Así, absurdo, nada más - Marga Pérez

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Soy raro. Si. Muchos que me conocen lo dicen. Muchos, aunque no lo digan, seguro que también lo piensan. Según crecía insistían. Incluso yo llegué a creer que era así. No cuajaba en ningún sitio, ni con nadie. Pasé por más trabajos de los que recuerdo y de todos salí sin carta de recomendación, pero gracias a mi abuelo entendí que todo esto pasaba porque yo tenía un defecto. Pensar. Y no hay solución, el sistema te cambia o te expulsa y yo no soy de los que cambian sin razonar.

Me gusta leer a los filósofos. Me gusta pensar. Alguien dijo que el absurdo nace cuando buscamos sentido y el mundo responde con silencio. Yo creo que nace cuando se habla sin pensar, se habla demasiado y se dicen tonterías. Los que no piensan viven en el absurdo sin saberlo. Repiten. Asienten. Producen y reproducen. Tiran del carro… como animales. Mi abuelo siempre decía que el mundo está lleno de ovejas y perros pastores. “Tu sé cuervo, Lito, y pica donde tengas que picar” y… ¡Así me lucía el pelo!

Después de varios despidos mi madre me espetó: ”¿No puedes ser normal, cariño? Un ratín, nada más, pa que no te echen”. Mi novia me dejó cuando me presentó a sus padres en uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Según ella, conmigo era imposible vivir. “Reaccionas contra todo” y sólo por no decir lo que tocaba cuando cenábamos con ellos. Dije lo que pensaba. Nada más. Y si, tenía razón, reacciono contra todo lo absurdo. Lo malo es que es más del 90% del mundo adulto. Y después de Lola sólo tuve relaciones cortas. Siempre con mujeres como yo, de las que pican. ¡¡Imposible convivir!! Nos necesitamos, pero dicen que vamos por libre…

Una tarde fui a una entrevista. Era una empresa pequeña. Hacían aplicaciones informáticas para bibliotecas. Me preguntaron qué haría si veía algo que no funcionaba. Y volví a decir lo que pensaba ¡claro! Ni puedo ni quiero evitarlo. “Pues lo digo, le contesté, tengo que reaccionar. Si me callo sé que algo se muere dentro de mí”. Me miró en silencio, sonrió y me dijo “¡¡Bienvenido!! Necesitamos una persona como tú, de las otras tenemos cubierto el cupo”. Llevo varios meses trabajando aquí. Soy el detector de absurdos. Mi trabajo es simple. Me paso el día preguntando. Haciendo dudar. Cambiando las respuestas. A veces no me entienden. Cinco minutos. Nada más. Después, me dan las gracias. No saben que el absurdo muere de vergüenza cuando se nombra. No hace falta gritar, ni enfadarse, sólo hay que nombrarlo. Sin más.

Mi abuelo murió no hace mucho y nadie supo cómo me sentía. Él sí… Me comprendía. Me escuchaba. Me orientaba. Estaba … y, cuando murió, no pude ni llorar. Dejó una nota a mi nombre. “Lito, el mundo necesita gente que se quede incómoda. Los que están cómodos construyen jaulas. Las puertas las abren los que buscan salir del malestar. Sigue picando, cuervo. Y si te llaman loco por pensar recuerda que ese es el último recurso del absurdo”

Una vez, hace mucho, le pregunté que por qué el rio bajaba y nunca subía. Él se rio y me dio una piedra. “Guárdala. Cuando sepas la respuesta me la devuelves” Nunca lo hice. Entendí que la respuesta era para mí. Y siempre la llevo conmigo. Me recuerda que hay preguntas que no tienen una única respuesta. Incluso que no tienen contestación. Siempre van con nosotros.

Cada día reacciono contra lo absurdo y no creo que sea por rebeldía. Es por salud mental.

Y no quiero cambiar el mundo. La verdad. No tengo vocación de líder. Quiero ser yo. Así de absurdo. Nada más.

 

 

 

 


 

 

 

 

 

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