
Xian
Bo llegaba a España cargada de inseguridad. Sentía mariposas en el
estómago, que, con pájaros de colores, la enajenaban al revolotear
también por su cabeza. Estaba ilusionada, era la primera vez en sus
dieciséis años de vida que salía de su pueblo y no sabía qué era
lo que se iba a encontrar. Fantaseaba con paisajes de playa, jóvenes
de ojos rasgados en bañador, música de guitarra y vestidos llenos
de lunares… Tenía la ilusión intacta de sus dieciséis años.
Llegaba
directamente de China en un barco de contenedores en el que varios
pasajeros figuraban como parte de la tripulación, entre ellos su
primo y ella. Llegaban de manera ilegal.
Xian
Bo era una joven callada , observadora. Sabía cómo hacerse
invisible, pasar inadvertida, mimetizarse con su entorno. Era menuda,
morena, con cara redonda, pelo negro cortado a lo chico. Pasaba por
un jovenzuelo sin tan siquiera tener que esforzarse por disimular su
condición sexual. Tenía un cuerpo aniñado y nadie se percató en
el barco de que una joven les acompañaba. Xian Bo era la única
fémina a bordo.
Ya
en España, los dos jóvenes fueron acogidos por la comunidad china
afincada en Barcelona y, en concreto, por una hermana de su padre que
regentaba allí con su familia un restaurante vegano.
Xian
Bo y su primo se instalaron en su casa y al día siguiente, sin
tiempo para darse cuenta de que ya estaban en España, empezaron a
trabajar en el restaurante, ella ayudando al cocinero y su primo de
freganchín.
El
trabajo era duro y les ocupaba casi todas las horas del día. No
sabían que dejarlos sin tiempo de ocio era la estrategia utilizada
por sus mayores para mantenerlos al margen de la cultura del país al
que iban a trabajar. Eran pobres. Emigraban de su tierra para hacer
dinero. Emigraban, también, sabiendo que volverían. No podían
integrarse ni perder su cultura porque querían regresar a su pueblo,
a sus raíces.
Xian
Bo cuando se fue, también sabía lo que le esperaba. Sabía que
tenía que casarse. En su familia, por ser mujer, ella era un miembro
provisional de la que sólo formaría parte, de manera oficial,
cuando se casase, entrando a formar parte de la familia de su marido.
Sabía que tenía que regresar a su país a los veinte…
veinticinco, como mucho, para casarse con uno de los suyos. Hasta
entonces le daría tiempo para reunir la dote. Sus padres no podrían
entregarla en matrimonio si no tenían ese dinero. Eran pobres.
Y
Xian Bo trabajó cada día en la cocina del restaurante sin levantar
los ojos del suelo, un día y otro. Y así tres largos años. Su
primo aguantó menos. Al tercer mes se despidió del restaurante y de
la familia. Quería probar la libertad occidental y se largó sin
tan siquiera despedirse de ella.
Xian
Bo trabajó como una esclava tres largos años hasta que enfermó. No
sabía qué era lo que le pasaba. No podía consigo.
Su
tía llamó al médico de la comunidad que, diligente, la auscultó.
A aquel corazón le pasaba algo y no era nada bueno. Mandó un
tratamiento que le administraron fielmente y que no la ayudó a
mejorar. En una semana, en su cama, sin poder hacer nada por ella,
Xian Bo se murió.
Xian
Bo tenía diecinueve años cuando la muerte llamó a su puerta. No
había tenido tiempo para contraer matrimonio y no podían repatriar
su cadáver, porque, para España, Xian Bo no existía.
Sus
tíos estaban desconsolados. La muerte de Xian Bo había sido un duro
golpe para ellos. Habían perdido a una sobrina además de a una gran
trabajadora, pero lo peor es que había muerto sin contraer
matrimonio. Ellos, sus familiares, no podían dejarla partir a la
otra vida sola, su eterna felicidad dependía de ellos. No podían
dejar de atender sus necesidades , ni aquí ni en el más allá.
-
Mi sobrina Xian Bo ha fallecido sin haber contraído matrimonio,
busca un marido para ella. Dice su tío a alguien con quien habla
desde su móvil.
-
Estamos en Europa… va a ser difícil.
-
La dote es digna de tenerse en cuenta...y para ti... tres mil euros
¿Crees que sigue siendo difícil?
Duda
unos segundos -Entraré en la web- dice por fin.
El
negociador sabe lo importante que es para algunos chinos celebrar
minghun, matrimonio de ultratumba. Sabe que algunos creen que si
dejan partir a su hija sin marido, no tendrá un lugar oficial en el
mundo de los vivos del más allá, tendrá una vida incompleta, será
infeliz. A el le corresponde la negociación con la familia del
novio. Sabe que es difícil en una sociedad descreída y consumista
pero el dinero les vendrá muy bien a todos.
El
negociador accede a la intranet de la comunidad china. Entra en el
obituario y anota los datos de varios de los fallecidos . Después de
ponerse en contacto con sus familias llama al tío de Xian Bo.
-Lo
que le dije. El precio es desorbitado.
-No
son solteros ¿Me equivoco?
-No,
todos tienen mujer. El que menos pide quiere el restaurante
-¿Y
los demás?
-
No bajan de 300.000€
-
Están locos. Eso no es una dote, es una herencia. ¿Qué ha pasado?
-
No creen en minghun y se quieren aprovechar.
-
¿Que puedo hacer? Ninguno de la familia entenderíamos que vaya a
irse sola.
-
Ya lo sé. Deje que siga buscando... Si no es un muerto puede ser un
vivo ¿no?
-
Si claro, pero ya no será un cuerpo húmedo... tendremos que
enterrarla hasta que el muera… ya sabes que Xian Bo pierde valor en
la negociación….
-
Déjeme un par de días
-
No podemos esperar mucho. Si en dos días no hay novio tendremos que
enterrarla de forma provisional.
Nada
más colgar con el, el negociador llama a alguien que, por poco
dinero y de la manera que sea, está dispuesto a conseguirle un
cadáver. El no entra en los detalles. Paga y mira para otro lado.
Enseguida responde a su llamada.
-
¿Cuanto quieres?
-
Doce
-
¿Para mañana?
-
Cuente con ello mañana por la tarde
-
Te lo confirmo en cuanto cierre.
-
Ok
Después
del tiempo necesario para justificar su trabajo, el negociador vuelve
a contactar con el tío de Xian Bo
-
¿Cuanto me dijo que daba de dote?
-
Cincuenta mil
-
¿Podría llegar a los ochenta? Tengo uno que ya bajó a ciento
cincuenta. Si le ofrezco 80 igual… Todavía no le di ninguna
cantidad... Me está tanteando
-
¿Es joven?
-
Si, por supuesto, si fuera viejo no me atrevería ni a planteárselo.
-
Cierra en 80 y avísame para preparar la ceremonia.
-
Ok, en cuanto lo tenga.
El
negociador vuelve a llamar al desconocido que esperaba impaciente
-
Confirmado, doce, mañana por la tarde.
-
Ok. Como siempre.
La
ceremonia está en marcha. Xian Bo vestida de rojo está dentro de su
ataúd en medio del salón-templo. Los músicos, el banquete, los
amigos, todos rodean a la novia. El cortejo del novio, en comitiva,
transporta su féretro con paso solemne desde el garaje del edificio.
La
novia ataviada con adornos tradicionales espera al novio que, de
forma ritual, colocan a su lado. Suena la música. Empieza la fiesta.
Nadie
sabe quien es el novio pero más de uno de la familia reconoció al
primo de Xian Bo en aquel ataúd. Aquel primo que dejara el
restaurante y a la familia para probar la libertad occidental pero,
ninguno dice nada. Todos disfrutan felices del baile. No quieren
saber quien es. Cumplieron con lo que se esperaba de ellos.
Xian
Bo y su primo, sin habérselo propuesto, continuarán juntos aquel
viaje que tres años atrás iniciaran en un pueblo empobrecido y
aislado de la provincia de Gansu, entre valles color ocre, pájaros
multicolores, angostos recovecos, riberas amarillentas y bosques
sombríos. Nunca pensaron que llegarían tan lejos.

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