Sin ritmo de Rap, sin sentido - Marga Pérez

                                          Un Corazón Roto, Bosquejo, Dibujo

 



Basta un leve parpadeo para ver que lo vuelvo a hacer. Que rompo lo que toco, que vuelvo a padecer antes de un simple lo siento. Que todo lo que sueño siempre es más perfecto en mi … Si yo te contara... ¡qué absurdo es estar vivo! sin el alma de tu cuerpo, sin tu latido, sin tu chasquido... Me cuesta tanto pedir, salir de mi... antes de llorar sabes que prefiero reir, y así me va, yo que esperaba todo de ti... ¿y qué te di? Nada, te oí decir…y rompes la baraja, y me dejas así, tirada, y éso que sabes que prefiero reir, y aunque esté quebrada canto lo de la embajada, lo del tren de madrugada, lo del laberinto sin luz ni vino tinto, lo del velo de alquitrán en la mirada… sin ti canto y lloro, recorro la casa vacía y lloro, miro tus fotografías y lloro... No lo entiendo, sabes que antes de llorar prefiero reir , y no puedo parar.

Sé que fallé demasiado que se acabó mi tiempo. Si supiera lo que quiero… pero es que este mundo no lo entiendo. Y¿ dicen que el amor es un milagro que puede con todo?… Si yo te contara... Sé que no voy a cambiar nunca, que no voy a cambiar nada, ni todo, lo sé, que sólo estoy viva cuando tu me llamas…Ojalá sólo fuese el deseo quien se fuese…¿ tras el viento ? ¿tras tus canas?¿Y si pasa algo que de pronto a mi me borra ?… ¿Qué harás ?... Desconfío de lo que siento. Desconfío de quien me quiere... No sé si volverás...¿y si pregunto? ¿y si es jamás ?… El teléfono arde pero nadie llama... Se rompieron los sueños. Se acabaron los te quiero…pero es que de verdad lo siento, y te quiero¡ tanto! que hasta huele a ti mi perro, y lo siento, pero, he fallado, demasiado, se acabó, ¿no hay tiempo… no hay vuelta atrás?. Dices que no sé vivir, que en mi ser no existe placer, que no sé querer, que ser perfecta es un defecto en si, y que ser mujer un motivo para hacérselo ver... y volví a hacerlo, y eso que creí que ya nunca más… Soy así, si... soy así , y es lo que te ofrecí … lo además, lo que siento yo por ti...¡Qué desazón! Pero gracias, por haber venido, por quererme un ratito, por alegrar mi corazón herido, gracias tío… ¿Y si llamas? … ¡vaya! Lo vuelvo a hacer … ¿basta con un leve parpadeo? ¡No hay remedio!

… … ...


Relato inspirado en Brock Ansiolítiko. Joaquín Sabina. Luis Eduardo Aute. Pablo Milanés y Silvio Rodriguez

 

 

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Te quiero sin rumbo - Esperanza Tirado

                                         Encrucijada, Naturalza, Intersección


Entre el tanatorio y la oficina de objetos perdidos me dijiste 'Te quiero', por primera vez. Y fuimos tan felices que ese tiempo parecía que iba a durar para siempre. Pero una tarde, al volver del trabajo entré en casa, y tú ya no estabas. Ni tú ni aquel 'te quiero', ni los otros que después me dijiste. Tampoco estaban tu ropa, tus libros, tus discos… A veces paseo sin rumbo y me encuentro de nuevo en aquella encrucijada, esperando sentir de nuevo el eco de aquel primer 'Te quiero', que ya estará muerto o almacenado en alguna polvorienta estantería.



 

 

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Tic Tac - Marga Pérez

                                                



¡Es cierto! Siempre fui despistada, tremendamente despistada. En casa decían que estaba en mi mundo, absorta, embelesada, fuera de la realidad . Si me conociesen mejor quizá sabrían que decidiera, sin saberlo, prescindir de ese mundo que me era hostil, que me impusieron al echarme fuera del vientre de mi madre, y en el que tenía cero interés. Así que nada de abstracciones ni ensoñaciones infantiles y menos de pájaros revoloteando por mi cabeza. Despistada, éso si, pero despistes como el de tropezar con mi padre en la calle, disculparme y seguir caminando sin darme cuenta que era mi padre, si, éso si, lo normal. Pero lo que pasó hoy no fue ni medio normal. Me levanté como todos los días y fui a hacer la compra, también, como todos los días, al supermercado que tengo en la manzana al lado de casa. De camino veo a un matrimonio que aunque nunca hablé con ellos, conozco de esa manera en que nos conocemos los que convivimos en el mismo barrio. Sé que tienen una hija, muchas veces los vi juntos saliendo de misa o en una terraza al sol, por cierto, y dicho sea de paso, que tiene un marido guapo a rabiar. Siempre me llamó la atención que una mujer con un encanto tan equino atrajese a un hombre así, pero seguro que lo entendería si los conociese, seguro, no suele fallar eso de que las apariencias engañan. Bueno, a lo que iba, coincidimos a diario comprando o paseando por el parque… pues hoy veo al matrimonio, solo, sin la hija, pero no como todos los días. Ayer eran unas personas de mediana edad tan dinámicas, activas, plantadas, que podría describirlos como joviales. Hoy eran dos personas decrépitas, encorvadas, reducidas, arrastrando los pies... viejas. No podía dejar de mirarles ¿qué les ha pasado? De ayer a hoy, no lo entiendo. Al llegar al supermercado más de lo mismo. Siempre hay personal nuevo pero, a las habituales, hoy, alguien les habían puesto unos cuantos años encima. Las dependientas siempre tuvieron aspecto joven, fresco, acicalado, hoy no. Hoy, hasta las vi con arrugas y a algunas con canas, sin tinte que disimulase la edad. La cajera por la que siempre paso la compra, además de mayor, estaba fondona ¡mira que era curiosa esta chica! llevaba siempre el uniforme marcando silueta que daba gusto verla tan pizpireta ella, además de bien peinada y maquillada. ¿Cómo pudo coger tantos quilos, y años, de ayer a hoy?. Empecé a sentir miedo. Algo terrible estaba sucediendo y nadie era consciente de ello. Todos seguían haciendo lo mismo que el día anterior . ¿Habría algo en algún alimento?… ¿en el agua?... El cambio climático… ¿un nuevo virus?... Aguantando la respiración saqué la mascarilla del bolso, me la puse y aliviada exhalé el aire que ya me estaba acogotando. Aunque la bolsa de la compra pesaba lo suyo, metí la directa y en un sin vivir llegué a casa dispuesta a confinarme . Lo primero fue poner la tele a ver qué decían del tema. Nada. Ni la uno ni ninguna otra cadena decían qué era lo que pasaba. No podía creer que fuese yo la única del planeta que se diese cuenta de aquel horror… ¿igual era sólo local y las autoridades nacionales no tenían noticia…? Llamé a Loli, no la quería asustar pero si sabía algo me lo diría sin que le preguntase ¡buena es ella! Llamar, ella no me llamaría, pero callar algo así llamándola yo, ¡imposible!... Casi una hora al teléfono, la verdad es que hacía años que no hablábamos, y van a pasar otros tantos antes de que lo vuelva a hacer… siempre igual, que si no quiero saber nada de la familia, que si no cojo el teléfono, que si… si no fuera por ésto ¡iba a llamarla yo!... Bueno, que no tenía ni idea, no porque le preguntase yo sino porque no me lo contó ella, y éso que temas de edad y vejez saqué cada poco, pero nada, no soltó prenda y eso sólo significa que no lo sabe, no tengo la menor duda. Pasé el día entretenida con mis libros sin dejar de pensar en lo que podía estar sucediendo fuera, y así se hizo de noche. Entré en el baño a cepillar los dientes antes de ir al dormitorio y, sin darme cuenta, me vi en el espejo y me paré a observar. Creo que nunca lo hice con el detenimiento de hoy, ¡alucinante! también yo era víctima de ese terrible mal. Alguien esta mañana me había contagiado, ayer era joven, estoy convencida de ello, no hacía falta que me mirase, sé cómo me sentía. Incluso esta mañana en el super me sentía igual. Tuvo que ser a lo largo del día… ¿hasta que me vi en el espejo? … Allí lloré viendo los años en mi rostro, la árida flacidez de mis mejillas, las manchas, las arrugas, los ojos cansados , los surcos en las comisuras de la boca, la frente plisada, los dientes, el cuello, ¡oh! el pelo… no quise seguir observando a la vieja en la que me había convertido, así, de un día para otro y me acosté con la esperanza de que al día siguiente todo volviese a la normalidad y ésto sólo fuese un mal sueño. ¡Miedo me da a que amanezca…!

 

 

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La mejor edad - Esperanza Tirado

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Al nuevo inquilino de la puerta de enfrente le tengo echado el ojo. Y le echaría algo más y me lo llevaría a casa, a un rinconcito bien mullido. Pero me temo que mis posibilidades son escasas. Mis dueños no me desatan de esta perra correa, valga la redundancia, porque temen que algo le pase a su cachorrita linda. Serán idiotas. Sé que soy pequeña y también conozco mis posibilidades. Estoy en mi mejor edad. Pero me da que este par de dos alelados, que tengo por dueños, no saben multiplicar por siete.



 

 

 

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Solo tiene ojos para ella - Marga Pérez

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Desde el edificio donde ha aparcado observa la plaza. Apenas hay gente y sin embargo no la ve. Mueve los prismáticos de un lado a otro. Busca a una joven vestida de blanco, con melena rubia, mochila, bastón ... Enciende el móvil cuando ve un coche que se acerca. Esconde los prismáticos bajo la chupa que tiene en el asiento del copiloto y se entretiene con el watssapp. Cuando desaparece el intruso vuelve otra vez a los prismáticos, a la plaza, a buscar a su objetivo. La mañana avanza y la zona empieza a llenarse. El ángulo de visión desde el coche no es el mejor. Decide entonces bajarse y, parapetado tras una columna, seguir la búsqueda. Es ésa, joven, melena rubia, vestida de blanco, mochila a la espalda… ¿y el bastón?... No sabe qué hacer. Espera con prudencia. Sigue sus movimientos sin dejar de observar nada de lo que hace. Ella mira de un lado para otro. Se sienta en un banco. Deja la mochila a su lado. Mira el reloj. Habla por el móvil.

Un indigente le tapa la visión por unos instantes, que a él, le parecieron eternos. Empujaba con lentitud un carrito de supermercado cargado de bolsas y cachivaches. Arrastra los pies. Cojea. El, por más que mira, no la ve. Se le acelera el pulso. Por fin queda despejado el campo de visión. Ella sigue sentada en el mismo banco, con la mochila a su lado y la mirada fija en el móvil. El ya no le quita los ojos de encima. Ve que no habla con nadie. A su lado se sienta una pareja que se dedica sólo a sus arrumacos. La plaza ya es un hervidero de gente. Los bancos. Las terrazas. Los comercios. Hace sol y está petada. El sólo tiene ojos para ella. Casi hora y media en su punto de mira cuando ve que se levanta y cruza corriendo la calle. Desaparece. La mochila sigue en el banco ¡Es ella! -grita- Los artificieros apenas llegan al banco cuando una bomba hace explosión en la zona de las terrazas. Una masacre. En la mochila de la joven encontraron una olla a presión vacía, la llena, explosionó en el carrito del mendigo. A él lo vieron salir de la plaza cojeando, se apoyaba en un bastón.


 

 

 

 

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Minuto y resultado - Esperanza Tirado

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Mientras ellos discutían alzando la voz un tono más alto en cada palabra que salía de sus deformadas bocas, ellos ya se habían olvidado de la pelea del recreo. Aunque todavía les dolían las manos de tantos puñetazos mal dados con la poca fuerza de sus once años. Cansados de esperar a que sus padres terminasen de decidir quién era el culpable, se fueron al parque a dar una vuelta en bici. Los gritos se perdían a cada pedalada. A la vuelta ya sabrían el resultado final.

 

 

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El cielo es un lugar de paso - Marga Pérez

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El día en que quedamos tuve miedo a meter otra vez la pata. Quería que todo saliese a la perfección, me jugaba mucho y ella lo sabía así que nada podía fallar. Cargué el coche y, mientras desayunaba, consulté el tiempo. El lugar del encuentro no podía ser mejor, el día tampoco, todo estaba a mi favor. Me senté al volante, puse música country para relajar y arranqué. La había citado a las doce, más o menos a una hora de mi casa, así que iba con tiempo de sobra para preparar la zona con calma antes de que ella llegase. Cuando el coche enfiló el acantilado el pulso se me aceleró sin poder evitarlo, era un sitio sobrecogedor. La carretera bordeaba el mar a una altura de unos quinientos metros. Quinientos metros cortados a pico sobre una inmensa playa lejana, y a la vez tan cercana... daba miedo pensarlo. Su poder de atracción era como el de un imán, no podía dejar de mirar aquella inmensidad azul. Me sentía atrapado en su contemplación, desde arriba, igual que un dios contempla su obra. Era un paraje solitario, ventoso, transitado por gaviotas que vivían en recovecos inalcanzables y coronado por una gran mata verde que, como balcón sin protección, invitaba a contemplar el mar, siempre más allá. Desde aquella atalaya tenía espacio suficiente para prepararlo todo y dar el salto. El sol a aquella hora molestaba reflejando azul de mar, de cielo, de frío, de... ¡qué porras hago aquí! Ya me ha rechazado en otra ocasión ¿Estaré a la altura? La confianza que tenía puesta en mis habilidades empezaba a hacer aguas cuando vi aparecer su coche .

Llegó tan puntual como ambos habíamos previsto. El aire frío la sonrojó y alborotó su larga melena que enseguida amarró en un moño antes de enfundarse en un buzo blanco. Evitó mirarme, hablar. Se apretó el arnés y comprobó los enganches. ¿Preparado? -me dijo- No hubo más. En lo más alto del acantilado, ella y yo, nos miramos y echamos a correr hacia el abismo. Al levantar los pies del suelo sentí que tocaba el cielo con los dedos. El ala delta nos mantuvo en la misma corriente un buen rato . Vi cómo la playa se alejaba mientras sobrevolábamos el mar en calma. Sólo oía el aleteo de las velas y el latir de mi corazón bajo la presión del viento.

Subimos, bajamos, cambiamos de corriente, viramos y cuando me indicó, pisamos la playa en un lugar, conocido por el gremio, como “el nido de las gaviotas”, bastante pequeño, por cierto. Una hora volando que se pasó como un suspiro, os lo aseguro.

En cuanto nos quitamos las gafas vi su sonrisa y no me pude contener

-¿Qué, lo conseguí?

-Si, has estado fenomenal, enhorabuena, ya tienes tu licencia.

 

 

 

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