Morir antes de morir - Esperanza Tirado

                                        Búscame en el ciclo de la vida: 2709. Aquí no llora nadie

 


Los siguientes serían los niños. Al partir, un mar de lágrimas inundó a sus madres en los muelles del puerto. Muchas desaparecieron, ahogadas en el momento en que los barcos zarparon hacia puertos más seguros, lejos de las bombas. Las madres supervivientes, que lograron flotar entre las lágrimas, dejaron de vivir, esperando noticias de un hijo enviado lejos. a salvo de una bomba que quizá hiciese explotar sus corazones.

 



 

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Salir por pies - Esperanza Tirado

                                                   Sucio, Viejo, Zapatillas, Pies, Pie

 

 

Al nuevo inquilino de la puerta de enfrente le encuentro algo sospechoso. O seré yo y mi manía de examinar hasta el mínimo detalle los zapatos de todo con el que me cruzo. Hace dos meses que vive aquí y aún no se ha cambiado el calzado. Lleva unas zapatillas de corredor, de color fosforito, la mar de llamativas. Me gustan. A él, desde luego, también. Lo que no le gusta tanto son las notas de desahucio que salen de su buzón y aparecen como confeti en el descansillo entre los felpudos. Será por eso que no se las quita.

 

 

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¡Maldito vaso! - Marian Muñoz

                                      Vidrio roto taza 001 - Foto de stock de Roto libre de derechos

 

No lo vi, le juro que no lo vi, pero por favor deme algo fuerte porque me duele muchísimo y no me aguanto – le dije mientras veía en su boca una mini sonrisa perversa que translucía una falta total de empatía.

Daba igual que fuesen las cinco de la madrugada, sólo quería que aquel dolor parase y meterme en la cama. Parecía un sueño, un terrible y mal sueño sin sospechar aún de los problemas que acarrearía aquel accidentado tropezón.

Me levanté como hago muchas veces a beber un poco de agua, pero al entrar en la cocina mi pie pisó algo tan doloroso que caí y me desmayé porque cuando conseguí abrir los ojos estaba empapado en un líquido mal oliente que parecía ser mi orina, sí me había meado encima cuando lo único que ansiaba era un poco de agua.

A pesar del intenso dolor pude vislumbrar gracias a la luz de las farolas que debajo de la mesa de la cocina había cristales, seguramente un vaso roto, y me los había clavado en la planta del pie causándome el desmayo. No entendía lo que ese vaso hacía en el suelo, no recordaba que se me hubiera caído y tampoco haberlo dejado encima de la mesa, pero era evidente que mi pie descalzo lo había pisado.

Como pude y a pata coja conseguí llegar al dormitorio, me cambié de ropa, cogí móvil y cartera después de llamar a un taxi para llevarme a urgencias. Casualmente mi hermana Cristina en su última visita se había dejado las muletas en mi paragüero. Al taxista no le hizo mucha gracia la herida de mi pie porque aún sangraba, pero no podía taparlo ya que corría el riesgo de clavar aún más los cristales en la carne, suponiendo un mayor grado de dolor que superaría con creces mi umbral del mismo. Lo sentía por él, como así se lo dije, procuré no manchar nada más que la alfombrilla para que fuese fácil la limpieza y con un gesto de alivio para ambos, me dejó en la puerta del hospital.

Los celadores andaban un poco adormilados porque a pesar de verme con muletas, no teniendo idea de cómo manejarlas, ni siquiera buscaron una silla de ruedas para aliviar mi incapacidad momentánea. El médico tampoco estaba muy espabilado porque no hacía más que mirar de izquierda a derecha mi pie sin hacer nada. Claro que luego comprobé que estaba en prácticas y no debía más que mirar hasta la llegada del titular, un tipo estirado y repeinado que con aire indulgente comenzó a preguntarme lo que había pasado.

No usó anestesia para mí ni para el pie por lo que al intenso dolor de sacarme los cristales volví a desmayarme, menos mal que había vaciado ya la vejiga. El despertar no fue mejor que en casa porque el dolor seguía siendo insufrible, por más que le pedía algún calmante o sedante o lo que fuera, me daba igual, así no podía continuar porque me volvería loco. Insistí, insistí e insistí, por fin me inyectó un calmante que me dejó tan mareado que no podía sostenerme en pie y tuve que pasar la noche en un box, rodeado de pitidos, quejidos de otros pacientes y doliéndome todo el cuerpo menos el pie, ¡menos mal!, por la dureza de la camilla.

Unas horas más tarde consiguieron que una ambulancia me llevara a casa, como pude llamé a Paco el vecino de abajo que es fisioterapeuta y gracias a él conseguí hacerme las curas y recuperar unas semanas después la movilidad completa del pie. No conseguí saber qué pintaba el vaso roto debajo de la mesa porque no tengo ni perro ni gato, y tampoco comparto la vivienda con nadie, por dicha razón me quedé preocupado por si soy sonámbulo y nunca me había percatado.

Por si acaso he cambiado los vasos por unos de plástico hasta que arregle mi desorden nocturno, si es que lo tengo.







 

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La rueda gira pero el hámster está muerto - Marga Pérez

                                    10 manicuras de uñas para Navidad - Hogarmania 

 

 

No sabía para qué me llamaban. Estaba nerviosa, lo reconozco. Presentarme en las oficinas de Hacienda me inquieta siempre. Igual son cosas mías pero percibo a menudo que desconfían de mí. Que intuyen que les oculto algo, y no van desencaminados. Soy reacia a pagar todo lo que me piden. No entiendo que tengamos que ser siempre los mismos los que mantengamos el sistema mientras que los poderosos se evaden, se esconden en paraísos fiscales y pagan a abogados que conocen todas las triquiñuelas para salir indemnes… Bueno, podéis entender como estaba cuando salió mi número. Me senté frente a una pantalla de ordenador que ocultaba el rostro de la funcionaria que me iba a atender. Supe que era mujer por sus manos. Tecleaba a la vez que emitía un lacónico “Enseguida le atiendo”. No me importó. Aquellas manos eran un imán para mis ojos. No podía dejar de mirarlas. Tenía unas uñas perfectas, como si acabara de hacer la manicura, todas iguales de tamaño, igualmente redondeadas, iguales de brillo aunque cada una de un color. Me maravillaron los pulgares dorados con brillantina al mejor estilo navideño. Los índices brillaban en azul. Una fina raya blanca las dividía dejando una parte lisa y la otra con minúsculos lunares blancos. Los corazones se dividían entre el dorado brilli brilli y el verde con decoración roja imitando el acebo florido. Los anulares combinaban los mismos colores pero al revés, primero el verde acebo y luego el llamativo dorado. Y los meñiques combinaban el azul con pintitas doradas y el dorado liso… Una auténtica obra de arte. La verdad es que me tranquilizó. Una funcionaria con aquellas manos no podía ser una amenaza. Denotaba una personalidad rebelde, sensible, al margen de convencionalismos, sin miedo a saltarse las normas… Cuando salió de detrás de la pantalla supe que me había equivocado. ¡Ya no saben qué hacer para pillarnos desprevenidos!

 

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Intercambios - Esperanza Tirado

                                          Libros

 

 

Libro, antiguo inquilino en estantería decorativa, busca nuevos lectores. Ofrece lectura muy amena y argumento medianamente original. Si no gustara se devolvería el dinero. También se propone como ejemplar de bookcrossing. Cruzar el charco siempre ha estado en su índice de materias por explorar.

Lector interesado en conocer otros especímenes lectores fuera de su entorno laboral y familiar. Aficionado a la historia y a la novela negra. Con posibilidad de ampliar variedad de géneros a compartir.

Escritor en crisis, aquejado con el síndrome del impostor, solicita opinión de antiguos lectores que validen sus obras previas. Su musa le ha abandonado llevándose consigo la promesa de una nueva historia.

Relato largo con argumento aún por desarrollar y con ínfulas de novela, se postula para aterrizar en una cabeza pensante con ideas claras y visión de futuro comercial.

Vendedor de mercadillo oferta libros descatalogados y de viejo. Precio a convenir con los compradores. Esperando se conviertan en lectores propensos a la caza de antiguos y nuevos libros.

 

 

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Cantamancha - Marian Muñoz

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De donde no hay no se puede sacar” siempre me lo decían y era la mejor definición posible de Merchina. Comparto habitación con ella en el geriátrico, bueno lo de compartir es muy generoso porque hay sentimientos que desconoce.

De niña fue rebelde, de joven peleona y de adulta una contestaria, en su vejez es un duende provocador que enfada al personal trabajador y a todos los residentes porque no atiende a razones.

Siempre ha hecho lo contrario de lo que le decían o debía, llegó hasta 1º de la ESO porque de tanto repetir cursos en mitad de ese cumplió los 16 y se largó. Un problemón en casa, aunque lo puso fácil al escaparse y desaparecer durante 10 años. A su regreso la familia había conseguido olvidarla y ser felices sin la preocupación de cuál sería el último quebradero de cabeza que causara, así que al no ser bienvenida se quedó más tiempo del deseado por sus padres.

La pillaron varias veces durmiendo en el cajero de un banco siendo fichada por la policía y la guardia civil. Por un hurto un juez la envió a la cárcel intentando mantenerla en una celda, pero su comportamiento era tan contrario a una convivencia pacífica que decidieron internarla en un psiquiátrico, craso error porque salió tal cual entró, pero dejó tras de sí un reguero de bajas por depresión o ansiedad, no era persona grata de tratar y volvía loco a quien se la cruzaba.

Sin embargo, he de reconocer que algo hizo bien, se quedó embarazada siete veces y al término de sus siete embarazos fue a parir a un hospital cediendo en adopción a sus siete hijos de los que nunca quiso saber nada porque ni tenía tiempo de ser madre ni quería que vivieran con una persona tan contradictoria como ella. En su mejor época conseguía trabajos esporádicos que no conseguía mantener porque las normas de horarios, actividad o respeto no iban con ella, era lo que hoy en día llamamos una antisistema, iba en contra de todo lo establecido, pero no por una razón, porque no razonaba, sino porque en su interior no soportaba lo que otros dictasen o decidiesen, fuera lo que fuese.

Un frío invierno de nieves acabó con sus huesos (porque en eso se había convertido) en el hospital, donde tras recuperarse quedó bastante tocada su energía y aceptó ser ingresada en una residencia de ancianos, llegando un buen día hasta la otra cama de mi habitación. A pesar de sus años y su flojera física su personalidad no había mermado ni un ápice, creciendo en la oscuridad de la noche al abrigo del silencio, paseaba por el recinto manchando todo con los polvos de talco, otro día con las cremas o aceites corporales, derramando sal o azúcar. Si pillaba mercromina o betadine era cuando más disfrutaba. Las empleadas escondían todos los productos posibles de esparcir, entonces se dedicaba a cambiar las sillas o sillones de sitio, escondía escobas, recogedores, en una palabra, lo ponía todo patas arriba y por más que pusieron vigilancia nocturna o sensores de presencia no fueron capaces de pillarla.

Todos sabíamos quién era, porque si bien compartía habitación, debido a mis pastillas para dormir no me daba cuenta de nada. Para colmo por el día no paraba de cantar, lo hacía tan mal que todos la rehuían y procuraban estar lo más lejos posible, más de una vez intentaron que no lo hiciera, pero siempre siempre hacía lo contrario de lo que le decían, por esa razón le puse el mote de Cantamancha, no podía chivarme ya que soy la única persona a la que respeta y desconozco el motivo, como no quiero que cambie porque la temo, pues chitón, como me dijo en una ocasión “calladita estas más guapa”.


 

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Truco hueco - Esperanza Tirado

                                            Martillo y clavos  - Foto de stock de Martillo - Herramienta de mano libre de derechos

 

 

Se apresuraron con el martillo y los clavos, corrieron hacia la pared indicada y allí fueron clavando uno por uno todos los clavos hasta que no quedó hueco en la pared. Llegó el turno del segundo equipo. Cuando sacaron el último clavo, la pared se derrumbó, aprisionando a algunos del primer equipo. Ambas estrategias tenían muchos huecos, dictaminó el jurado. El premio del reality a la mejor construcción de decorados quedó desierto.

 

 

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