Quiero salir de aquí - Marga Pérez


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Cordelia y Mundo están juntos frente al ordenador. Bueno, juntos porque comparten la misma mesa pero cada uno está frente a la pantalla del suyo. Llevan varias horas en silencio concentrados en lo suyo sin tan si quiera dirigirse una mirada cómplice…

-¡Coño! No hay vuelos caros… -Explota Cordelia sin dirigirse a nadie-

- Cada vez hay menos, desaparecen sobre la marcha, dice Mundo sin quitar los ojos de su pantalla. -¿A dónde vas?-

- A India, curro en Benarés, tres meses...

- Prepárate… con uno de los baratos ¡sabe dios qué te tocará hacer!

-Ya, la última vez me avisaron a última hora ... sólo había de ésos... Me tocó limpiar un baño de la sala de embarque… ¡ ASQUEROSO! ...

- ¡Ahggg, renuncio al curro…!

- Qué fácil lo ves… no podía perderlo... ¡Ya lo tengo! No busco más… Servir café en cabina… Bastante mejor que limpiar el baño...

- Entre mal y fatal, poca diferencia… Hace meses tengo uno en preferente... ¡flipa! Bilbao...final de copa ...San Mamés… así si...

-Tio, vaya chorra…

- Un colega, un crack… no podía ir. Mola tener colegas guay...

-¿Vas gratis?

-Mucho tienes que aprender... moverse con quien pillar cacho, trabajar así... todo un arte. Te lo digo yo, que de éso se un rato.

-¡Qué idiotez! Arte… Currar no tiene nada de éso. O te llaman o te mueres de asco. No hay término medio. ¿Crees que mola estar siempre en un avión? ¿Siempre pendiente de que te llamen? De aquí para allá sin nada seguro…

-Déjate de sensatez...la puta ama, éso es lo que eres si... lo que yo te diga ¿eh? El trabajo mata y a nadie le importa . Estás de aquí para allá, con cambios horarios, de comidas, de agua, de virus...estresada, intensa ¿Qué palmarés has recibido?... no te voy a dar la brasa… Sé tu jefe... Gestiona lo tuyo. Aprende a moverte, a saber con quien estar...No te chines y piensa en ti, literal, es lo más…

-No es sensatez, hago lo que debo, ni más ni menos… Mañana dejo este espacio...Cuando vuelva, si sigue disponible... Tres meses fuera no merece la pena mantener el alquiler.

-Siempre hay sitio. Cuando vuelvas hablamos ¿vale?… Me molas. Llámame. Aquí voy a estar.

-Vale tío. Hacía tiempo que no congeniaba con alguien... mola.

Se despidieron convencidos de que volverían a encontrarse. De que las cosas iban a cambiar . De que todo iría a mejor. Ninguno de los dos sabía que el destino tenía para ellos otros planes.

Cordelia muere en Benarés en brazos de una fuerte tormenta que la arrastra entre aguas desbocadas mientras trata de salvar a un niño que se ahoga.

Mundo hace meses que dejó de pensar en ella. Cada semana comparte mesa con otro que se enfrasca en su ordenador. Horas en silencio frente a la pantalla, sin tan si quiera dirigirse una mirada cómplice. Es el puto amo.

 

 

 

 

 

 

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Reacción en cadena - Marian Muñoz


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-¡Goooooool, gooool, gool! así de alto y justo en el momento que los protagonistas iban a declarar su amor. Éramos unas treinta personas en el cine completamente en silencio y se puso a gritar señor juez, ¡entiéndalo! no sólo estaba disfrutando de una película romántica sino que René tenía su mano dentro de mi escote e interrumpir ese doble placer me nubló el entendimiento y le pegué con el bolso en toda la cara, me sentí herida, traicionada, siempre dijo que también le gustaban ese tipo de películas y en realidad estaba más pendiente del partido que de mí. Le juro señor juez que me levanté furiosa tras despacharme a gusto con el bolsazo y él estaba bien vivo, dentro sólo tenía las llaves de casa, un paquete de pañuelitos de papel, un monedero con algo de dinero, el DNI y el móvil, no pesaba nada y además la pantalla del móvil ni siquiera se rajó así que el golpe no fue tan fuerte, lo que hiciera después no tengo ni idea porque no miré para atrás. Yo le quería, señor juez, íbamos en serio, acababan de hacerle fijo en el banco y con su don de gentes en dos o tres años le harían director de sucursal, un buen partido y ahora ¿qué voy a hacer yo?

-Gracias señorita, tiene la palabra el señor fiscal.

-Gracias señoría, la acusada no lo es tanto por causarle la muerte sino por haber sido la inductora, según declaración de testigos tras el grito y el bolsazo se levantaron a la vez de sus asientos, desgraciadamente el fallecido resbaló con un papel de chocolatina chocando su rostro con el asiento de la acusada que automáticamente estaba cerrándose, el golpe fue tal que provocó una hemorragia interna motivo por el que falleció horas más tarde. Entendemos los sentimientos de la acusada pero la reacción tan desmesurada fue el detonante de su muerte por eso solicitamos dos años de prisión y sesenta mil euros de indemnización a sus padres.

-Gracias fiscal, tiene la palabra el abogado defensor.

-Gracias señoría, mi defendida es inocente del cargo que se le acusa, más bien ha sido la verdadera víctima de este desgraciado suceso. Su novio no sólo la mintió sobre sus gustos, sino que estaba más pendiente del partido que de la película además de disfrutar de lo lindo a costa de la acusada, según el parte de los sanitarios de la ambulancia estaba bien empalmado, suponiendo que se debía al ofuscamiento momentáneo del trompazo, pero por lo que ha narrado la señorita no era tal sino que estaba aprovechándose de ella. Una desgracia que el segundo golpe fuese tan grave, pero no cabe duda que si la empresa dueña del cine hubiera limpiado la sala entre sesiones, el fallecido no se habría resbalado y seguramente habrían llegado a una reconciliación, pudiendo llevar una vida feliz en común, por lo que el verdadero culpable de la defunción no es la acusada sino la propiedad de la sala cinematográfica. Solicito la total absolución para mi defendida y una indemnización de treinta mil euros por lucro cesante.

-Gracias señor letrado, si no hay más declaraciones que escuchar me retiro a deliberar la sentencia, ya se avisará a las partes.

Al cerrarse la puerta tras el juez, se oyó un grito de gooool, España había logrado otro tanto en el partido de la Eurocopa.

 

 

 

 

 

 

 

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La tentación llama a mi puerta - Marga Pérez

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Goooool… Resuena eufórico y distante en el patio de vecinos. No suelo oír nada. Es un patio de manzana, grande y silencioso. Mis vecinos demasiado tranquilos.

No me gusta el futbol… no soy forofa de casi nada pero esa alegría hace que levante los ojos de los apuntes, me levante al baño, vaya a beber agua... Preparar oposiciones es tan aburrido, tan repetitivo, tan solitario, tan pesado… agradezco estos detalles efusivos capaces de desconcentrarme por unos minutos. Camino de la cocina me percato del calor que hace. Julio… ¿ya? Ocho meses encerrada ¡Cómo pasa el tiempo! … Estoy en éstas cuando oigo que alguien aporrea mi puerta. Vivo sola. Mi casa da al patio, no como la de los demás que da a la escalera . Las visitas no me pillan nunca por sorpresa, antes de llegar a la puerta tengo que abrirles la del patio. Aporrean con violencia. ¿Quien será? Me extraña la llamada y la insistencia del aporreador. Corro a poner un pantalón corto a juego con el top que llevo como único atuendo. Abro con cautela. Una gaviota se asusta al verme. Con miedo a que entre cierro sin más. Yo sola río a carcajadas apoyada contra la pared. No puedo parar ¡menudo visitante! Vuelvo a mis apuntes pero ya estoy perdida en playas de arena dorada y olas verdes y espuma blanca y sol acariciador y hamacas y gente y risas y música y… El aroma a verano se ha colado, sin permiso, en mi habitación, entre mis papeles, en mis pocas ganas… El puede más que yo. Enciendo el televisor . Están en los penaltis … España Suiza. Se juegan el pase a la final. Abro una cerveza , unos pistachos, me estiro en el sofá, respiro aliviada … ¡vacaciones! Mañana será otro día.


 

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¿Por qué no te callas? - Cristina Muñiz Martín


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¿Por qué no te callas?, le digo a mi cabeza para que deje de atormentarme. Es que es levantarme, leer el periódico y volverme tarumba. Y mi cabeza empieza a darme la lata. “Venga, abre facebook y descarga ahí tu rabia porque es el único sitio en el que lo puedes hacer”. Y yo me resisto, que luego sé lo que pasa, que suelto por la boca, bueno, más bien por el teclado, todo lo que pienso y no tardan en llegar los comentarios y la mayoría de las veces la cosa se sale de madre y se arma la de San Quintín, con insultos más afilados que las espadas. Y me arrepiento. Me arrepiento de decir lo que pienso sobre ciertos temas aunque esté convencida no de tener razón, que puedo equivocarme como cualquiera, pero sí de tener derecho a expresar mi opinión. Y siempre lo hago respetando a los demás, que no soy yo persona de atacar a nadie y mucho menos de soltar una sarta de improperios. Tan solo me apetece exponer temas que atañen a los ciudadanos, para quejarme, para reflexionar, para sacar la mala leche. Pero últimamente no puedo dejar de repetirle a mi mente ¿Por qué no te callas? ¿Por qué no te callas? Porque estamos viviendo unos tiempos en los que la libertad de expresión deja mucho que desear, aunque sea la simple opinión de una ciudadana de a pie. Y me da rabia, porque de alguna manera sé que me estoy auto censurando como les sucede a muchas otras personas. Qué pena, pienso entonces. Qué pena que después de la lucha de tantos años contra la censura impuesta por una dictadura, los ciudadanos se dediquen ahora a censurar a otros de malas maneras, con insultos y ataques personales. Qué pena que nosotros mismos nos apliquemos la auto censura para evitar problemas. Qué pena que el sistema nos haya ganado la batalla sin que la mayoría de la gente sea consciente de ello. Y por eso le repito a mi cabeza día tras día, ¿por qué no te callas? Pero no me hace caso y continúa machacándome “eso no es normal; nos están idiotizando; mira lo qué hacen; nos están quitando derechos y libertades; nuestros gobernantes solo se dedican a meterse unos con otros, como niños callejeros; Europa nos quiere esclavos… Ella no se calla y yo ya no escribo porque aunque creo que es necesario sé que solo me puede traer sino problemas, sí momentos de incomprensión, de mal humor, de no entender ciertas reacciones, de ser tachada de fascista, racista, anti feminista y todos los “ista” que se quieren añadir. ¿Cobarde? Sí, así me siento.

 

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Aquellas meriendas - Esperanza Tirado


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Ninguno de los niños que había en el arcón era Tomás y ya se estaba cansando de aquel juego estúpido. Tenía hambre y los fue sacando uno por uno.

-Cerrad los ojos, -les dijo-, y escoged un número. A Tomás lo buscaremos después.

-Y merendaremos todos, pan con chocolate. ¿Verdad, Señor Gargantúa?

-Será una merienda que nunca olvidaréis.

 

 

 

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Me ha tocado la lotería - Cristina Muñiz Martín


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Me ha tocado la lotería y me he tenido que enfrentar a varios problemas. En un principio pensé en comprar un piso amplio y luminoso en primera línea de playa, el sueño de toda mi vida. Pero mis hijos no estuvieron de acuerdo. Cómo iba su madre a comprarse un superpiso pasando ellos estrecheces. Me sentí culpable. Si aún viviera mi marido sería distinto porque el lo compraría y tan pancho, nadie le diría nada, porque en casa siempre ha sido “papá es así”. Y a papá se le perdonaba y se le consentía todo. Pero a mí no. Yo tengo que ser la mamá perfecta, la que siempre está ahí, la que nunca dice nada porque las verdades molestan. Y claro, mamá no va a hacer eso porque sería una mala mamá. Además, me preguntaron, para qué quieres un piso grande para ti sola. Les contesté que igual no iba a estar siempre sola y menuda montaron. Si solo hace dos años que se fue papá y ya estás pensando en otro. Me costó convencerlos que lo dije por decir, que no tengo pareja ni estoy pensando en tenerla, bastante tuve con aguantar al cargante y egoísta de su padre. Bueno, esto último no lo dije, me lo guardé para mí. Son tres víboras mis hijos. Los quiero pero no por ello dejo de reconocerlo. Me sentí tan presionada que no compré el piso. Les di a cada uno la misma cantidad de dinero, con la que quedaron contentos, porque como los conozco bien fui precavida y les mentí sobre la cuantía del premio. Y me mudé a un bonito piso de alquiler tras vender mi antigua casa y entregarles a ellos todo el dinero de la venta. Al fin y al cabo tenían razón, para qué quería un piso grande en propiedad a mis años. En alquiler estoy mucho mejor, sin obligaciones de derramas ni comunidad ni nada de eso. Y así cuando me muera no se despellejarán entre ellos. Lo que no saben es que no paro de viajar porque entre que viven lejos y que nunca tienen tiempo para venir a verme no se enteran. Ahora estoy dando una vuelta por la Costa Azul. Esto es un sueño. Hoteles de lujo, restaurantes afamados, sol, playa… Nunca en la vida había imaginado que se pudiera vivir de esta manera, y mucho menos yo. El único problema eran las vídeo llamadas, algo que me solucionó un chico muy majo. Se llama Gael, no sé si de verdad o es un alias para el trabajo. Lo suelo llamar una vez al mes y es un encanto, aunque un poco caro. El primer día me dio un poco de apuro, aunque su profesionalidad hizo que todo fluyera con naturalidad y quedé más que satisfecha. Me lo recomendó una amiga nueva y adinerada que conocí en un viaje a Canadá. Ella también estaba harta de su marido y no quiere oír hablar de un nuevo hombre a su lado. Si me lo dicen hace años no lo creería, es más, negaría horrorizada que yo un día fuera a solicitara ciertos servicios de un joven guapo, elegante, simpático y algunas cosas más, entre ellas ingeniero informático, aunque lo de trabajar a horario y sueldo fijo no va con él. En fin, que Gael me lo arregló para que cuando mis hijos me hacen una vídeo llamada, esté yo donde esté, siempre aparezca de fondo alguna parte de mi casa. Así que me llaman, creen que estoy en casa y quedan tranquilos. No sé cuánto tiempo me quedará para disfrutar de esta, para mí, nueva vida, pero pienso aprovecharlo a tope. Luego, cuando llegue el momento de parar, ya tengo elegida una residencia preciosa, con habitaciones bien decoradas y unos jardines maravillosos. Entonces mis hijos se preguntarán de dónde saqué tanto dinero, pero llegados a ese punto será fácil disimular una pérdida de memoria. Y si la memoria me fallase de verdad para eso están los papeles que firmé ante notario y la abultada cantidad que tengo depositada en el banco. Nunca en la vida he sido tan feliz como ahora. Soy viuda, rica y liberada de obligaciones familiares. ¿Qué más se puede pedir?



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Estridencias - Marga Pérez


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Nuevamente el estrépito despierta a Serena. En quince días que lleva en este piso es la cuarta o la quinta vez. Sobre su cabeza otro pandemonio resuena destemplado en mitad de la noche. ¡¡Menuda bronca!!. Serena enciende la luz para dar realidad a la algarabía que la ha despertado, en otras ocasiones no lo había hecho y por la mañana dudaba si semejante alboroto pertenecía o no al mundo de sus ensoñaciones. Ya con la luz encendida y totalmente despierta distingue los taponazos. Cree que golpean una puerta a patadas, manotazos...quizá lanzando contra ella objetos contundentes...Todo es posible en medio de ese escándalo. El chillido estruendoso de una mujer histérica añade al jaleo tintes agudos de maltrato de género. Serena saltó del lecho dispuesta a llamar al 091…

-Vengan rápido, por favor, la va a matar…

-… … …

-Si, no es la primera vez que hay follón.

-… … …

-No, no los conozco, no hace mucho que vivo en este piso… En este momento el griterío es insoportable. Vengan pronto, miedo me da…


Esperando a que llegue la policía, Serena se echa una chaqueta sobre el pijama y sale a la escalera dispuesta a seguir el fragor del altercado desde más cerca. Tras la puerta de sus vecinos piensa que si subiese de tono la pelea, podría intervenir. Está convencida de que si tocase al timbre se apaciguaría tanta agresividad y cesaría la bulla.

De puntillas sube a oscuras el tramo de escalera que la separa del bullicio. Se para frente a la puerta… acerca el oído y escucha con atención. No es capaz de distinguir los ruidos que, de forma más calmada, llegan hasta ella. Son chirridos...chasquidos..¿zumbidos? Quizá crujidos son los que quedan después del barullo que la sacara del sueño. Pero no sabe cuales son las actividades que los producen. Son metálicos, secos, sordos, ásperos, repetitivos… Estaba en éstas cuando oye otros ruidos de carreras por la escalera. Ve también que han llamado al ascensor, así que se retira a su domicilio para dejar actuar a la policía.

Acurrucada tras la puerta entreabierta, Serena pone sus cinco sentidos en lo que está ocurriendo en el piso de la barahúnda. Oye el timbre y a los policías jadeantes hablando entre ellos. Abren la puerta y, aunque oye que hablan con un hombre, no es capaz de entender la conversación. Enseguida se oye también una voz femenina… ¿Son risas lo que Serena percibe?….

El ruido al cerrarse la puerta retumba en la escalera y en los oídos de Serena. Instintivamente cierra la suya y apaga la luz. No ha pasado ni un minuto cuando tocan en su casa. Dos policías nacionales tratan de tranquilizarla. Según ellos todo está bien. Sus vecinos aseguran que no volverán a despertarla. Se van dejándola entre interrogantes que no están dispuestos a despejar.

Serena se vuelve a acostar sin entender nada. Coger el sueño es misión imposible y por muchas vueltas que le da al tema tratando de entender qué es lo que ha pasado, nunca sabrá que sus vecinos recibieron a la policía semi vestidos con cuero negro, con látigo, con antifaz, con esposas… Nunca sabrá que lo que la había despertado, ni había sido una bronca, ni una discusión, ni violencia de género, ni maltrato… sólo habían sido estridencias de enamorados con gustos más bien“raritos”.

Al día siguiente Serena recibe una caja de bombones y un CD de un grupo de música Heavy . La tarjeta decía: “Si nos vuelve a oír no llame a la policía, le aconsejo esta música, seguro que dejará de oírnos. Y si no le gusta, cambie de piso”

Serena tira los bombones a la basura y llama a la dueña para avisar de que en quince días dejará libre el piso. Ahora entiende que fuera tan barato.

 

 

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