
Hoy
hace un mes que todo terminó y te sientes tristemente desconcertada.
Parece
que fue ayer cuando tímidamente entraste en mi dormitorio. A pesar
de mis continuos dolores y lo incomodo de mi postura, me hechizaste.
Nunca te conté que para mi eras una paloma de la paz, tan
pulcramente vestida de blanco con tus grandes y profundos ojos verdes
como si fueran el deseado ramito de olivo que necesitaba en aquel
doloroso momento.
Se
me ocurre cruzar el océano para hacer negocios y un día que tuve
libre me animé a practicar esquí acuático, Aquel pequeño palo en
mitad de las olas provocó una caída brutal en el agua y mi cuerpo
ya entrado en años hizo el resto. Una pierna rota por tres sitios y
dos meses de reposo con una escayola que pesaba más que tu y que yo
juntos. Desde el minuto uno te comportaste como una maravillosa
profesional, no hiciste ascos a nada ni siquiera al ponerme la
inyección en mi barriga, momento que aprovechaba para oler tu melena
dorada, el único perfume que te permitías era el de tu champú,
hasta en eso fuiste comedida.
Tus
cuidados como enfermera y tu animada sonrisa me ayudó a superar
aquellos meses de inmovilidad, primero de reposo total y luego
pudiendo caminar con aquel enorme peso colgando en mi pierna. El
dolor no remitió a pesar de la liberación de la escayola pero tus
suaves y finas manos lograron movilizar mis músculos y por fin pude
caminar sin ayuda.
La
felicidad llegó cuando te invité a bailar en el salón, tu
sinceridad en no saber dar un paso con la música me incitó a
pedirte que te casaras conmigo. Vi sorpresa, incredulidad y rubor en
tu rostro, con tu mirada me decías no comprender la petición pues
nuestra relación había sido puramente profesional y ni tú ni yo
nos habíamos insinuado románticamente. Pero alguien que había
estado tan cerca de mí, con tanto mimo y dulzura, no podía dejar
que se alejara. Ibas a decirme que no cuando te besé, y ambos
comprendimos que a pesar de la prudencia de nuestros comportamientos,
nos queríamos, nos deseábamos y nos llegamos a amar como jamás
habíamos soñado.
Tan
sólo tuvimos una semana para preparar la documentación de la boda y
en aquella iglesia chiquita, llena de viejitas de negro nos casamos,
estabas resplandeciente con aquella túnica blanca y yo con mi
pajarita de cuadros, nos sentíamos dichosos. Un pequeño ágape con
amigos fue también tu despedida de ellos y de tu familia. Ibas a
cruzar el océano conmigo, egoístamente te secuestraba a mi mundo,
temiendo que quizás nunca más volverías al tuyo, pero el amor pudo
más que el miedo y volamos buscando nuestra felicidad.
Sé
que el choque de culturas, la reticencia de mis amigos y cómo no,
mis tres hijos, no hacían más que resaltar nuestra diferencia de
edad, total treinta y dos años no son nada si el amor es verdadero,
y durante cinco largos años fuimos completamente felices. Mientras
trabajaba en mis empresas te dedicabas a aprender, yoga, pintura,
baile, jajá, por fin te decidiste y éramos los reyes de la pista
en las reuniones sociales. Todos envidiaban nuestra compenetración,
y como no, nuestro amor. A pesar de nuestra diferencia de edad cada
vez que volvía a casa tras una larga y tediosa jornada, con sólo un
beso de bienvenida se levantaba mi soldadito, que encuentros tan
hermosos y satisfactorios teníamos, ¡a que sí mi palomita!
Pero
aquella tarde de mayo en que nos dirigíamos en coche a celebrar el
cumpleaños de mi fiel ayudante y amigo Andrea, tuve que parar al
lado de la carretera porque debido a la contemplación de tu cuerpo
con aquel vestido azul turquesa mi soldadito había izado bandera y
no iba a entrar en la celebración con aquella protuberancia. Nos
reímos ante mi problema y a pesar de estar elegantemente vestidos,
comenzamos una fiesta privada dentro del coche. No sé en qué
instante movimos la palanca del freno de mano y sin darnos cuenta el
vehículo se movió hasta caer por una pronunciada pendiente. Todo
fue rápido e indoloro para mí, aunque no me perdono que para ti
resultara doloroso. No me he alejado en ningún instante, te he
acompañado en la UCI y cuando te empezaste a recuperar en planta.
También estuve contigo al cruzar la puerta de entrada de casa y no
permití que te desmayaras a pesar de tu profunda tristeza.
Hoy
hace un mes que todo terminó y por fin el notario pudo leer mi
testamento, ya esperaba que mis hijos protestaran, lo hice con
conocimiento de causa pues tú hiciste el mayor sacrificio de tu
vida, apostaste por mi y siempre he querido agradecértelo legándote
mis éxitos y mis logros fuera del hogar, porque tú has sido y serás
mi gran premio. El día que me susurraste “he estado preparándome
toda mi vida para ser feliz contigo” me hiciste inmensamente
dichoso.
Has
sido generosa al pedir a Andrea que sea quien administre los
negocios, que venda nuestra casa y dé el dinero a mis hijos, porque
tú no te sientes capaz de recorrerla sin mí, sé que en cada rincón
y en cada ventana tendrás un recuerdo. Has tomado la opción de
volver a tu país, con tu familia y tus amigos, pero no te quepa duda
que también me voy contigo, aunque aún no lo sepas, una semillita
mía ha prendido en ti y estaremos juntos para siempre.

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