Bastón añejo - Marian Muñoz

                                            SPATSERKÄPP, 1900-tal. Övrigt - Övrigt - Auctionet                                  

 

 

El calor empezaba a molestar y con tanto humo alrededor no era capaz de vislumbrar nada en el hall de entrada a la mansión. Doña Umbrela histérica se abría y cerraba sin parar, presionándole intermitentemente contra su pequeño rincón, mientras que el negro Parapluie no cesaba de gimotear débilmente pidiendo socorro.

Miss Sombrilla la más joven, reaccionaba de forma más sensata que sus compañeros de paragüero, aunque no paraba de dar saltos e intentar llamar la atención. ¡La atención de quien, si allí no se veía nada ni a nadie! el humo inundaba todo el espacio y poco a poco las llamas relamían y consumían todo a su paso.

Comenzaba a asustarse, le parecía indigno que, tras una vida tan longeva, sirviendo de apoyo a seis generaciones de la familia, acabase convertido en cenizas.

Había sido más afortunado que sus compañeros de habitáculo, uno por uno fueron reemplazados tras quedar obsoletos según las modas, pero él, un Bastón añejo, de fina madera de caoba con empuñadura de plata, siempre había sido sostén y apoyo de los mayores, siempre habían contado con él desde hacía ya … bueno, ni recordaba cuanto, pero no importaba, él era uno más de la familia desde aquella ocasión en que le separaron de su parte central y le convirtieron en un elegante Bastón de apoyo.

Recordaba como si fuera hoy la caja en la que llegó, granate forrada con terciopelo para no sufrir desperfectos durante el traslado. No fue grata la acogida que recibió por parte de su primer amo, acostumbrado como estaba a recorrer mundo a caballo, una caída le había postrado en la cama primero y luego en una silla. Gracias a la firmeza que le proporcionó, consiguió la valentía suficiente para dar sus primeros pasos y poder dar otros más que le ayudarían a continuar con su vida en sociedad, dándole un toque de distinción empuñándole a él.

Siempre reposaba en el mismo habitáculo, un sencillo paragüero cuadrado labrado en bronce con el escudo familiar, sus compañeros habían sido diversos, ya fueran negros o de colores, lisos o estampados, grandes o pequeños, duraban escasamente unas pocas temporadas, si no se estropeaban eran cambiados por otros más modernos o más alegres, pero él siempre estaba allí, esperando a ser de nuevo usado por el más veterano de la casa.

En ese momento Doña Mercedes, una viejecita adorable y tranquila que le sujetaba con firmeza y suavidad. Su madera ya reseca de tantos años de servicio apenas tenías poros que ayudaran a sentir el rico perfume que ella exhalaba y del que se impregnaba cada vez que salían a la calle. Su actual dueña, antes de usarlo, le había renovado la goma que entraba en contacto con el suelo, ahora no vibraba ni rebotaba con el asfalto, su pisar era mullido y seguro.

Pero todo se iba al garete por un descuido ¡seguro!, la doncella que trabajaba en la casa era un continuo desastre, torpe, sudorosa y maloliente, todo el día revoloteando y no terminaba nada, menos mal que Doña Mercedes veía mal y no lo apreciaba, sino ya hubiera sido despedida nada más entrar.

Hay momentos en la vida que parecen ser el final a todo y no conseguimos ver más allá, algo así es lo que sentía nuestro querido Bastón, pensando que todo se acababa. Sintió primero sobre su cabeza de cisne y luego sobre su madera añeja unas finísimas gotas que en un instante se convirtieron en diluvio. Los bomberos arrojaban agua para sofocar el incendio y con premura sacaron de la casa a su ama, la enfermera y a la desastrosa doncella quizás la culpable de tamaño desastre.

Durante días la oscuridad fue total, salvo la tenue luz que finamente se filtraba entre los agujeros creados por el fuego entre teja y teja. Nadie habitaba la casa, todos en el paragüero estaban abotargados, tanto estrés los había decaído y no eran capaces de reaccionar. Doña Umbrela y Don Parapluie comenzaban a oxidarse, pues nadie había vaciado el agua acumulada en sus telas. Miss Sombrilla con una suave sacudida había conseguido esparcir su porción de agua, ya que al ser su tela más porosa logró que traspasara y no retenerla entre sus varillas. El Bastón añejo estaba muy preocupado por su supervivencia, la humedad producida por el agua estaba haciendo mella en su cuerpo, su empuñadura de plata se cubrió de una película negra y si no secaba pronto, su madera perdería firmeza y su tope de goma se pudriría.

Al cabo de unos cuantos días comenzaron a notar movimientos en la casa, unos hombres se llevaban muebles, ropas, telas, tal parecía que aquel hogar estaba siendo desmantelado. No tenían noticias de las mujeres y prestaban atención a todo cuanto allí acontecía. Finalmente, alguien se fijó en el paragüero, era el nieto de Doña Mercedes, que con mucha atención revisó a los componentes del mismo. Doña Umbrela y Don Parapluie fueron tirados al contenedor por estar completamente oxidados y no poder cumplir su función. Tras revisar a Miss Sombrilla la depositó con cuidado en una caja de cartón y en cuanto vio a nuestro querido Bastón añejo, maltrecho pero firme, le pasó un trapo a la empuñadura que débilmente volvió a refulgir, y lo posó en el maletero de su coche.

Tras una pequeña revisión, cambio de pie de goma y pulido de empuñadura en la joyería, fue recibido con júbilo por Doña Mercedes, de quien fue sustento hasta el final de sus días.

No temáis por nuestro Bastón añejo, sigue existiendo y sosteniendo a una anciana. No está con su familia de origen, pero vive en una Residencia pasando de mano en mano cada cierto tiempo. Es feliz porque se siente útil y, además, no tiene que compartir espacio con nadie, los ancianos no le dejan posado en ningún paragüero por temor a perderlo.



 

 

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Credenciales - Esperanza Tirado

                                       Muerte, Pantano, Río, Almas, Averno


Ahogado en la laguna, Caronte maldice a su último pasajero. Debería haberle pedido una identificación. Que no pagara no le gustó, pero últimamente tenía las cuentas en positivo. A pesar de todo su mirada torcida no indicaba nada bueno. Todos son almas perdidas, pero los hijos de puta lo son con todas sus consecuencias.


 

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¿Otro mundo es posible? - Esperanza Tirado

                                          close up concepto de tarjeta de felicitación del tesoro de pecho vintage abierto - foto de stock 


Los siguientes serían los niños y después los ancianos que podían valerse por sí mismos. La nave ya estaba lista para partir a destino incierto. El mundo aún no se había derrumbado, pero la cordura había perdido su merecido espacio hacía tiempo. 

Pandora, una vez más, se maldijo por haber abierto aquella caja. Otra oportunidad ya no tenía cabida. 

 

 

 

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Mirada de colores - Esperanza Tirado


                                 Globo verde realista aislado sobre fondo blanco. Elemento de diseño para fiesta de cumpleaños, gran apertura o concepto de tarjeta de felicitación Big Sale. Ilustración vectorial - ilustración de arte vectorial

Mientras ellos discutían por algún detalle de mayores, que a él siempre se le escapaba, fijó su mirada en un precioso globo verde. Se soltó de la mano de su madre y lo siguió. Perdió el globo de vista, pero encontró un gran oso blanco, que también se escondió en algún rincón de la feria. Un perro verde lamió su mano, que antes había agarrado la de su madre. Persiguiendo un avión de brillantes alas rojas, unos padres con caras pálidas denunciaron la desaparición de un niño rubio, de grandes ojos, que se había perdido en su mundo de azules.

 

 

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Herencia familiar - Marian Muñoz

                                          Entrañable, Crepúsculo, Llorar, Luto

 

 

 

El festival había sido un éxito, diversión asegurada sin incidentes reseñables, cansado y mareado por un whisky asqueroso, si no fuera porque estoy acostumbrado la cogorza habría sido de órdago. Las ocho de la mañana con ansias de tirarme sobre mi cama y no levantarme en dos días. Delante de la puerta de mi apartamento había un hombre y un perro. Éste último me suena, pero el medio pedal que llevaba no me permitía ser cortés y les largué con un “no me interesa comprar nada”.

No vendo nada soy Fran el novio de tu hermana” – me responde.

Pues menos aún me interesa, le digo, tras abrir la puerta e intentar cerrarla, ya que pone un pie para impedírmelo. Me pregunta si no he visto los mensajes del móvil. Pues no, le respondo, hace tiempo que no quiero saber nada de ella así que la he bloqueado. Es en ese momento cuando me informa que ha muerto hace tres días, el funeral y su entierro en el panteón familiar se hizo sin mí.

¿Pero qué te has creído niñato? Venir a decirme mentiras para fastidiarme no es propio de ella, fue quien básicamente cortó relación por traidora, eso le dije. Pero, ¿está muerta de verdad? Sí me responde, haz lo que te dé la gana ya veo que no estás en tus cabales, aquí te dejo a Michel, es lo que ella más quería y ese fue su último deseo. Me entrega un sobre marrón alargado conteniendo copia de su testamento, también me deja una tarjeta suya por si quiero saber más, y se marchó cerrando la puerta bruscamente.

Menudo bajón, eché la culpa al whisky, la de veces que he dicho a mi representante que sólo bebo de los caros si es que quiere que ponga buena música y anime al personal. Ahora que lo pienso si mi hermana ha muerto es más grave que mi malestar. Me tumbo vestido en la cama, dejo fluir mi espíritu mientras veo a Michel mirándome, ese perro se va a ir fuera sí o sí.

Me despierto a las diez de la noche y oigo gimotear al chucho, tengo muy mal cuerpo, pero nada que no remedie un buen café mañanero. Despejado y abatido recuerdo que la mascota ha de hacer sus necesidades. Para sacarlo necesito una correa, al caminar hacia la entrada tropiezo con una bolsa, no es mía, me fijo y dentro hay una correa, una pelota de goma, un trozo de plástico acorde al tamaño de Michel, un par de cuencos, una bolsa con ¿comida? y un folio forrado de plástico completamente escrito. Me pongo a leerlo y compruebo que son instrucciones para cuidarle. Con toda la paciencia de la que soy capaz leo, sigo las indicaciones y salimos a la calle.

¡Pobre estaba impaciente! Menudo manantial de pis y de asquerosas heces, lo malo fue cogerlas, no tengo práctica, una niña que paseaba con su mascota se apiadó de mi indicándome la forma más limpia y rápida de hacerlo, seguro que apreció lo novato que soy. Al regresar al piso le pongo la medida de comida que ponía el papel, así como un cuenco con agua, lo terminó en un instante, se notaba hambriento y sediento. También aproveché para comer algo y asentar un poco mi estómago además de tomarme un buen zumo de tomate para aliviar mi hígado. Ya más tranquilo decido llamar al novio de mi hermana, bueno a su ex porque si ella la ha palmado. Me doy cuenta de los pensamientos tan poco apropiados, si mis padres me escucharan estarían escandalizados. La culpa fue suya, a mí me gustaba estudiar economía, era la carrera escogida voluntariamente, pero al terminar los estudios papá pretendía que trabajara en la empresa con él, iba a ser su mini yo, pero mi idea era ser independiente, trabajar para otros y demostrar mi valía bajo otros ojos. La discusión fue tan fuerte que su corazón sólo aguantó tres días y la palmó. Ellas me echaron la culpa y a cambio debía ser quien llevara la dirección para remediar la afrenta. Como no podía me largué a casa de Marco hasta poder independizarme, con el poco dinero que disponía compré una mezcladora de sonido, los platos y toda la maquinaria para ser DJ, olvidé mis estudios y me lancé a la vida nocturna, labrándome un nombre y trabajando duro para llegar a ser famoso.

A la muerte de mamá todavía nos hablábamos, pero se quedó con todo, la casa donde vivían, las acciones de la empresa, el piso de Gijón, sólo me dejaron el coche de papá, un trasto viejo que malamente funcionaba, menos mal que Marco es un gran mecánico, lo puso a punto y fue el toque de distinción que me encumbró en el gremio. No tardé en hacerme ese hueco que buscaba y ser imprescindible en toda fiesta de alto nivel, sí vale mi vida seguía vacía, pero tenía a todas las pibas a mi alrededor y cada mañana me acostaba con una diferente, algo que desea todo hombre.

Y ahora qué, sin familia, con un perro a mi cargo y sí, con la empresa y las casas, ¿debía seguir como estaba y mandar todo al cuerno o retomar la cordura y volver al redil? Un dilema peor que el de Hamlet. Con las luces nocturnas pienso mejor y siento tristeza por la desaparición de Emma, ni siquiera ese tipo me contó que había sucedido, creo que mañana le llamaré e intentaré reconducir el tema. ¡Bueno, ya está gimiendo otra vez el chucho! Venga vamos, debes ser el único que se alegra de estar conmigo.









 

 

 

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Mensajera - Esperanza Tirado

                                          Computadora Portátil, Bolígrafo, Libro

 

 

Me preguntaba en qué momento se había complicado tanto ser poeta mientras miraba la primavera renacer tras los cristales, removiendo un colacao hirviendo. 

Primero fue la multa, pagada como buen ciudadano. Luego la inscripción en el censo regional de poetas, que desconocía, abonando las tasas por un año. Luego llegaron los coches municipales con sus sirenas a la hora en que me situaba para recitar en las puertas del parque. No se me escuchaba. Pero resistí. 

El colmo llegó en forma de palomas y estorninos, que manejadas por un dron, me lanzaban sus palominos apestosos. 

Quizá fue entonces cuando mis versos abrazaron un sentimiento de prudente despedida.




 

 

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¿Pura ficción? - Marian Muñoz

                                       Pila de pañales para bebés aislados sobre blanco - foto de stock

 

Intentaba calentarme bajo el tímido sol invernal, sentada en el pequeño muro que separaba la cancha de baloncesto de la de futbito, contemplaba pensativamente el brillo de la cerámica en la pared del edificio cuando sonó mi móvil guardado en el bolsillo interior del abrigo. Sonido inusual porque desde hace tiempo nadie me llama, ni me envía mensajes de ningún tipo, creo que por fin me he vuelto invisible, salvo a la hora del aseo, momento en que sí desearía ser completamente invisible.

Con cuidado abro la cremallera y sacando el aparato compruebo que es una noticia, lástima porque me había hecho ilusiones. Al leerla informan que el mayor fabricante de pañales del país dejará de hacerlos para bebés y se dedicará en exclusiva para mayores, que astutos son los empresarios como se nota que van en busca del negocio.

Doy un paseo alejándome del asiento, sus gélidas piedras comenzaban a calar en mis fofas carnes. Empecé a recordar cómo era el entorno en mi niñez. Los columpios y tobogán de la parte más alta de la loma se han reconvertido en pedales y manivelas para fortalecer brazos y piernas. La cancha deportiva cubierta, ahora vacía, se usa para pasear y jugar a la petanca. Los gritos y aplausos que tanto bullían en sus buenos tiempos han dado paso a quejidos y ayes lastimeros al mover dificultosamente sus huesos las usuarias.

Me dirijo al interior por la entrada principal, antaño reservada a visitas familiares o personalidades y ahora ser la única en llano, por donde todos accedemos. Las pocas veces que de niña la usé imponía mucho debido al ambiente de calma y sosiego ayudado por diferentes rincones en los que eran atendidos padres o visitantes. Según se accede al interior, el ancho pasillo se hacía eco de gritos, charlas en voz alta, en fin, el bullicio de chiquillas aprendiendo a vivir y recibiendo conocimientos para luego ser seres de provecho. A la derecha se encontraba la capilla, más grande que algunas iglesias parroquiales de la ciudad. En su altar principal con forma de medio círculo, colgaba una gran cruz con un cristo crucificado, si le observabas fijamente parecía devolverte la mirada indicándote que guardaras el debido recato al lugar. A sus laterales lados tenía dos esculturas, una de la virgen y otra de la madre fundadora, quienes también parecían mover sus manos si te quedabas absorta contemplándolas. Los bancos reclinatorio para seguir la ceremonia religiosa han desaparecido, ahora el espacio está repleto de mesas redondas para poder alimentar a las residentes, se ha convertido en un comedor. El confesionario lo han ocupado alacenas donde almacenar platos, manteles y cubiertos. La concha del agua bendita se ha transformado en un pequeño surtidor con estantería donde se apilan jarras y vasos. Los cuadros del vía crucis se han mantenido de momento como reminiscencias del pasado o quizás porque aún no tenían presupuesto para cambiarlos.

Si antaño subía y bajaba escaleras de dos en dos para llegar más rápido a mi destino, ahora utilizo un montacargas instalado al final del pasillo aprovechando un hueco exterior, a una ya le cuesta doblar las rodillas. Añoro el jaleo que había en los cambios de clase, las carreras al baño para aguantar bien las eternas horas de clase o beber un poco de agua en un vaso de papel creado con una hoja del cuaderno. Los cotilleos sobre profesores, compañeras o personajes famosos, mientras esperabas turno para entrar en el cubículo del inodoro, no tenían desperdicio y siempre vigilante para que la chivata de turno no te oyera.

Qué tiempos aquellos, las aulas con grandes ventanales protegidas del frío por unas simples persianas de lamas que cada poco se rompían, pupitres que según crecías lo hacían también contigo, ya no están, su lugar lo ocupan una docena de camas separadas por cortinas para preservar cierta intimidad de las residentes. Los percheros donde antaño colgabas abrigos, mandilones o la bolsa con la merienda han dado paso a taquillas donde guardar ropa o enseres personales de las usuarias, y el silencio que imperaba cuando la profesora llegaba para dar clase ahora es continuo, solamente roto por los ronquidos o toses de las ancianas.

Quien iba a decir que edificios antaño llenos de vida que albergaban y preparaban a futuras generaciones iban a ser habitados por las mismas en estado de senectud. El ser humano está llamado a su desaparición, no por una catástrofe natural, sino por su propio egoísmo, será cuestión de dos o tres generaciones, el proceso está en marcha y no parece tener vuelta a atrás.

Mientras, ensimismada en mis añoranzas, camino del comedor recibo nuevamente un mensaje en el móvil, con torpeza lo abro y leo: “El mayor fabricante de pañales de Japón dejará de fabricar para niños y se volcará con el de ancianos. Han comenzado a adaptar varios colegios como residencias de tercera edad, debido a la falta de niños para ocuparlos”. Tristemente y por desgracia “cualquier parecido con la realidad no es pura ficción”.

 

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