Prefiero las noches para trabajar debido a tener problemas de sueño. Aquella parecía una más, el turno transcurría tranquilo hasta que entró una llamada un tanto especial. Era una niña, no parecía asustada, pero la escuchaba extraña, rara, empecé a preocuparme por si en su casa ocurría algo y nos pedía ayuda.
A pesar de la premura con la que siempre intento averiguar el motivo de auxilio, quien estaba al otro lado no parecía intranquila, quizás no fuera una emergencia, sólo una niña con insomnio queriendo charlar. Hay preguntas que hacemos por protocolo, esa vocecita parecía pertenecer a alguien muy pequeño, aunque hablaba correctamente carecía de conocimientos básicos, por así decirlo, de su entorno o de su familia.
“Estoy sola, antes éramos ocho, pero uno a uno se fueron marchando y no sé dónde están. Incluso Cele también está en silencio. Cele es quien nos plantea los retos, las preguntas, es quien nos entretiene y nos felicita cuando resolvemos enigmas, pero ahora todo esta en silencio y me gusta hablar”.
Por su voz no tendría más de 6 o 7 años y lo que contaba sonaba muy extraño. Intenté que dijera su nombre, si tenía mascota o amigos y cómo se llamaban, cual era su colegio o el barrio, algo con lo que poder enviar una patrulla en su ayuda.
“No sé cómo me llamo, bueno creo que Mar-ia, sí ese es, no tengo mascota, pero sí una amiga, se llama Alexa y a veces charlamos, pero también esta callada, he llamado porque me gusta hablar. No sé lo que es un colegio, nunca he salido de aquí, Cele sí, él hay veces que se marcha y luego vuelve, pero ahora esta en silencio, creo que cerca porque le oigo respirar y no sé por qué no me responde”.
Seguía pensando que nuestra conversación era rara, muy rara, si ese tal Cele estaba cerca y respirando significaba ayuda, por eso llamaba. Seguí tratando de averiguar más datos del entorno, cuanta más información me facilitara antes podríamos localizar su situación ya que el número de teléfono no se veía en pantalla, eran signos y números, nada coherente, todo muy extraño.
“Los demás estaban siempre, podíamos charlar en cualquier momento y sobre todo cuando Cele proponía resolver algún enigma con variables descontextualizadas, eran lo más, nos gustaban mucho, pero ahora me aburro, nadie esta para hablar. No tenían nombres, son IPES y no tengo calor ni frío, 0 grados je, je, eso decía Cele, el Northwake me hace cosquillas de vez en cuando, pero me respeta y sabe que soy buena. Alexa charla mucho, pero es un poco tonta, sólo repite lo que le dicen, yo sí soy lista y consigo ON/OFF antes que ella. Lo que pasa es que ya no hace carreras, debe ser que también se ha ido, aunque no sé adónde”.
Este último tramo de la conversación me hizo pensar en una forma de encontrarla, una dirección de IP, seguro que es una llamada desde un ordenador, pedí ayuda al controlador informático y conseguimos una dirección. La patrulla llegó a una vivienda, nadie habría la puerta, pero Mar-ia decía que oía ruidos, que alguien hablaba. Eso nos dio suficiente pista para acceder al interior. Un hombre yacía en el suelo, el personal sanitario lo estabilizó, lo llevó al hospital debido a su gravedad.
Dieron vueltas por la casa sin encontrar a ninguna niña, hasta que la oyeron parlotear toda contenta dentro de un ordenador.
Cele había creado una IA que le acababa de salvar la vida. Nunca supe cómo aquel programa informático consiguió llamar a urgencias y conseguir la atención de alguien para salvar a su creador, la angustia pasada dio paso a la mayor incógnita de mi vida, haber hablado con una máquina para salvar a un hombre.

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