Alfombra roja- Esperanza Tirado

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Desfilar por una alfombra roja tras meses de sequía de estrenos era toda una experiencia que había que vivir, una vez en la vida al menos. Elegir estilista para el vestido, peluquero y maquillador para lucir espectacular, complementos especiales, joyas de ensueño… Y hacer dieta tres semanas antes para caber en el modelazo. Ese era su sueño.

La película en la que participaba era una historia que no tenía ni pies ni cabeza, más que en la mente de su autor, que disfrutó y sufrió a partes iguales en el rodaje. Su idea, su historia, su dinero. Su gran sueño en imágenes.

Las discusiones con el director eran la escena más esperada de cada sesión. Mientras tanto, los técnicos fumaban, hacían sudokus o dormían la resaca de la noche anterior para pasar el rato hasta el siguiente cabreo. Los actores principales, estrellas de postín, se encerraban en sus roulottes de lujo y bebían champán rosa a espuertas mientras les daban masajes, algunos se rumoreaba que con final feliz. Y los secundarios compartían bocatas y cervezas de lata en un descampado a la sombra del set.

Ella disfrutó como nunca de la experiencia y del ambiente, cabreos incluidos. Soñando con cambiarse el nombre. Rita, Greta, Ava, Bette, Audrey… todos sonaban mejor que Eduarda López, su nombre real, que posiblemente saliera en letras diminutas en los títulos de crédito.

Una vez terminada, la película se guardó en el cajón de los rodajes olvidados y nunca más se supo. Ni siquiera conservaba el teléfono del director o de los actores protagonistas. Claro, ella era una secundaria que a saber en qué escenas saldría; o no, dependiendo de dónde hubiera caído la tijera del Gran Señor Productor, autor de aquello. Que para eso el dinero era todo suyo. Caprichos de rico en tiempos raros.

Aún así, ella no desperdició su ocasión. En cuanto abrieron los cines tras el periodo obligatorio que a todos nos pareció una vida entera, escogió en la cartelera del periódico. Y se vistió como para ir a los Oscars con sus mejores galas. Y se presentó en los cines del centro comercial de su barrio.

Menudo cuadro, debieron pensar los que iban al Carrefour a llenar los carros con el sueldo del mes ese fin de semana. Todos pasaron una tarde la mar de entretenida gracias a su idea.

Y es que la que siente que es una estrella lo es para siempre y en cualquier ocasión, por mundana que sea. A pesar de las circunstancias y aunque sólo salgas en un lejano segundo plano. El primer escalón siempre es el más complicado y alto de subir. Hasta las divas de Hollywood tuvieron su primera vez.

Qué bien olían las palomitas, qué ganas de una súper CocaCola de medio litro... Lástima de capricho imposible con semejante vestidazo ajustado. Le hubiera reventado las costuras y el diseñador le hubiera cobrado un pico.

Ya se desquitaría en casa con una tarde de sofá, manta, pijama y peli. La comodidad del hogar siempre es mejor opción.

Pero está claro que por ser una diva y pisar una alfombra roja hay que pagar un alto precio. Los vídeos grabados con ella como protagonista exclusiva aquella tarde de cine y compras se hicieron virales. Y tuvo sus quince minutos de gloria en los medios.

Mientras se contemplaba por enésima vez en uno de ellos, elegantísima en su opinión, a la memoria de los enormes ojos de la mismísima Bette Davis puso por testigo; jurando que volvería a hacerlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Buscándome la vida - Gloria Losada

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Lo perdí casi todo al mismo tiempo. Un día me despidieron en el trabajo por reestructuración de plantilla y al siguiente me dejó mi novio con la típica excusa del no eres tú soy yo. Me pasé unos cuantos días metida en casa llorando, no tanto por el trabajo como por haber perdido al amor de mi vida. Tenía un año de paro, así que decidí dedicarme a llorar y lamerme las heridas y una vez que se me pasara el disgusto ya me pondría a buscar ocupaciones. Pero mi novio era difícil de olvidar, el paro se iba agotando y yo no tenía ganas de peregrinar por las empresas. A lo mejor podía hacerme famosa por la web, abrir un canal de You Tube o una página de Instagram, conseguir tropecientos mil seguidores y que me empezaran a pagar por ello. La idea era estupenda, pero el problema estaba en qué hacer, qué decir, qué habilidades mostrar. Las posibilidades eran todas y ninguna, podía arriesgarme a hacer el imbécil, diciendo por ejemplo que era vegana y mostrando mi comida, aunque fuera mentira, podía hacer punto de cruz, macramé, maquillaje... lo intenté, pero nada dio resultado. En mi desesperación una noche compré un botella de vino y mientras bebía me grabé a mi misma poniendo a parir a mi novio. Le llamé de todo menos bonito. Subí el vídeo a mi canal de You Tube. A la mañana siguiente estaba arrepentida, pero cambié de opinión cuando vi las visitas y los seguidores. Y nada, pues que a eso me dedico, a poner a parir a mi ex desde hace más de un año y ya vivo de ello. Algunas cosas me las invento, bueno a estas alturas casi todo, pero ya estoy pensando en comprarme un piso. No es una forma muy ortodoxa de buscarse la vida pero... es lo que hay.

 

 

 

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¿Vd. qué haría? -Marian Muñoz


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Uuuuh, uuuuh, Con el ulular del búho comenzamos una madrugada más nuestro programa. Queridos radioyentes noctámbulos, funámbulos y los sonámbulos que despierten para compartir con nosotros este rato hasta el alba. Mi nombre es Electra e intentaré que vuestros sueños se dirijan hacia una zona común y no echéis de menos la cama o la seguridad nocturna de vuestro lecho.

Hoy os voy a leer el correo electrónico enviado por una nueva amiga que recaba nuestra opinión. Como siempre al final de la lectura daré los teléfonos para que a través de vuestros SMS o whatsaps la podamos ayudar, ya sabéis que podéis hacernos vuestras consultas a electraysusnoctambulos@gmail.com y sin más preámbulos os narro su historia:

Mi querida Electra y sus noctámbulos, me llamo Eliane y estoy casada con Raúl, los dos somos urbanitas natos puesto que nacimos, crecimos, nos formamos, nos casamos y trabajábamos en una ciudad populosa, éramos una pareja normal, de vez en cuando íbamos al cine, a un restaurante fino o un finde de balneario. Él era ejecutivo en una compañía de transporte de pasajeros y yo alternaba mis tareas en casa con media jornada de cajera en el súper de una multinacional, todo nos iba bien incluso comenzamos a pensar en aumentar la familia, pero esta puta pandemia (perdón por la expresión) cuando no te mata te deja en la calle con un futuro incierto.

Eso fue lo que nos pasó, la empresa de Raúl tras muchos problemas y contratiempos terminó cerrando y enviando a sus empleados al paro, al mismo tiempo mi jefe me solicitó doblar la jornada pues la clientela había aumentando tanto que no daban abasto con el personal. A la vista de nuestros posibles problemas económicos acepté. Aquellas jornadas se hicieron eternas, llegaba agotada tras estar ocho o más horas de pie, limpiando la superficie de trabajo cada vez que pasaba un cliente, angustiada de que a pesar de los tapa morros (algunos llevan la nariz por fuera) me podían contagiar el virus. Llegar a casa y que mi amorcito me pusiera el plato del almuerzo o la cena delante y calentito era un auténtico placer. Se afanaba sin problema en las tareas domésticas, incluso alegremente decía que si su madre, su abuela y sus tías lo habían hecho toda su vida pues estaba en sus genes el hacerlo bien.

Pero la soledad y la monotonía de las tareas hogareñas empezaron a aburrirle e inició una comedura de tarro para salir del bucle en el que estaba metido. La vida de pandemia en una gran ciudad es agobiante y en su sesera comenzó a montarse una película de la vida bucólica en el campo. Los pájaros, los árboles, los prados, el murmullo del viento en el bosque, el sonido del agua discurriendo entre las rocas, un escenario maravilloso del que no tenía experiencia. Yo había podido disfrutar hasta los catorce años de los veranos con mis abuelos en el pueblo, ayudando en la huerta, ordeñando vacas, cogiendo huevos en el gallinero para luego hacer bizcochos, madalenas o panes con mi abuela. Limpiar el pesebre, el corral o sallar patatas, ajos o maíz era agotador, aunque lloviese tenías que ocuparte igualmente de todo, claro de eso él ni idea.

No quería desanimarle de sopetón, lo malo era que se comía el seso detrás del sexo y cada vez que nos dábamos un revolcón terminaba hablándome de su idea y sus aspiraciones, no lo tenía mal planeado pues mientras le durara la paga del paro no nos moriríamos de hambre y si no salía bien podríamos volver e intentarlo nuevamente en la ciudad. Terminó por convencerme con la condición que en ese pueblo se viera bien la televisión y hubiera buena línea de internet. Ante mi rendimiento se empleó a fondo en la búsqueda de nuestro nidito de amor encontrando una casita coqueta recién reformada, con un terreno bastante grande en una población pequeña pero bien dotada y a un precio muy asequible. Acepté sus condiciones, pedí la excedencia en el súper para tener opción de volver en caso de apuro e hicimos las maletas. Al vivir en un apartamento alquilado siempre mantuve una decoración minimalista por si algún día nos mudábamos y no tener que cargar con demasiados objetos. Alquilamos una furgoneta que conducía él y yo le seguí en nuestro pequeño utilitario.

Cuando llegamos mis temores se apaciguaron, la casita era tal y como nos habían mostrado en las fotos, situada a las afueras del pueblo el paisaje era cautivador, un bosque cercano con riachuelo, grandes superficies plantadas y algunos chamizos poblaban las huertas cercanas. Dos habitaciones no muy grandes, cocina abierta al salón con pequeño comedor, un baño amplio y una gran chimenea colocada estratégicamente que era el único sistema de apaciguar el frío en invierno, el porche daba luminosidad a toda la casa. Decorada con los muebles justos de forma acogedora no pude evitar saltar de alegría y darle un gran beso recién llegados antes de vaciar los dos vehículos.

El pacto había sido que me dedicaría exclusivamente a la casa y él a tareas agrícolas. A la mañana siguiente a nuestra llegada callejee buscando donde hacer compra para nuestra despensa, tropezándome con una tienda de ultramarinos muy bien equipada para ser de pueblo. Compré patatas, huevos, arroz, legumbres, pan, fruta y verduras, ¡me dejé un dineral! Menuda ladrona la tendera, como era el único comercio del pueblo robaba a manos llenas, según me contó después una vecina a quien le di pena, la tendera es la mujer del alcalde pedáneo y con el negocio se entretiene y gana para sus antojos, ¡pues menudos antojos más caros debe tener! Menos mal que la misma señora me indicó un supermercado más barato en una población cercana al que suelo acudir para abastecerme.

Mientras tanto Raúl empezó a desbrozar el terreno, alquiló no sé donde una maquina que le cavaba la tierra y la aireaba, se ve que algún vecino piadoso comprobando lo pardillo que era le daba buenos consejos. Llegaba todas las tardes rendido a la cama, apenas tenía ganas de comer mis ricos guisos y mucho menos hacer el amor ¡con lo feliz y relajada que estaba yo! Cuando terminó de preparar el cuadro de cebollas tenía las manos llenas de ampollas que tuve que curarle y vendarle para que no se infectaran, el siguiente cuadro de puerros y ajos le provocó lumbago, menos mal que el ibuprofeno y unos masajes con aceite hacen maravillas, el siguiente cuadro de las patatas le supuso una buena mojadura permaneciendo unos días en la cama con algo de fiebre, a pesar de tanto contratiempo no le oí quejarse ni una sola vez, era duro además de cabezón.

He de decir que yo era feliz, la limpieza de la casa llevaba poco tiempo y encontré en internet un tutorial para decorar con objetos del bosque, del campo o del río, desarrollaba mi creatividad y ambientaba económicamente mi hogar. Las vecinas al principio reticentes conmigo pronto se rindieron ante mis galletas ya que Raúl no estaba para apreciarlas. En previsión de que llegara el frío antes de tiempo compré por indicación del tabernero un carro de leña, muy limpiamente cortada duraría al menos dos o tres años si sabía administrarla. La descargaron en un lateral del corral y tras sopesar en qué parte hacer una leñera, me puse a colocar los troncos uno a uno, con la mala suerte que al segundo día cayó una buena tromba de agua y se empaparon doblando su peso, cuando paró de llover seguí con mi pesada tarea pero observé que de los troncos salían unos pelillos hacia arriba, día tras día crecían llegando a convertirse en hongos, bueno en setas como las que había visto en el súper. Salieron muchas, muchísimas, no tenía ni idea si eran comestibles, así que metí unas cuantas en una caja de zapatos y las mostré en el pueblo a todo aquel que tropezaba, fue el señor cura quien me dijo que parecían shiitake, una seta japonesa muy apreciada, viendo que no me fiaba mucho de su criterio las llevamos a la tasca donde en la cocina las prepararon con ajitos y reducción de PX, los allí presentes las degustaron comentando que eran una delicia. El cocinero me las compraba si le llevaba más, me di cuenta que podía ser un buen negocio cultivándolas sin apenas esfuerzo. Ese es mi dilema: ¿Las cultivo yo o se lo cuento a Raúl para que sea quien lo haga y venda, ya que nos supondría un buen ingreso, o no le digo nada y dejo que siga ilusionado ejerciendo de agricultor agotándose cada día como él quería ? Llevo unos días escuchándoos desvelada y hoy me he atrevido a consultaros”.

Bien mis queridos noctámbulos, pensar bien que haríais vosotros, los teléfonos son el 666555444 para enviar vuestro SMS y el 654333211 para mensajes de whatsap, unos minutos de publicidad y a la vuelta damos respuesta a nuestra amiga Eliane.

 

 

 

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Tiempos de cambio - Marga Pérez

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El parque ha quedado en silencio. Los obreros y la maquinaria que realizan la remodelación ya acabaron por hoy su jornada laboral. El toque de queda a las diez de la noche favorece el silencio y la soledad en los espacios públicos, también en el parque y Don Pedro, el Adelantado, lo aprovecha para bajar de su pedestal y hacer sus ejercicios habituales. Tras flexionar varias veces las piernas, recorre, a paso enérgico, cada rincón, buscando esa flexibilidad perdida después de horas y horas allí inmóvil. Es el único de las estatuas que tiene esta habilidad, otras sólo pueden hablar desde su ubicación y apenas pueden moverse, otras ni éso. Quizá con el tiempo lleguen a conseguirlo… cada noche, cuando quedan solas, lo intentan.

Don Pedro llega al otro lado del parque y se detiene ante la estatua de Afrodita.

-Buenas noches, querida diosa, hace tiempo que no hablábamos

-Si, ya me di cuenta de que últimamente el Sátiro captaba mucho tu atención.

-Sabes que llevo mal eso del tuteo... y el Sátiro, será todo lo libertino que quieras pero a mi siempre me trata con respeto, como Don Pedro, y éso me gusta.

-Eres muy antiguo, Pedro, hay que ir con los tiempos. Fíjate cómo hablan hoy los que vienen al parque…

-Eso podrás hacerlo tú que tienes bancos cerca. La gente se sienta y tú escuchas sus conversaciones...por éso eres tan moderna. Yo estoy ahí arriba...Me miran, hacen fotos… No los oigo. Se detienen poco para hablar de sus cosas.

-Ten cuidado no te vayan a quitar. Mira la fuente grande, ha caído en desgracia.

-¿Qué me dices?

-Pues éso, que la quieren quitar. Ya olvidaron aquel tiempo en que no paraban de pedir una fuente… Espero que la de Verano no siga el mismo camino. ¿Por qué no vas a hablar con ella? Debe de estar muy afectada.

-La verdad es que nunca lo hice. Siempre la vi ahí... oigo con agrado su insistente fluir acuoso pero… sólo me acerqué a ella para refrescarme aquel verano que hizo tanto calor… No sabía tampoco que hablase… Ya que nos va a dejar voy a charlar con ella un rato, a ver qué me dice. Adiós Afrodita.

-Adiós Pedro. No seas duro con ella si te tutea, ella siempre fue de otra clase… marginada, fuera del parque, no como nosotras. Estará enfadada ¡Saben los dioses que palabras utilizará!

Don Pedro, con su espada a cuestas se dirige hacia la fuente por el sendero cubierto de rosas trepadoras. Embriagado por el olor aminora el paso para disfrutar del momento. Respira con profundidad y rememora otra vegetación de otros lugares diferentes y lejanos vividos en su otra vida. Olores de tiempos pasados que no volverán.

El parque está oscuro, más por efecto de los frondosos árboles que por falta de luz de las farolas. Don Pedro camina entre sombras sin hacer ruido. No lejos ve a la fuente sin ninguna sombra que la proteja. Está sola entre asfalto, casas, luces… Erguida, con dignidad, vertiendo chorros de agua de manera circular, sin principio ni fin… Cuando llega allí eleva la voz para que el ruido del agua no impida que pueda escuchar sus palabras.

-Buenas noches ¿Cómo está?

La fuente tardó un poco en darse cuenta de que era a ella a quien se dirigía aquel señor, que durante bastante más de un siglo, veía a lo lejos, en su pedestal… Pero no había nadie, estaban solos, tenía que ser a ella...

-Bien, gracias ¿y usted?

Don Pedro estaba gratamente sorprendido por el trato recibido por alguien de quien había pasado durante tanto tiempo y se animó a seguir hablando.

-He oído que enseguida dejará de estar con nosotros.

-Eso he oído yo también

- A mi no me gustaría que me quitasen de mi monumento, a no ser que fuera para estar en un sitio mejor, ¡claro!

-Yo soy una fuente sin categoría, sin estilo, sin valor de ningún tipo… Es lo que he oído. La verdad es que no me molesta, estoy cansada pero muy agradecida por haber podido ver la transformación de Avilés desde un sitio tan privilegiado.

Disfruté desde el principio de los paseos de la gente, del crecimiento de los árboles, de las fiestas del bollo, las carrozas, de los pasos de semana santa, de los carnavales. Además la música siempre la tuve cerca. Desde el quiosco, domingos y festivos, la banda de música amenizó mis mañanas. Hubo verbenas, conciertos, la mar de ruido, chiringuitos, puestos de venta ambulante, danza prima… nunca me sentí sola. Incluso en los peores momentos, cuando dicen que abrieron otro parque más grande y este quedó casi abandonado, aquí hubo jóvenes que acudían a diario a hacer sus cosas, eran raros pero ...no estaba sola. En otros tiempos los autobuses llenaron de vida la zona. Gente siempre corriendo en busca del autobús que le llevase a casa o le trajese a la Villa a trabajar, al mercado… No, no estoy triste. Vi los cambios de Avilés, el nacimiento de Ensidesa, cómo mejoró la zona de la ría, la rehabilitación del Palacio de Camposagrado… La tienda de deportes que lo ocupara, hace muchos años, no era digna de la categoría de esa maravilla de edificio. No, no me voy triste, es ley de vida, se llama evolución, ya no hay espacio en este parque para mi. ¿Seguir en otro sitio?… creo que cumplí mi misión, no merece la pena que luchen por mi permanencia. Me iré feliz con todo lo que viví aquí durante tantísimos años.

- No sabe cuánto me alegra haberla conocido. Siempre pasó inadvertida para mi y seguro que para muchos de los vecinos de esta villa, también ... la echaremos en falta, buena suerte.

Don Pedro, sin apenas escuchar las palabras que contestó la fuente, le da la espalda para regresar a su pedestal antes de que vuelva la vida al parque. Al pasar por donde la foca, tuvo un gesto impropio suyo , se acercó a acariciarla. El nudo que tenía en la garganta se diluyó en una amplia sonrisa cuando la foca, por primera vez, consigue moverse y corresponde feliz guiñándole un ojo de complicidad.



 

 

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Un paseo por Avilés - Pilar Murillo

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Desde hace unos meses para acá, acostumbro a pasear más allá de mi barrio. Tampoco es tan lejos llegar hasta la zona centro de Avilés. Desde donde vivo hasta ahí serán quince minutos a mí paso. Voy con mi perrito y los dos aparentamos felicidad, él seguro que lo es porque ha llegado a una edad que para un humano serian unos 94 años y está super bien, en cambio yo…, No, no me voy a quejar, porque yo estoy viva. A pesar de la pandemia, a pesar de la soledad, a pesar de los pesares… Estoy viva. Mientras camino voy mirando sin fijarme y mi mente va cavilando, (“pienso, luego existo”) a mi mente llegan infinidad de ideas para monólogos, para obras de teatro, para alguna novela, incluso me atrevo a pensar en letras de canciones. Los problemas, que siempre los hay, los dejo a un lado, no estoy dispuesta a que frenen mi creatividad ni el ritmo de mi vida. En un pasado no muy lejano me dejaba llevar por la tristeza, pero entonces recorría mi vida, desde mi más tierna infancia, desechando los episodios traumáticos, y sí, era una niña feliz. Pienso en mi madrina, en un domingo de Pascua, cuando me regalaba un bollo, típico de la comarca de Avilés. Pienso en su ternura, en aquellos mimos que ella sólo sabía darme y que nunca dejó de ser cariñosa conmigo, incluso ahora que soy una mujer madura, ella sigue estando ahí, porque hubo un tiempo en que mi madre se puso a trabajar por obligación, de repente vistió de negro siendo yo una niña de tres años y los besos y abrazos que me había dado los guardó muy profundamente y sólo ella, mi hada madrina me llenaba de cariño, de risas, de paseos a la feria en pascua, o cuando era Navidad me llevó a ver la cabalgata de reyes y me acompañó a ver a un rey mago que se ponía en el desaparecido “comercial Espí”. Cuando se pintaba las uñas, me las pintaba a mí también. Los regalos de reyes eran muchos y ella, me pedía siempre cosas que me gustaban mucho. Libros, o muñecas de última moda.

Estoy llegando al parque del muelle, conocido popularmente como el parque de los buses. Antes de cruzar hasta él, miro la fuente que está situada en un cruce de caminos, haciendo una rotonda. Una fuente de esas que existe desde antes de haber nacido yo. No tiene agua, no tiene ya ni futuro ahí donde está. Hablan de quitarla. ¿Acabará siendo Avilés una ciudad futurista? Sin fuentes, sin sidrerías, sin historia más que en los libros y que un historiador nos cuente que hace siglos en ese lugar donde hay un aparcamiento de coches voladores una vez hubo una fuente. Una fuente con un diseñador de cuyo nombre no me acuerdo, anterior a la fuente había una farola y anterior a la farola y al parque había unas marismas.

Con todos esos pensamientos llegamos al parque del Muelle, mi perro iba saludando a cuantos canes nos íbamos cruzando, unas veces con ladridos, otras con gruñidos y algunas otras veces con movimiento de rabito. Llegados hasta ese punto decidí volver a mi casa, ya comenzaba a irse la luz del sol y mi estomago me recordaba que era la hora de cenar. Pensé en qué podría prepararme, no lo tenía muy claro.

Echo de menos a mi madre, ella tenía siempre muchas ideas tanto para hacer comida como para la cena, la echo de menos como siempre pero ya no me caen tantas lágrimas. Recuerdo que sus abrazos y besos los había guardado muy profundamente cuando yo era chiquitina, pero también recuerdo que los sacó de donde los tenía guardados cuando nacieron sus nietos. Muchos besos y abrazos, mucha comprensión, un comportamiento totalmente distinto, pero yo sentía que aquellas muestras de cariño hacia mi hija, por ejemplo, me llegaban a mi también. Más tarde, cuando ya era una anciana, yo sí la llene de besos y abrazos y a veces “rezongaba”, pero a mi me daba igual, más la abrazaba y me llamaba zalamera.

Quiero darme prisa en llegar a casa, aprieto el paso, porque estos pensamientos si me han hecho poner triste, porque ya no la tengo para abrazarla. Me sereno rápidamente y me digo interiormente… ¡Pero si no se puede abrazar a nadie!, al perro sí, a mi Woody y a Nemo los abrazo, algo es algo.


 

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La fuente no se quita - Marian Muñoz

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Planchaba las mangas de la última camisa, cansada de la mañana de sábado que solía aprovechar para limpiar, cocinar y ordenar el piso revuelto de toda la semana, mientras su padre se iba con Kevin de paseo. Enseguida llegaría Javier del trabajo, oía al peque hablar sólo en su habitación, como si fuera un mantra repetía las mismas palabras que el sonido de la radio no dejaba oír con claridad. Terminó su labor y fue repartiendo con mimo las prendas recién planchadas, al acercarse a su hijo le vio sentado en el suelo, una peonza grande estaba puesta boca abajo y alrededor su colección de dinosaurios con algo blanco en una pata.

¡La fuente no se quita! ¡La fuente no se quita! ¡La fuente no se quita! Asombrada por la cantinela y el montaje le preguntó a qué estaba jugando, con una gran sonrisa le contestó:

--Estamos pidiendo que la fuente no la quiten porque es nuestra y da servicio a los animales y a las personas.

--Cariño ¿de qué fuente me estás hablando?

--La fuente de la plaza de Pedro el que conquistó Florida.

Sabía por la prensa que había manifestaciones para oponerse a quitar la fuente de la plaza de Pedro Menéndez, una fuente que apenas tiene valor patrimonial pero si testimonial para muchos avilesinos, sobre todo a la generación de su padre, que le hubiera llevado a una no le gustó nada, podía suponer un peligro para un niño como él aunque conocía de sobra lo cuidadoso que es su progenitor con la crianza del pequeño.

--¿Qué llevan los dinosaurios en la pata?

--Llevan un pañuelo blanco para que paren el derribo y haya una tregua para hablar sobre la fuente.

--¡Ah, ya veo! – sonrió ante la originalidad de la escena.

--Y luego se anudan en los alambres de la valla en señal de protesta.

--¡Ya! ¿Y tú qué piensas sobre la fuente?

--Pues que es más útil puesta que quitada, porque sino ¿dónde van a beber los pajaritos que viven en el parque de al lado? O ¿Dónde se van a bañar cuando tengan calor? Si no tienen donde hacerlo se marcharán, si ellos se marchan también se irán las abejas, las moscas, los saltamontes y las mariquitas, si no están ¿Cómo van a salir las flores si no picotean en su interior? Si no nacen flores se secarán algunos árboles y entonces el parque será una caca porque verde tendrá bien poco, y los parques tienen que ser verdes y tener bichitos que vivan en ellos.

--¡Vaya! Veo que tienes las ideas claras.

Empezó a pensar que el estar tanto tiempo al cuidado de su padre y sus amigos le estaban convirtiendo en un niño demasiado maduro, aunque apreciaba que lo entendiera pese a su corta edad. Siguió tanteando para ver cuál era su comprensión del problema de la fuente.

--¿Oye y sabes que van a hacer con la fuente y qué van a poner en su lugar?

--Pepo dice que la fuente la llevarán a un almacén y luego se perderá o se romperá y en su lugar van a poner cemento, para que los de mantenimiento no tengan apenas trabajo, sólo podrán pisarlo las furgonetas y los coches que vengan el lunes a la plaza, el resto del tiempo será un terreno vacío y gris de poco interés.

--Pero es que mantener una fuente cuesta mucho dinero, tanto en limpiarla como en los tubos que llevan agua, como en el sistema que permite que salga por arriba y abajo no se desborde.

--Tino el amigo cojo del abuelo contaba que cuando eran pequeños mientras sus padres y madres tomaban algo en el Busto que era una café justo enfrente, ellos jugaban alrededor de la fuente, se chiscaban, y cuando hacía viento corrían a pasar delante sin mojarse, era muy divertido. Antes de la fuente hubo una farola, pero se quitó para ponerla, ¿sabes como la llamaban al principio? La malparida, porque ni hacía aguas ni daba luz.

--¿Todo eso lo has aprendido hoy?

--No, hace días que no hablan más que de ella mientras tomamos el vermut en Chicote, les da mucha pena verla así de triste y fea. ¿Tú sabías que alrededor de ella se hacía la danza prima en San Juan?

--Sí, alguna vez de chavalina pude verlo y acompañar a la abuela en el corro.

--Pues no sé porqué la quitan si es algo que tiene tantos recuerdos para todos. ¿Tú sabías que donde ahora hay unas oficinas de la luz antes había una empresa…. Electrogras, y en el siglo pasado cuando el abuelo era muy niño y no había teles ni apenas radios en las casas, la gente se reunía delante del escaparate porque escribían en él los números premiados de la lotería de Navidad, y la plaza se llenaba de gente, quienes eran afortunados invitaban a sus amigos a tomar algo en el Colón, el Imperial o el Busto, que eran cafés cercanos a la fuente. ¿Sabías que dentro de esa tienda ponían buzones de los Reyes Magos? Los niños de aquella época echaban sus cartas pidiendo regalos, tuvo que ser muy prestoso.

--Si cariño, pero los tiempos cambian y quien manda, manda.

--¿Tú recuerdas los árboles de la plaza del pescado? Pues no hay ninguno, ¿tú recuerdas cuanto verde había en el parque de las Meanas? Pues ahora hay muy poquito y encima han puesto un monolito de mierda que no paran de pintar los grafiteros, ¿tú recuerdas el estanque de las meanas? El abuelo me contó que dejabas allí los renacuajos que traías del pueblo cuando volvías en verano, y la zona de la exposición también tenía árboles. Los dos árboles grandes que había delante de la iglesia de San Nicolás ya no están, ni los jardincillos donde los caños, ni los árboles que había en el paseo de la ría que eran unos cuantos y bien grandotes. Dice Pepo que están quitando el color a la villa, se está volviendo gris como el cemento que ponen y ese color no tiene vida, los bichitos no pueden comer ni formar familias igual que las personas, las fabricas están cerrando y los trabajadores se marchan fuera, los comercios cierran porque no tienen quien les compre, tan sólo los jubilados que con el coronavirus se están marchando al cielo a la carrera y no habrá quien gaste un euro en los bares, porque como les toman a chirigota están cerrando muchos de ellos. Tino dice que Avilés se está muriendo porque apenas tiene verde ni bichitos en sus jardines o parques, ni gente que le guste pasear por aceras tan feas, por eso es importante mantener la fuente, aún podría crear vida a su alrededor, sobre todo a las personas que fueron tan felices con su presencia.

--¿cómo eres capaz de recordar todo eso?

--Porque güelito y sus amigos no paran de contarlo cada vez que paramos en la terraza de la Escuelina, a veces son un poco aburridos, se repiten mucho, pero creo que tienen razón, cuando vamos a Oviedo hay muchas fuentes y todas tienen agua y son muy alegres, sus calles están llenas de gentes paseando y comprando ¿eso lo ves por aquí? Pues creo que una fuente animaría a comprar, a gastar y a que el parque tenga vida a pesar del coronavirus, además según dicen cuesta más quitarla que dejarla y ponerla guapa, el dinero que tienen previsto gastarse que lo usen en cuidar los parques, eso sí que no vaya a sus bolsillos porque según dice Tino tienen habilidad para llevarse dinero a su casa.



Lo podría decir más alto pero no más claro, también pienso que tiene razón, alrededor de esa fuente conocí a Javier y sentados en ella nos dimos nuestro primer beso, tal vez no sea bonita ni histórica, pero alrededor de ella se han tejido muchos lazos sentimentales, así que también digo ¡LA FUENTE NO SE QUITA!


 

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Recuerdos a la fuente - Esperanza Tirado

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Ya no bailamos contigo la danza prima en las cálidas noches de San Juan ni celebramos, corriendo como locos a tu alrededor, los triunfos y fracasos de todos nuestros equipos del alma.

Las noches de los sábados, siempre de fiesta en nuestra adolescencia, se quedaron lejos. Tan lejos como las últimas cervezas o el último cacharro ‘para el camino’, sentados en tu bordillo, con los pies molidos de bailar y celebrar la noche.

Reconozco que en alguna de esas paradas pisé las flores y las regué haciendo aguas menores. A más de uno y más de dos padeciste en ese atropello. Cosas de la edad, ya sabes.

Éramos tan jóvenes. Yo, tú, nosotros… La ciudad entera disfrutaba sin preocupaciones.

Y, cuando por fin trepaba agotado y feliz a mi cama, pensaba en ti. ¿De qué hablarías con la foca? ¿Te contaría de dónde vino y por qué se fue? ¿Te pediría consejo el elefantito hindú? Siempre me pareció perdido en ese intento de jardín romántico francés, al que el tráfico y la modernidad con apellidos de asfalto le han quitado gran parte de su encanto.

Imagino que en las fiestas del Café Colón tarareabas los ritmos de las orquestas con tus surtidores de agua, arriba y abajo, sin parar, refrescando las noches de verano.

Desde el Casino te animarían también con coros llenos de nostalgia del mar y de los que se fueron lejos. Pero, al igual que las músicas del Café Colón, en los salones del Casino se apagaron los brillos de entonces, hace mucho.

El tiempo ha pasado. Sin darnos cuenta casi. Ya no soy un adolescente sin problemas y ganas de fiesta. Muchos de mis amigos se fueron yendo, en busca de un futuro. Yo debería haberme ido también; pero la tradición familiar mandaba y me hice cargo del local de sastrería de mi abuelo, que después fue de mi padre. Que por desgracia ya no están. Ninguno de los tres.

Maldito tiempo. Es lo que tiene seguir viviendo, que a algunos les llega su final de parada.

A veces mis amigos regresan en vacaciones y quedamos cerca de la fuente. A nuestra adolescencia, a las últimas cervezas, a las despedidas eternas… Pero ya no es lo mismo. Han crecido. Han seguido viviendo. Maldito tiempo que te deja vivir y te lleva lejos de los buenos recuerdos.

Yo me iré, ellos se irán, tú te irás. O te llevarán algún día. Ya no eres útil en esa rotonda que el cemento invade sin piedad.

Todos somos sombras de lo que un día fuimos. Brillamos hasta llegar a ser casi estrellas. Pero nuestro brillo fue efímero y hoy se apaga por algo extraño que flota en el aire. Que nos contagia de una pena honda, que no se pasa ni cantando habaneras ni soñando el mar.

Y los ecos de la danza prima se alejan rumbo a otros mares, tristes porque ya no se danzarán a tu alrededor.



Quién dirá que no son doce las que da a medianoche…”

Dejo dos y voy a una y me quedo sin ninguna…”*



A pesar de todo, las estatuas de bronce siguen cerca de ti. Sabrás todos sus secretos, estoy seguro. ¿Conseguiría el joven Sátiro que la Alegoría de la Primavera explotara de deseo, desparramando en todo su esplendor sus flores y su belleza? ¿O quizás la Primavera apagara sus calores en la Fuente del Verano? ¿Tal vez la Diosa Artemis se disputara con Ella los encantos de tan ardoroso amante?

Seguramente el Diablo de la Fuente del Verano maquinaría desde su rincón tretas y engaños para llevárselos a todos al mismo Infierno. Repartiendo cuernos por doquier.

Y Afrodita, siempre en su esquina. Que a veces te mira de reojo, quizá pueda saber las respuestas que tú no das. Pero Ella siempre calla. Sus labios están sellados por el misterio, el pudor y la vergüenza de saberse observada por Don Diablo, el Otoño y el Verano. ¿Qué andarán maquinando entre los tres? Seguramente si pudieran se la llevarían al huerto…

Pero todos los secretos del Parque quedarán enterrados bajo el cemento en el final de los tiempos.





*Versos de la Danza Prima cantada y bailada en Avilés en la noche de San Juan, alrededor de la hoguera colocada cerca de la fuente.

 

 

 

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