
Algunos
aparentan sin tener y otros tienen sin aparentar, mi profesión me
obliga a estar siempre manchado de grasa, descuidado y con mono de
trabajo cuanto más viejo más cómodo, pero bajo esa fachada llevo
ropa interior de Massimo Dutti o Dolce & Gabbana, marcas que
sientan como un guante a mi cuerpecito serrano.
Nací
en Verdepar barrio obrero de los años sesenta, se llega a él
cogiendo dos buses desde el centro de la ciudad, barrio tranquilo con
familias venidas del campo que buscaban mejor vida para sus hijos.
Los pisos no son grandes pero disponen de amplias habitaciones y
techos altos, algo desconocido en la construcción de hoy en día.
Nuestras madres competían en cual de los hogares estaba más
reluciente, las sabanas más limpias o el niño más bonito que un
Sanluis, nos ayudábamos cuando había algún problema grave, éramos
un pequeño pueblo a las afueras de la gran ciudad. Pero ese era el
barrio de mis padres, porque en cuanto nuestros mayores fueron
muriendo o marchando a residencias, los hijos tras estudiar y
conseguir buenos empleos, desaparecieron, y ciertamente mi barrio de
ahora no se parece en nada al de antes por estar lleno de okupas,
drogatas, raterillos y gentes de mal vivir que a nadie importan.
Vivo
sólo y mi casa esta fortificada contra robos, ocupaciones y otros
indeseables si bien todos me respetan al ser el tonto que aún curra.
Desde pequeño vi a mi padre siempre agachado debajo del fregadero o
lavabo, o cambiando tuberías o grifos que fallaban al ser de mala
calidad. Cuándo lo hacía en casa, cuándo en la de alguna vecina
que desesperada avisaba a mi madre a voz en grito, así que desde
bien joven quise aprender el oficio para poder ayudar a mantener los
hogares sin problemas. Fontanería Fermín es mi empresa, soy su
único empleado y tengo trabajo de sobra porque soy bueno además de
estar cualificado. El trabajar con mis manos no quita que tenga una
cabeza bien asentada y cuando acudo a una llamada siempre me fijo en
la decoración para mejorar la de mi casa, así que mi piso a pesar
de estar en una barriada peligrosa está completamente reformado con
todo lujo de muebles y detalles modernos. Mis pintas no tienen nada
que ver con mis saneadas cuentas bancarias aquí y en la Isla Jersey.
No
tengo pareja ni la necesito porque hay que ver como son las mujeres
de clase alta, en cuanto les arreglas y cobras están dispuestas a
darte propina y soy muy cumplidor dejándolas satisfechas hasta mi
siguiente visita. En verano suelo tomarme un respiro como los ricos
y me hago algún viajecito al extranjero con todo incluido, incluso
chica de compañía porque viajar sólo es un aburrimiento al no
tener con quien comentar las beldades que disfrutas, pero este año
decidí dedicárselo a una ONG, mis habilidades constructivas
ayudaban a ser buen candidato y me fui hasta el sur donde levantaban
un centro de atención a migrantes llegados en pateras a la costa, mi
tarea me tuvo completamente absorbido enterándome a penas del drama
que viven esas personas, pero en cuanto no fue necesaria mi continua
presencia intenté ayudar desde las lanchas, confieso que ha sido mi
experiencia más dura, gentes que apenas sabían nadar además de
estar en mal estado por una travesía difícil, niños, mujeres con
bebés o embarazadas. A pesar del rol que me tocaba no conseguí
empatizar con algunos individuos al observar comportamientos egoístas
dentro de la desgracia.
Por
mi profesión estoy acostumbrado a oír y callar porque nunca sabes
con quien estas realmente, tengo el oído muy fino para
conversaciones ajenas y así fue como comprendí que la citada ONG no
era tan buena como imaginaba, algunos integrantes formaban una red de
trata de menores y mujeres, conchabados con ciertos organismos
disponían de mano de obra barata y sin papeles, distribuyéndolos
por el territorio nacional además de a Francia. En cuanto comprendí
la magnitud de la red pensé en hacer algo aunque una persona sola
poco puede, pero además de las cañerías la tecnología también es
mi fuerte y conseguí grabarlos en video, copié archivos de sus
portátiles, no disponía de mucho tiempo pero el poco material que
logré valdría para que alguien pudiera tirar de la manta y destapar
la red de trata. Llegó mi hora de volver a casa y emprendí viaje,
al no confiar en las fuerzas de seguridad locales decidí trasladar
mis pesquisas a una comisaría de Madrid además de colgarla en la
nube por si no conseguían destruir a la organización y disponer de
ello en otra ocasión. Los meses pasaron y mi trabajo volvió a
ocupar mi tiempo, siempre atento a las noticias por si hablaban algo
del tema. A la dichosa ONG le dieron un galardón por su labor y a
mí me hervían las entrañas por todas las personas que se lucraban
con la vida de unos desdichados, hasta que un día bajando del coche
al llegar a casa me aborda un funcionario del juzgado y me entrega
una citación, extrañado y asustado acudí acompañado de una
abogada clienta habitual, estaban investigando mis ahorros en la Isla
Jersey al haber salido a la luz una lista con cuentas de empresas
españolas.
Mis
dineros suponían una cantidad importante para mí pero ínfima en
comparación con el resto de la lista, cuando ya sopesaba tener que
pagar muchísimo por regularizarlos, apareció un agente de la
policía nacional quien en “petit comité” me susurró que iban a
hacer la vista gorda por haber destapado lo de la ONG, ya que era un
tema internacional que implicaba a peces muy gordos de las finanzas y
de la política que dentro de poco se sabría. Intenté poner cara
de póquer y disimular hasta que me confesó que en uno de los videos
a través de una puerta de cristal se veía mi figura e investigando
la relación de empleados en aquellos días, habían dado conmigo.
Me aconsejó que trajera sin demora los ahorros del extranjero a un
banco nacional y cambiara de casa porque merecía estar en una zona
más acogedora que mi barrio de toda la vida.
He
seguido en parte el consejo del policía, mis ahorros ya están en el
banco de siempre cuyo director me trata como si fuera el mismísimo
rey, pero sigo en mi casa de toda la vida solamente que con ayuda de
mi abogada he creado una ONG, hemos construido escuelas y salas de
reunión para que la gente del barrio aprenda el oficio de fontanero,
albañil o pintor que están muy demandados hoy en día, puedan así
conseguir un trabajo digno y dejen de ser gente problemática,
algunos siguen con sus viejas costumbres pero hay un pequeño comité
en el barrio que los controla e intenta encarrilar. La vida da
muchas vueltas y mis planes para que fuera un verano diferente
consiguieron que mi barrio también lo fuera.

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