pobre, en tortilla. Paro, porque tanta variedad hay como pueblos. Gazpacho, gazpachuelo, salmorejo, morteruelo, zarajos, ropa vieja, mojo picón, bienmesabe, variedad de arroces con especial mención a la paella, sea o no de Valencia, cocochas, changurro, pantumaca, cocido madrileño, montañés o maragato, sin olvidar a mi querida fabada, fabes con almejas o centollo. Cachopo, escalopines al cabrales, cordero a la estaca, capón, conejo o las de caza, además de un sinfín de pescados. Lo siento por los vegetarianos, crudívoros o veganos, que también disfrutan de nuestra gastronomía con el ajo blanco, pisto, papas arrugas, purrusalda o menestra de verduras.

No he contado nada de nuestros dulces típicos, estoy segura que en cada casa hay un postre especial, ese que siempre comemos en celebraciones y que nos chupamos los dedos y hasta el plato cuando no nos ven, en mi caso el arroz con leche estilo asturiano, pero las torrijas, quesada, rosquillas, marañuelas, carolinas, la coca, los turrones, polvorones y mazapanes, paparajotes, frangollo canario, buñuelos de viento, en fin, como veis un sinfín de preparaciones para el gusto de cada uno.

Toda esa es mi España, aunque mejor termino con la de nuestra querida Cecilia “Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra. De tu santa siesta, ahora te despiertan versos de poetas ¿Dónde están tus ojos? ¿Dónde están tus manos? ¿Dónde tu cabeza? .....

 

 

 

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