La fuente no se quita - Marian Muñoz

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Planchaba las mangas de la última camisa, cansada de la mañana de sábado que solía aprovechar para limpiar, cocinar y ordenar el piso revuelto de toda la semana, mientras su padre se iba con Kevin de paseo. Enseguida llegaría Javier del trabajo, oía al peque hablar sólo en su habitación, como si fuera un mantra repetía las mismas palabras que el sonido de la radio no dejaba oír con claridad. Terminó su labor y fue repartiendo con mimo las prendas recién planchadas, al acercarse a su hijo le vio sentado en el suelo, una peonza grande estaba puesta boca abajo y alrededor su colección de dinosaurios con algo blanco en una pata.

¡La fuente no se quita! ¡La fuente no se quita! ¡La fuente no se quita! Asombrada por la cantinela y el montaje le preguntó a qué estaba jugando, con una gran sonrisa le contestó:

--Estamos pidiendo que la fuente no la quiten porque es nuestra y da servicio a los animales y a las personas.

--Cariño ¿de qué fuente me estás hablando?

--La fuente de la plaza de Pedro el que conquistó Florida.

Sabía por la prensa que había manifestaciones para oponerse a quitar la fuente de la plaza de Pedro Menéndez, una fuente que apenas tiene valor patrimonial pero si testimonial para muchos avilesinos, sobre todo a la generación de su padre, que le hubiera llevado a una no le gustó nada, podía suponer un peligro para un niño como él aunque conocía de sobra lo cuidadoso que es su progenitor con la crianza del pequeño.

--¿Qué llevan los dinosaurios en la pata?

--Llevan un pañuelo blanco para que paren el derribo y haya una tregua para hablar sobre la fuente.

--¡Ah, ya veo! – sonrió ante la originalidad de la escena.

--Y luego se anudan en los alambres de la valla en señal de protesta.

--¡Ya! ¿Y tú qué piensas sobre la fuente?

--Pues que es más útil puesta que quitada, porque sino ¿dónde van a beber los pajaritos que viven en el parque de al lado? O ¿Dónde se van a bañar cuando tengan calor? Si no tienen donde hacerlo se marcharán, si ellos se marchan también se irán las abejas, las moscas, los saltamontes y las mariquitas, si no están ¿Cómo van a salir las flores si no picotean en su interior? Si no nacen flores se secarán algunos árboles y entonces el parque será una caca porque verde tendrá bien poco, y los parques tienen que ser verdes y tener bichitos que vivan en ellos.

--¡Vaya! Veo que tienes las ideas claras.

Empezó a pensar que el estar tanto tiempo al cuidado de su padre y sus amigos le estaban convirtiendo en un niño demasiado maduro, aunque apreciaba que lo entendiera pese a su corta edad. Siguió tanteando para ver cuál era su comprensión del problema de la fuente.

--¿Oye y sabes que van a hacer con la fuente y qué van a poner en su lugar?

--Pepo dice que la fuente la llevarán a un almacén y luego se perderá o se romperá y en su lugar van a poner cemento, para que los de mantenimiento no tengan apenas trabajo, sólo podrán pisarlo las furgonetas y los coches que vengan el lunes a la plaza, el resto del tiempo será un terreno vacío y gris de poco interés.

--Pero es que mantener una fuente cuesta mucho dinero, tanto en limpiarla como en los tubos que llevan agua, como en el sistema que permite que salga por arriba y abajo no se desborde.

--Tino el amigo cojo del abuelo contaba que cuando eran pequeños mientras sus padres y madres tomaban algo en el Busto que era una café justo enfrente, ellos jugaban alrededor de la fuente, se chiscaban, y cuando hacía viento corrían a pasar delante sin mojarse, era muy divertido. Antes de la fuente hubo una farola, pero se quitó para ponerla, ¿sabes como la llamaban al principio? La malparida, porque ni hacía aguas ni daba luz.

--¿Todo eso lo has aprendido hoy?

--No, hace días que no hablan más que de ella mientras tomamos el vermut en Chicote, les da mucha pena verla así de triste y fea. ¿Tú sabías que alrededor de ella se hacía la danza prima en San Juan?

--Sí, alguna vez de chavalina pude verlo y acompañar a la abuela en el corro.

--Pues no sé porqué la quitan si es algo que tiene tantos recuerdos para todos. ¿Tú sabías que donde ahora hay unas oficinas de la luz antes había una empresa…. Electrogras, y en el siglo pasado cuando el abuelo era muy niño y no había teles ni apenas radios en las casas, la gente se reunía delante del escaparate porque escribían en él los números premiados de la lotería de Navidad, y la plaza se llenaba de gente, quienes eran afortunados invitaban a sus amigos a tomar algo en el Colón, el Imperial o el Busto, que eran cafés cercanos a la fuente. ¿Sabías que dentro de esa tienda ponían buzones de los Reyes Magos? Los niños de aquella época echaban sus cartas pidiendo regalos, tuvo que ser muy prestoso.

--Si cariño, pero los tiempos cambian y quien manda, manda.

--¿Tú recuerdas los árboles de la plaza del pescado? Pues no hay ninguno, ¿tú recuerdas cuanto verde había en el parque de las Meanas? Pues ahora hay muy poquito y encima han puesto un monolito de mierda que no paran de pintar los grafiteros, ¿tú recuerdas el estanque de las meanas? El abuelo me contó que dejabas allí los renacuajos que traías del pueblo cuando volvías en verano, y la zona de la exposición también tenía árboles. Los dos árboles grandes que había delante de la iglesia de San Nicolás ya no están, ni los jardincillos donde los caños, ni los árboles que había en el paseo de la ría que eran unos cuantos y bien grandotes. Dice Pepo que están quitando el color a la villa, se está volviendo gris como el cemento que ponen y ese color no tiene vida, los bichitos no pueden comer ni formar familias igual que las personas, las fabricas están cerrando y los trabajadores se marchan fuera, los comercios cierran porque no tienen quien les compre, tan sólo los jubilados que con el coronavirus se están marchando al cielo a la carrera y no habrá quien gaste un euro en los bares, porque como les toman a chirigota están cerrando muchos de ellos. Tino dice que Avilés se está muriendo porque apenas tiene verde ni bichitos en sus jardines o parques, ni gente que le guste pasear por aceras tan feas, por eso es importante mantener la fuente, aún podría crear vida a su alrededor, sobre todo a las personas que fueron tan felices con su presencia.

--¿cómo eres capaz de recordar todo eso?

--Porque güelito y sus amigos no paran de contarlo cada vez que paramos en la terraza de la Escuelina, a veces son un poco aburridos, se repiten mucho, pero creo que tienen razón, cuando vamos a Oviedo hay muchas fuentes y todas tienen agua y son muy alegres, sus calles están llenas de gentes paseando y comprando ¿eso lo ves por aquí? Pues creo que una fuente animaría a comprar, a gastar y a que el parque tenga vida a pesar del coronavirus, además según dicen cuesta más quitarla que dejarla y ponerla guapa, el dinero que tienen previsto gastarse que lo usen en cuidar los parques, eso sí que no vaya a sus bolsillos porque según dice Tino tienen habilidad para llevarse dinero a su casa.



Lo podría decir más alto pero no más claro, también pienso que tiene razón, alrededor de esa fuente conocí a Javier y sentados en ella nos dimos nuestro primer beso, tal vez no sea bonita ni histórica, pero alrededor de ella se han tejido muchos lazos sentimentales, así que también digo ¡LA FUENTE NO SE QUITA!


 

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Recuerdos a la fuente - Esperanza Tirado

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Ya no bailamos contigo la danza prima en las cálidas noches de San Juan ni celebramos, corriendo como locos a tu alrededor, los triunfos y fracasos de todos nuestros equipos del alma.

Las noches de los sábados, siempre de fiesta en nuestra adolescencia, se quedaron lejos. Tan lejos como las últimas cervezas o el último cacharro ‘para el camino’, sentados en tu bordillo, con los pies molidos de bailar y celebrar la noche.

Reconozco que en alguna de esas paradas pisé las flores y las regué haciendo aguas menores. A más de uno y más de dos padeciste en ese atropello. Cosas de la edad, ya sabes.

Éramos tan jóvenes. Yo, tú, nosotros… La ciudad entera disfrutaba sin preocupaciones.

Y, cuando por fin trepaba agotado y feliz a mi cama, pensaba en ti. ¿De qué hablarías con la foca? ¿Te contaría de dónde vino y por qué se fue? ¿Te pediría consejo el elefantito hindú? Siempre me pareció perdido en ese intento de jardín romántico francés, al que el tráfico y la modernidad con apellidos de asfalto le han quitado gran parte de su encanto.

Imagino que en las fiestas del Café Colón tarareabas los ritmos de las orquestas con tus surtidores de agua, arriba y abajo, sin parar, refrescando las noches de verano.

Desde el Casino te animarían también con coros llenos de nostalgia del mar y de los que se fueron lejos. Pero, al igual que las músicas del Café Colón, en los salones del Casino se apagaron los brillos de entonces, hace mucho.

El tiempo ha pasado. Sin darnos cuenta casi. Ya no soy un adolescente sin problemas y ganas de fiesta. Muchos de mis amigos se fueron yendo, en busca de un futuro. Yo debería haberme ido también; pero la tradición familiar mandaba y me hice cargo del local de sastrería de mi abuelo, que después fue de mi padre. Que por desgracia ya no están. Ninguno de los tres.

Maldito tiempo. Es lo que tiene seguir viviendo, que a algunos les llega su final de parada.

A veces mis amigos regresan en vacaciones y quedamos cerca de la fuente. A nuestra adolescencia, a las últimas cervezas, a las despedidas eternas… Pero ya no es lo mismo. Han crecido. Han seguido viviendo. Maldito tiempo que te deja vivir y te lleva lejos de los buenos recuerdos.

Yo me iré, ellos se irán, tú te irás. O te llevarán algún día. Ya no eres útil en esa rotonda que el cemento invade sin piedad.

Todos somos sombras de lo que un día fuimos. Brillamos hasta llegar a ser casi estrellas. Pero nuestro brillo fue efímero y hoy se apaga por algo extraño que flota en el aire. Que nos contagia de una pena honda, que no se pasa ni cantando habaneras ni soñando el mar.

Y los ecos de la danza prima se alejan rumbo a otros mares, tristes porque ya no se danzarán a tu alrededor.



Quién dirá que no son doce las que da a medianoche…”

Dejo dos y voy a una y me quedo sin ninguna…”*



A pesar de todo, las estatuas de bronce siguen cerca de ti. Sabrás todos sus secretos, estoy seguro. ¿Conseguiría el joven Sátiro que la Alegoría de la Primavera explotara de deseo, desparramando en todo su esplendor sus flores y su belleza? ¿O quizás la Primavera apagara sus calores en la Fuente del Verano? ¿Tal vez la Diosa Artemis se disputara con Ella los encantos de tan ardoroso amante?

Seguramente el Diablo de la Fuente del Verano maquinaría desde su rincón tretas y engaños para llevárselos a todos al mismo Infierno. Repartiendo cuernos por doquier.

Y Afrodita, siempre en su esquina. Que a veces te mira de reojo, quizá pueda saber las respuestas que tú no das. Pero Ella siempre calla. Sus labios están sellados por el misterio, el pudor y la vergüenza de saberse observada por Don Diablo, el Otoño y el Verano. ¿Qué andarán maquinando entre los tres? Seguramente si pudieran se la llevarían al huerto…

Pero todos los secretos del Parque quedarán enterrados bajo el cemento en el final de los tiempos.





*Versos de la Danza Prima cantada y bailada en Avilés en la noche de San Juan, alrededor de la hoguera colocada cerca de la fuente.

 

 

 

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Viaje de ida al más allá - Marga Pérez


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Xian Bo llegaba a España cargada de inseguridad. Sentía mariposas en el estómago, que, con pájaros de colores, la enajenaban al revolotear también por su cabeza. Estaba ilusionada, era la primera vez en sus dieciséis años de vida que salía de su pueblo y no sabía qué era lo que se iba a encontrar. Fantaseaba con paisajes de playa, jóvenes de ojos rasgados en bañador, música de guitarra y vestidos llenos de lunares… Tenía la ilusión intacta de sus dieciséis años.

Llegaba directamente de China en un barco de contenedores en el que varios pasajeros figuraban como parte de la tripulación, entre ellos su primo y ella. Llegaban de manera ilegal.

Xian Bo era una joven callada , observadora. Sabía cómo hacerse invisible, pasar inadvertida, mimetizarse con su entorno. Era menuda, morena, con cara redonda, pelo negro cortado a lo chico. Pasaba por un jovenzuelo sin tan siquiera tener que esforzarse por disimular su condición sexual. Tenía un cuerpo aniñado y nadie se percató en el barco de que una joven les acompañaba. Xian Bo era la única fémina a bordo.

Ya en España, los dos jóvenes fueron acogidos por la comunidad china afincada en Barcelona y, en concreto, por una hermana de su padre que regentaba allí con su familia un restaurante vegano.

Xian Bo y su primo se instalaron en su casa y al día siguiente, sin tiempo para darse cuenta de que ya estaban en España, empezaron a trabajar en el restaurante, ella ayudando al cocinero y su primo de freganchín.

El trabajo era duro y les ocupaba casi todas las horas del día. No sabían que dejarlos sin tiempo de ocio era la estrategia utilizada por sus mayores para mantenerlos al margen de la cultura del país al que iban a trabajar. Eran pobres. Emigraban de su tierra para hacer dinero. Emigraban, también, sabiendo que volverían. No podían integrarse ni perder su cultura porque querían regresar a su pueblo, a sus raíces.

Xian Bo cuando se fue, también sabía lo que le esperaba. Sabía que tenía que casarse. En su familia, por ser mujer, ella era un miembro provisional de la que sólo formaría parte, de manera oficial, cuando se casase, entrando a formar parte de la familia de su marido. Sabía que tenía que regresar a su país a los veinte… veinticinco, como mucho, para casarse con uno de los suyos. Hasta entonces le daría tiempo para reunir la dote. Sus padres no podrían entregarla en matrimonio si no tenían ese dinero. Eran pobres.

Y Xian Bo trabajó cada día en la cocina del restaurante sin levantar los ojos del suelo, un día y otro. Y así tres largos años. Su primo aguantó menos. Al tercer mes se despidió del restaurante y de la familia. Quería probar la libertad occidental y se largó sin tan siquiera despedirse de ella.

Xian Bo trabajó como una esclava tres largos años hasta que enfermó. No sabía qué era lo que le pasaba. No podía consigo.

Su tía llamó al médico de la comunidad que, diligente, la auscultó. A aquel corazón le pasaba algo y no era nada bueno. Mandó un tratamiento que le administraron fielmente y que no la ayudó a mejorar. En una semana, en su cama, sin poder hacer nada por ella, Xian Bo se murió.

Xian Bo tenía diecinueve años cuando la muerte llamó a su puerta. No había tenido tiempo para contraer matrimonio y no podían repatriar su cadáver, porque, para España, Xian Bo no existía.

Sus tíos estaban desconsolados. La muerte de Xian Bo había sido un duro golpe para ellos. Habían perdido a una sobrina además de a una gran trabajadora, pero lo peor es que había muerto sin contraer matrimonio. Ellos, sus familiares, no podían dejarla partir a la otra vida sola, su eterna felicidad dependía de ellos. No podían dejar de atender sus necesidades , ni aquí ni en el más allá.


- Mi sobrina Xian Bo ha fallecido sin haber contraído matrimonio, busca un marido para ella. Dice su tío a alguien con quien habla desde su móvil.

- Estamos en Europa… va a ser difícil.

- La dote es digna de tenerse en cuenta...y para ti... tres mil euros ¿Crees que sigue siendo difícil?

Duda unos segundos -Entraré en la web- dice por fin.


El negociador sabe lo importante que es para algunos chinos celebrar minghun, matrimonio de ultratumba. Sabe que algunos creen que si dejan partir a su hija sin marido, no tendrá un lugar oficial en el mundo de los vivos del más allá, tendrá una vida incompleta, será infeliz. A el le corresponde la negociación con la familia del novio. Sabe que es difícil en una sociedad descreída y consumista pero el dinero les vendrá muy bien a todos.

El negociador accede a la intranet de la comunidad china. Entra en el obituario y anota los datos de varios de los fallecidos . Después de ponerse en contacto con sus familias llama al tío de Xian Bo.

-Lo que le dije. El precio es desorbitado.

-No son solteros ¿Me equivoco?

-No, todos tienen mujer. El que menos pide quiere el restaurante

-¿Y los demás?

- No bajan de 300.000€

- Están locos. Eso no es una dote, es una herencia. ¿Qué ha pasado?

- No creen en minghun y se quieren aprovechar.

- ¿Que puedo hacer? Ninguno de la familia entenderíamos que vaya a irse sola.

- Ya lo sé. Deje que siga buscando... Si no es un muerto puede ser un vivo ¿no?

- Si claro, pero ya no será un cuerpo húmedo... tendremos que enterrarla hasta que el muera… ya sabes que Xian Bo pierde valor en la negociación….

- Déjeme un par de días

- No podemos esperar mucho. Si en dos días no hay novio tendremos que enterrarla de forma provisional.


Nada más colgar con el, el negociador llama a alguien que, por poco dinero y de la manera que sea, está dispuesto a conseguirle un cadáver. El no entra en los detalles. Paga y mira para otro lado. Enseguida responde a su llamada.

- ¿Cuanto quieres?

- Doce

- ¿Para mañana?

- Cuente con ello mañana por la tarde

- Te lo confirmo en cuanto cierre.

- Ok


Después del tiempo necesario para justificar su trabajo, el negociador vuelve a contactar con el tío de Xian Bo

- ¿Cuanto me dijo que daba de dote?

- Cincuenta mil

- ¿Podría llegar a los ochenta? Tengo uno que ya bajó a ciento cincuenta. Si le ofrezco 80 igual… Todavía no le di ninguna cantidad... Me está tanteando

- ¿Es joven?

- Si, por supuesto, si fuera viejo no me atrevería ni a planteárselo.

- Cierra en 80 y avísame para preparar la ceremonia.

- Ok, en cuanto lo tenga.

El negociador vuelve a llamar al desconocido que esperaba impaciente

- Confirmado, doce, mañana por la tarde.

- Ok. Como siempre.


La ceremonia está en marcha. Xian Bo vestida de rojo está dentro de su ataúd en medio del salón-templo. Los músicos, el banquete, los amigos, todos rodean a la novia. El cortejo del novio, en comitiva, transporta su féretro con paso solemne desde el garaje del edificio.

La novia ataviada con adornos tradicionales espera al novio que, de forma ritual, colocan a su lado. Suena la música. Empieza la fiesta.

Nadie sabe quien es el novio pero más de uno de la familia reconoció al primo de Xian Bo en aquel ataúd. Aquel primo que dejara el restaurante y a la familia para probar la libertad occidental pero, ninguno dice nada. Todos disfrutan felices del baile. No quieren saber quien es. Cumplieron con lo que se esperaba de ellos.


Xian Bo y su primo, sin habérselo propuesto, continuarán juntos aquel viaje que tres años atrás iniciaran en un pueblo empobrecido y aislado de la provincia de Gansu, entre valles color ocre, pájaros multicolores, angostos recovecos, riberas amarillentas y bosques sombríos. Nunca pensaron que llegarían tan lejos.























 

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Por qué leer teatro _ Pilar Murillo

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Antes que nada, para explicaros las razones por las qué nunca es tarde para leer teatro, debes preguntarte si te gusta leer. Gustar leer no es gustarte leer por ejemplo novelas de amor, como gustarte el cine no es sólo ver la última película de Mario Casas. El cine hay que ir viendo a cada edad lo suyo, pero si te gusta realmente, llegará un momento que necesitaras ver los clásicos y los veras sin aburrirte, a pesar de ser en blanco y negro. Te harán pensar, que es de lo que se trata. Pensar por ti mismo.

Por poner otro ejemplo, (esta vez culinario). A una persona que le gusta comer y nunca ha probado el jamón, no debería decir directamente “no me gusta el jamón”. Su argumento sería muy poco firme, a no ser que exponga tan sólo tres razones de peso para no probarlo, La primera y muy importante; que su religión se lo prohíba, la segunda y no menos importante, que no coma carne por principios. y la tercera que se me ocurre es que haya tenido un trauma en la infancia con el cerdo. Porque el jamón es lo más rico que ha inventado la humanidad. Según mi opinión. También es cierto que para gustos hay colores. Pero antes hay que probarlo.

En la literatura hay diferentes géneros, como ya sabéis. Se diferencian entre sí, por su forma, aunque también sabréis que el estilo es otra cosa.

Todos los géneros tienen algo en común. Principio, conflicto y desenlace.

Yo podría daros muchas razones para leer teatro. Soy una amante de este género, es el que más domino.

Cabría aquí otra pregunta. ¿Os gusta ir al teatro? Creo que habría que haber empezado por ahí. Voy a explicaros por qué leer teatro citando las palabras sabias de una mujer, estudiosa de la literatura, en el más amplio sentido de la palabra; Porque yo sí me dedico al teatro. Soy autora, antes fui actriz, y ahora compagino la escritura con la dirección de escena. Así que me encontré esta opinión sobre el tema por internet, y me fascinó, tanto es así que desde hoy la admiro. Hablo de Berta Pallares de la universidad de Copenhague y dice así:

Es que me gusta leer. Y me gusta leer teatro.

Razones hay muchas para leer y situaciones para hacerlo, también. Leo mucho teatro, pero no soy una persona que pertenece al mundo del teatro. No soy autora de obras para el teatro, tampoco soy directora de teatro. Tampoco soy actriz ni crítica teatral. Soy solamente filóloga y he trabajado siempre en la docencia. Leo teatro porque me gusta leer. Y leo teatro porque me gusta leer teatro e ir al teatro y voy siempre que me es posible hacerlo.

Al leer una obra de teatro se tiene la posibilidad de «ver» y «aprehender» el mundo en el que el personaje / persona se mueve: sus conflictos, sus afanes y a la vez que se le «escucha» se tiene la posibilidad de confrontarse, compararse o «discutir» con él. Enfrentarse a las vivencias del ser humano que encarna el actor. Es que me interesan todos los seres humanos en cualquier época y en cualquier situación y en cualquier país. Estas posibilidades me las da el oficio en el que he pasado y paso mi vida. El lector se desdobla en su «otro yo», que puede ser otros muchos «yo». Y el «otro» puede ser a su vez muchos «otro». La posibilidad de llegar a la otredad propia a través del diálogo con el personaje me parece algo del mundo fascinante que ofrece la lectura de una obra escrita para el teatro.

Puedo elegir el conflicto del protagonista o puedo elegir el del antagonista o el mensaje de la obra, el contexto o la circunstancia, pero, en todo caso, se trata de un diálogo. Y ese dialogar siempre enriquece. Se trata de un compromiso. Y comprometerse es bueno y, además, necesario y me atrevo a decir que obligatorio…”

Y sigue y sigue; Un cuadro está estático, si no es realista, tampoco lo entendemos y podemos decir, a mí el arte plástico no me gusta. Pero es porque no nos paramos a pensar que para el autor tiene un significado. Al mirarlo tú puede adquirir otro completamente distinto. yo creo que con esto ya es suficiente para que penséis, lo primero en si os gusta ir al teatro, o simplemente al cine. Lo demás viene rodado.

Pilar.



 

 

 

 

 

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Mejor una abuela - Marian Muñoz

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Ser o no ser he ahí el dilema de Tomás estudiante de cuarto de derecho, opositar para juez o para fiscal. Dejó atrás el bullicioso piso compartido y acababa de mudarse a un pequeño apartamento en una segunda planta sin ascensor. Salvo la sala de estar el resto daba a un amplio y tranquilo patio interior, justo lo que ansiaba para concentrarse. Entre clases y horas de estudio discurría su semana, excepto el sábado que dedicaba a tareas domesticas y salir con amigos. No era ningún chef pero cocinar le gustaba, especialista en pastas y arroces al ser de buen diente lo que no sabía preparar lo buscaba en páginas web, podemos decir que es un cocinillas.

La ventana de su cocina daba en ángulo de noventa grados con la de su vecina, salvo que se asomara no podía verla pero a horas clave la oía trastear con cacharros y suponía que era joven por la ropa tendida. Lo de ligar nunca fue su fuerte pero le intrigaba saber cómo sería ella y si podrían ser amigos, por las horas de desayuno y comida deducía que trabajaba con horario de funcionario aunque no lo fuese, se llamaba Cristina según había leído en el buzón de la correspondencia y la curiosidad era tan grande que dudaba cómo abordarla si la encontraba por la escalera.

Por las tardes iba a clase, al regresar cenaba y tras pasar apuntes e impresiones se afanaba hasta las cuatro de la madrugada estudiando, tenía intención de terminar la carrera, opositar y con un poco de suerte trabajar y empezar a disfrutar, si bien la vida de estudiante hasta ahora había sido buena los años empezaban a pesar y sus mejores amigos comenzaban a formar una familia, es decir a sentar la cabeza como vulgarmente se dice y quería hacerlo más pronto que tarde. La vecina podría ser buena candidata si la conociera, por lo que estaba decidido a entablar contacto con cualquier excusa.

Una mañana mientras preparaba su comida sonó el timbre de la puerta, no esperaba a nadie, desconcertado se apresuró a abrir. Una anciana de pelo cano y tez blanquecina, con una sonrisa de anuncio le estaba pidiendo el favor de llenarle de azúcar un pocillo que le mostraba en la mano, según contaba estaba preparando un postre y en el último momento se dio cuenta que le faltaba el ingrediente principal. Tomás sorprendido la invitó a pasar pero prefirió quedarse en el descansillo esperando a que regresara con medio paquete de azúcar, pues tenía otro sin empezar y podía prescindir de ese poco. La mujer le dio las gracias efusivamente y dirigiéndose a la puerta de al lado, entró y desapareció. Sin duda debía ser la abuela de su vecina, un dato más para entablar conversación con ella.

Cuando volvió de clase vio que del pomo de la puerta colgaba una bolsa de plástico, intrigado por el hallazgo entró en el apartamento y sobre la mesa de la cocina abrió el misterioso envoltorio, unas rosquillas con muy buena pinta y una nota de agradecimiento, se llamaba Enedina. A partir de aquel día Tomás olía las maravillas cocinadas en el apartamento de al lado, guisos de cordero, pescado, potajes, cada olor que llegaba descifraba fácilmente su preparación al tener un aroma similar a lo que cocinaba su madre, la cual visitaba un fin de semana al mes trayéndose unas cuantas fiambreras con comida preparada por ella. Su vida seguía discurriendo en una concienzuda rutina tan sólo interrumpida por las visitas de la anciana vecina pidiéndole algún producto que le faltaba, era notorio que bajar dos pisos y volver a subirlos le suponía mayor esfuerzo que molestarle y luego acercarle un poco de su preparación que siempre colgaba del pomo de la puerta.

Un sábado mientras tendía la ropa recién lavada Enedina le preguntó desde la ventana si podía prestarle algo de arroz ya que disponía de todo para hacer paella más le faltaba el ingrediente principal. Tomás hacía tiempo que compraba todo por duplicado así que acercó medio kilo que tenía por la despensa, lo que no esperaba es que la buena mujer le invitara a comer junto con su nieta. Ahí vio una buena oportunidad de entablar amistad con la vecina pues aún no había tenido oportunidad de conocerla. Puntual a la cita llamó al timbre portando una botella de vino Albariño, porque sin duda alguna y por los olores la paella era de marisco y que mejor caldo para hacer los honores. El piso era muy parecido al suyo sólo que tenía un dormitorio más, la cocina con los mismos muebles sin duda era de obra pero ésta se veía con toques femeninos en paredes y estantes, la mesa ya estaba preparada, la paellera bien grande contenía un arroz lleno de almejas, mejillones, gambas, cigalas además de estar salteada por diferentes verduras, un lujo de presentación que olía fenomenal. Se sentaron a la mesa y al poco apareció la vecina, recién levantada de la cama al parecer había trasnochado, se presentaron y ella fue directamente a la nevera, sacó una olla pequeña sirviéndose de su interior una preparación que en un principio no se adivinaba. Su cara debió mostrar sorpresa porque la abuela le explicó que su nieta tomaría purrusalda al ser vegana y no comía nada que caminara, volara o nadara. Se sentó a la mesa con el plato recién calentado en el microondas y la abuela le sirvió un buen plato de paella. Riquísima era poco aunque no sabía si era oportuno alabar el resultado a Enedina delante de Cristina. Comió los bichos con las manos y luego se rechupeteó los dedos, un placer en toda regla, al ver que aún quedaba mucha cantidad de paella le ofreció otro poco para repetir y aceptó. ¡Vaya delicia se estaba perdiendo Cristina! Seguramente estaría más sana que él pero dudaba de si más contento disfrutando de algo tan rico de comer. Desde aquel día la amistad fue creciendo y Tomás no se sintió tan sólo al contar tan cerca con tan buena cocinera como la abuela Enedina.

 

 

 

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Mis razones - Esperanza Tirado

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No, no estoy obsesionado con mi salud. Bueno, un poco sí, como todo el mundo. Mens sana in corpore sano, y eso. Un poco de mindfulness, algo de bici estática o un finde en modo senderista. Y una cerveza fresquita para acabar bien el día.

No pretendo salvar animalitos para enviarlos a santuarios donde vivirán en paz y armonía con su entorno. Los animales están para algo, además de para verlos en los documentales de la 2.

Mis razones son otras. Básicamente económicas. Sí, llámenme materialista. Que de las nubes no se come. Y en estos tiempos raros, mucho menos; no sea que respires nubes tóxicas.

Pues sí. Aprovechado que el Pisuerga pasa por Valladolid, y que la gente cada vez le hace más ascos a todo tipo de carne animal, valga la redundancia, decidí crear un rinconcito vegano y ecológico.

En el pueblo de mis padres aún estaba la casa familiar con su buena finca. Que cuando tomé la decisión era un erial. Y mi chica me gritó de todo. Que estaba loco, lo primero. Y que de dónde iba a sacar el dinero para organizar aquello. Casi me deja.

Bueno, me dejó unos meses, pensando que yo a la vez dejaría de pensar en mi locura ecológica. Pero yo seguía haciendo planes, reestructurando, comprando material, visitando webs de asociaciones agrícolas…

Hasta que otro loco urbanita, cansado de todo, se vino a vivir al mismo pueblo que yo, con mi misma idea. O algo parecido. En realidad quería hacer su propia cerveza artesana, cosa que yo le agradecí infinito. Pero la mía le gustó y acabamos por asociarnos. Cerveza, verduras y algo más.

Y entonces, oh casualidad, mi novia volvió a ver en qué andaba. Y se conocieron y surgió el amor. Bueno esa es otra historia. Ya brindaremos por ellos otro día.

Aunque el loco urbanita sigue siendo mi socio. Y mi ex al final acabó cayendo también en las redes de la naturaleza. Somos un trío extraño que ha llenado de verde y vida un pueblo remoto de la España vaciada.

Empezamos con lechugas, tomates, zanahorias y un rinconcillo de hierbas aromáticas. Algo muy básico, que vendíamos en una camioneta en los mercados de los pueblos de alrededor. Y poco a poco fuimos consiguiendo una variedad de productos saludables para todos los gustos, veganos o no, que parecen haber encontrado su hueco en el mercado.

Gracias a las mejoras rurales, la tecnología llegó al pueblo y se obró el milagro de internet. En nuestra web www.rinconveganoyalgomas.org pueden encontrar desde todo tipo de frutas y verduras de temporada, huevos, de gallinas alimentadas de modo totalmente ecológico, hasta delicatesen como confituras de arándanos, manzanas o peras, chips de sabores variados, tortillas de calabacín, patata, pimiento, ingredientes al gusto del consumidor, bizcochitos de pipas de girasol, magdalenas con y sin huevo, cervezas sin gluten totalmente artesanas o hamburguesas sorpresa, que no son ni carne ni pescado.

Puede que mis razones no coincidan con sus razones. Pero están a un click de comprobar si sus paladares se atreven con el sexto sabor, el de la curiosidad.

Y, por si sus indagaciones van más allá de la web, les diré que no, no me he hecho vegano. Sigo disfrutando de un buen solomillo en su punto. Mis razones continúan teniendo bastante chicha.

Tecleen, busquen y elijan. Bon appetit.

Y vivan las tecnologías, que conectan y llenan de sabor tantos rincones del mundo.

 

 

 

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El vegano de Avilés - Pilar Murillo

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Aquél primer día, ante la insistencia de mi amiga Ana me dirigía a una cafetería de la calle del Quirinal, en Avilés a tomarme un café con su primo Severino. Había llegado hacía una semana de Francia, para quedarse. Mi amiga Ana me había dicho: “como él se aburre y tú también, mujer a nuestra edad ya no hay muchas oportunidades” … En fin, que me lió la tía, aunque como buena amiga, diré en su defensa que ya lo conocía por Facebook y no estaba mal, un hombre con unas canas bonitas, y parecía por lo que colgaba sobre él, que tanto las ideas de la vida como los gustos de ocio eran muy parecidos. Me dio la impresión de que era un señor interesante y con cultura, además había estado viviendo en Francia desde sus ocho años hasta hacía una semana.

Llegué a mi cita. Cita un tanto extraña en estos tiempos que vivimos, ni era a ciegas, ni era solamente a través de una celestina, también fue culpable como ya mencioné, el Facebook, bueno y su página web por la que me enteré de que era un escritor de no sé qué género porque me dio vergüenza seguir leyendo a ver cuerpos desnudos. Además, estaba escrita en francés y yo no entiendo nada.

Lo reconocí enseguida, allí estaba sentado, en la terraza del “Azor” me acerqué, se levantó muy caballerosamente… ¿o debería decir educadamente? A ver, es que yo no quiero ser machista, pero a mí las historias románticas, si hay pretensión de que lo sean… me gustan así, contarla tal y como me ha sucedido.

Severino se puso tras mi silla, tal cual lo digo y me acercó a la mesa. Luego se sentó y con un gesto típico de la tierra donde casi toda su vida vivió llamó a Santi, el dueño de la cafetería. Yo pedí una infusión, me apetecía un vino, pero es que luego me vuelvo muy loca y la primera cita hay que causar buena impresión. Él estaba tomando un botellín de agua.

Me sonreía mirándome a los ojos y yo estaba que no encontraba postura en la silla. “¡Dios mío que hombre más guapo!, más guapo que en las fotos. No sé cuántos años hacía que yo no tenía un hombre tan atractivo frente a mí, y que estuviese ahí por mí, no por mis amigas… Pues seguro que desde la adolescencia. Mi primer novio, que estaba buenísimo, pero hace 40 años que no lo veo, a saber, cómo estará ahora.

Centrémonos en Severino que es muy curioso lo que aconteció y puede haceros gracia.

Como os contaba, él enfrente, yo sofocada, sin ser verano, él que no hablaba, y yo que tampoco y me dije, “este chico es muy tímido, tendré que empezar yo” y pensé antes de hablar… “Lo de vienes mucho por aquí…” Eso me temo que sé la respuesta y la pregunta es bastante vieja.

__ ¿Bueno, y dónde te apetece estar, dentro o fuera? -La respuesta no llegó por su boca porque yo que estaba demasiado entusiasmada con él, entera, profunda y firmemente, repito; entusiasmada con él; pensé que mi pregunta tenía doble sentido y volví a decirle rápida y nerviosamente -; Me refiero a si prefieres que comamos dentro del local o aquí en la terraza.

__ Aquí, como si fuese “vegano”.

¡Uy, uy!, éste”, pensé… dice como si fuese vegano, a ver chato, se comen animales o no se comen. ¡Ya no lo vi ni atractivo! que a mí me gustan todas las parrilladas menos la de verduras, ¡por Dios!

Os puedo asegurar que transcurridos 25 minutos pasé tal vergüenza que no sé si se dio cuenta de mi metedura de pata o supe disimular muy bien. Nunca hemos hablado sobre nuestra primera cita, quizás sí se percató de mi estupidez. Bueno, da igual. “Viviendo y aprendiendo”, decía mi abuela,

Tantos años en Francia y desde tan pequeño…. Normal que para él el verano fuese Vegano.

 

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